En la madrugada del 3 de enero, los residentes de Caracas y sus alrededores se despertaron con explosiones y aviones sobrevolando, mientras las fuerzas estadounidenses realizaban un mortífero ataque militar dirigido a forzar al gobierno venezolano a someterse a los dictámenes imperialistas de Washington. El asalto dejó 80 muertos, una estela de destrucción, el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, cautivos, y la soberanía del país violada.
En la operación, denominada “Resolución Absoluta”, participaron unas 150 aeronaves —bombarderos, cazas, helicópteros, drones y de reconocimiento— que abrieron el paso para que unidades de operaciones especiales irrumpieran en el complejo residencial de Maduro y su esposa. Los transportaron al buque de asalto USS Iwo Jima, trasladándolos luego a Nueva York. En un tribunal federal de Manhattan el 5 de enero ambos se declararon inocentes de narcotráfico y otros cargos.
Washington afirma que el presidente venezolano encabeza un cártel de drogas que envía cantidades masivas de cocaína a Estados Unidos. Durante semanas, la Casa Blanca había amenazado con llevar a cabo ataques terrestres dentro de Venezuela. Las fuerzas estadounidenses han destruido decenas de embarcaciones que, según las autoridades estadounidenses, transportaban drogas, matando a unos 115 tripulantes. Washington ha impuesto un bloqueo naval a los cargamentos de petróleo procedentes de Venezuela.
Buitres sobrevolando
“Estamos listos para realizar un segundo ataque mucho mayor si es necesario”, dijo en conferencia de prensa el presidente Donald Trump pocas horas después de la invasión. Según él, Washington ahora va a “tomar control” de Venezuela, incluidas la industria petrolera y sus vastos recursos. “Ellos nos los robaron”, insistió Trump.

El bloqueo naval y la enorme armada estadounidense se mantendrán, afirmó. “Todas las figuras políticas y militares de Venezuela deben entender que lo que le pasó a Maduro les puede pasar a ellos”, añadió.
Estas acciones hacen evidente las intensiones de los gobernantes estadounidenses de reforzar su dominio en el hemisferio occidental. “Nuestros adversarios están bajo aviso”, dijo Pete Hegseth, secretario de guerra, en la misma rueda de prensa. “Estados Unidos puede proyectar nuestra voluntad en cualquier lugar y en cualquier momento”, añadió. “Esto es Estados Unidos primero”.
Uno de sus objetivos clave es cortar el suministro de petróleo de Venezuela a Cuba con la esperanza de paralizar la economía del país. Los gobernantes estadounidenses han estado empeñados en derrocar la revolución socialista cubana desde que los trabajadores y agricultores cubanos acabaron con la explotación y la opresión capitalistas hace más de seis décadas y tomaron las riendas de su propio destino.
“Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado”, dijo Marco Rubio, el secretario de estado.
Venezuela defiende su soberanía
En una reunión del Consejo de Defensa Nacional de Venezuela, la vicepresidenta Delcy Rodríguez condenó la violación a la soberanía del país por Washington y se comprometió a defender su territorio y recursos.
Rodríguez fue juramentada como presidenta el 5 de enero y, según la Casa Blanca, es ahora la persona clave en las negociaciones futuras. Washington espera que se ajuste a servir los intereses estadounidenses.
En un mensaje al pueblo venezolano y al mundo, Rodríguez invitó al gobierno de Estados Unidos a colaborar con ellos en una agenda de cooperación orientada al mutuo desarrollo.
En un artículo en el Miami Herald, Antonio María Delgado resumió lo que Rodríguez enfrenta: “conversaciones privadas, desafío público, acatamiento progresivo y reajuste constante”.
El tiempo dirá.
Antes de la invasión del 3 de enero, Maduro y Trump habían tenido conversaciones en las que, según reportes, Caracas ofreció a las compañías petroleras estadounidenses un mayor acceso a los pozos, refinerías y vastas reservas petrolíferas del país. Washington rechazó las ofertas y optó por secuestrar a Maduro para estar en una posición más fuerte para obligar a Caracas a cumplir con las demandas de los gobernantes norteamericanos y enviar un mensaje más allá de Venezuela.
“Es evidente que buscan imponerse por la vía de la amenaza, la intimidación y la fuerza”, dijo el presidente Maduro en una entrevista el 1 de enero en la televisión estatal.
“¿Cuál es la meta? Ya lo han dicho: Agarrarse todo el petróleo, el oro y las tierras raras de Venezuela”, añadió. “Toda la cocaína que se mueve en esta región se produce en Colombia. Nosotros somos víctimas del narcotráfico colombiano. ¡No de hoy, de décadas! Todo lo demás forma parte de una narrativa que en Estados Unidos inclusive no creen”.
Cubanos caídos en Venezuela
Entre los muertos en el ataque el 3 de enero se encuentran 32 miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Ministerio del Interior de Cuba. Murieron en el bombardeo o combatiendo junto a la seguridad de Maduro para evitar que las fuerzas estadounidenses lo secuestraran.
El gobierno cubano les rindió homenaje públicamente. “Víctimas de un nuevo acto criminal de agresión y terrorismo de estado, los combatientes supieron poner en alto con su actuación heroica, el sentir solidario de millones de compatriotas”, dice una declaración emitida el 5 de enero.
Decenas de miles de cubanos marcharon en La Habana el 3 de enero, convocando a los trabajadores de todo el mundo a movilizarse para detener la campaña bélica de Washington. El acto demostró qué enfrentarían los gobernantes estadounidenses si intentaran invadir Cuba.
Miles de cubanos han formado parte de misiones internacionalistas en Venezuela en las últimas décadas, trabajando como médicos, maestros y técnicos, ganándose el respeto y la admiración de millones de venezolanos. Estos trabajadores cubanos “sienten como suyos los ataques perpetrados” contra el pueblo venezolano, declaró la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), principal federación sindical cubana, en un comunicado el 3 de enero. “Manifestamos nuestra solidaridad con ese noble pueblo y no cesaremos en denunciar ante la comunidad internacional esta nueva escalada militar e injerencista del gobierno de Estados Unidos”.
Los gobiernos de México, Colombia y otros países de América Latina condenaron la agresión de Washington contra Venezuela. En ciudades de Estados Unidos se realizaron manifestaciones contra la invasión para exigir “¡Manos de Washington fuera de Venezuela!”.
Federaciones sindicales, como la Confederación Sindical Internacional (CSI), la Confederación Sindical de las Américas y la AFL-CIO, afiliada estadounidense de la CSI, han condenado contundentemente la agresión militar estadounidense.
“Desde el sindicalismo de las Américas condenamos la agresión militar y el secuestro del presidente Maduro y su compañera Cilia Flores; una violación de la soberanía e integridad del pueblo venezolano y de toda América Latina y el Caribe”, declararon la CSI y CSA en un comunicado conjunto del 3 de enero.
La AFL-CIO publicó el comunicado, diciendo: “Nos unimos a la comunidad sindical internacional para condenar las acciones anticonstitucionales del presidente Trump en Venezuela”.
