Irán: Crecen las protestas, dicen ¡No! al gobierno

Por Seth Galinsky
19 de enero de 2026
Miles protestan en Borujered, provincia de Lorestán, Irán, 7 de enero, mientras siguen expandiéndose las manifestaciones que exigen la caída del régimen. Obreros petroleros de dos refinerías se unieron a la protesta en el puerto de Kangan, provincia de Bushehr, el mismo día.
Miles protestan en Borujered, provincia de Lorestán, Irán, 7 de enero, mientras siguen expandiéndose las manifestaciones que exigen la caída del régimen. Obreros petroleros de dos refinerías se unieron a la protesta en el puerto de Kangan, provincia de Bushehr, el mismo día.

Tasnim, la agencia de noticias del régimen iraní, afirmó el 6 de enero que las protestas que comenzaron entre los comerciantes del bazar de Teherán el 28 de diciembre y que luego se extendieron por todo el país, incluyendo pequeñas ciudades y universidades, avanzan ahora “hacia la calma total”. Pero ese mismo día varios videos mostraron a la policía y a matones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica enfrentándose a cientos de comerciantes en el Gran Bazar de Teherán y disparando gases lacrimógenos contra los manifestantes.

La Agencia Noticiera Estudiantil Iraní, financiada por el gobierno, admitió que los comerciantes habían cerrado “la mayoría de las tiendas” en el Gran Bazar y que había tanta gente protestando que “era imposible entrar”.

Fars, la agencia de noticias estatal, informó que los manifestantes coreaban: “¡Comerciantes honorables, brinden su apoyo!” Fars indicó que los comerciantes habían cerrado sus puestos en protesta por la caída del valor de la moneda iraní y la “falta de estabilidad en precios”.

La protesta del 28 de diciembre comenzó entre los comerciantes de los bazares de Teherán, extendiéndose luego por todo el país. Comerciantes y trabajadores están siendo duramente afectados por la profundización de la crisis económica. Esto se ve agravado por la asignación de grandes cantidades de fondos por el régimen para construir misiles y armas destinados a futuros ataques contra Israel.

El valor de la moneda iraní ha caído por lo menos un 40% desde la guerra de 12 días en junio entre Israel y el régimen iraní. Si bien la inflación oficial ronda el 42% anual, la inflación de los alimentos alcanza el 72% y la del pan, el 113%.

Jameneí: Poner agitadores en su sitio

En un intento desesperado por sofocar las protestas, el ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo, admitió el 3 de enero que los comerciantes estaban sufriendo las consecuencias de la inflación. Dijo que la crisis monetaria, las protestas y los enfrentamientos con la policía y los matones del régimen eran en gran parte obra de los “enemigos” de la República Islámica: Israel y Washington. “Hablamos con los manifestantes”, amenazó Jameneí. “Pero no hay beneficio en hablar con los agitadores. Hay que ponerlos en su sitio”.

Para el décimo día ya había habido protestas en más de 250 lugares en al menos 27 de las 31 provincias de Irán, y en 17 universidades. Por lo menos 29 manifestantes han muerto y más de 1,200 han sido arrestados. Muchos de los fallecidos son adolescentes.

Según numerosos informes, el 4 de enero miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica irrumpieron por la fuerza en el Hospital Jomeini de Ilam, donde recibían atención manifestantes heridos durante una protesta multitudinaria en la cercana Malekshahi, una zona de mayoría kurda. Los matones rompieron ventanas, lanzaron gases lacrimógenos y golpearon a trabajadores sanitarios, pacientes y familiares.

La Asociación de Maestros de Aligudarz, una ciudad en la provincia de Lorestán, condenó el ataque declarando que “Los hospitales y centros médicos deben ser lugares seguros”.

No pueden formar familias

La pobreza, la corrupción, “el desempleo y la inflación descontrolada han provocado desesperación y rebelión entre la gente de este país”, dijo la asociación. “El empleo, el matrimonio y la vivienda se han convertido en sueños inalcanzables para los jóvenes. Han arriesgado su vida y se han lanzado a las calles para expresar sus demandas”.

Los trabajadores en Irán y muchos medios comparan esta ola de protestas con olas anteriores: las protestas obreras que se extendieron por unas 90 ciudades y pueblos desde diciembre de 2017 hasta 2018; las manifestaciones que estallaron en noviembre de 2020 después de que el gobierno anunciara un aumento en el precio de la gasolina; y las protestas que comenzaron en septiembre de 2020 tras la muerte de Zhina Amini después de ser detenida por la odiada policía de la “moral”.

“Las protestas actuales no son para nada tan generalizadas como aquellas”, dijo el New York Times el 5 de enero. Y sectores clave y organizados de la clase trabajadora, como los obreros petroleros y los camioneros, aunque simpatizan con las protestas, no se han sumado a ellas, al menos hasta el momento.

Como las oleadas anteriores, estas protestas están impulsadas por la oposición a los intentos del régimen de extender su influencia reaccionaria por todo el Medio Oriente dirigida a la destrucción de Israel y la eliminación de los judíos, a la represión de los derechos democráticos fundamentales, y a su intento de descargar el peso de la crisis económica capitalista sobre las espaldas de los trabajadores.

En esta ocasión, una consigna popular ha sido: “Ni Gaza ni Líbano, doy mi vida por Irán”, lo que refleja la oposición a ser usados como carne de cañón.

Protestas en lugares desconocidos

Muchas de las protestas se producen en pequeñas localidades, donde anteriormente no se habían visto manifestaciones importantes.

Azana, una ciudad de la provincia de Lorestán con unos 50 mil habitantes y escasos antecedentes de protestas —mayormente protagonizadas por la minoría Lor— es un buen ejemplo. Las manifestaciones comenzaron pacíficamente el 1 de enero. Según Iran Wire, al principio “las consignas se referían exclusivamente a las condiciones de vida”. Luego, las “fuerzas represivas” comenzaron a disparar con munición real y gas lacrimógeno, matando a varios jóvenes.

“El asesinato de estos jóvenes enfureció muchísimo a la gente”, dijo una persona a Iran Wire. “Hicieron retroceder a las fuerzas represivas hacia la comisaría y le prendieron fuego”. Para entonces, las consignas habían cambiado a “Muerte a Jameneí”.

Miles de personas acudieron al funeral de Khodadad Shirvani el 2 de enero en Marvdasht, una ciudad de la provincia de Fars con una población de tan solo 150 mil habitantes. Shirvani murió en una protesta el día anterior. La mayoría de los habitantes de esta zona, rodeada de pequeñas granjas, pertenecen a la etnia Persa, que constituye la mayoría de la población.

En un intento por sofocar las protestas, el régimen anunció el 5 de enero que otorgaría un pago mensual de un millón de tomanes (aproximadamente 7 dólares) a la mayoría de los iraníes para ayudar a aliviar la crisis económica.

“Quieren darle a cada persona un millón de tomanes”, dijo un camionero en el sitio web de la Asociación de Sindicatos de Camioneros y Conductores. “Hace una hora fui de compras, solo una bolsa de arroz de 10 kilos, sin contar pollo ni carne, además de algunos artículos pequeños, ¡por Dios, me costó 12 millones de tomanes!”