El presidente Donald Trump ha establecido lo que denomina una “Junta de la Paz”, inicialmente enfocada en el Medio Oriente, una región crucial para los intereses imperialistas de Estados Unidos. Ahora busca extender su autoridad a conflictos sangrientos en otras partes del mundo donde los gobernantes estadounidenses buscan obtener ganancias a expensas de sus rivales.
Un objetivo clave de la Junta de Trump es impedir que Israel derrote decisivamente a Hamás. El grupo respaldado por Teherán lleva varios meses rearmándose y reconstruyéndose desde que Israel le asestó duros golpes. Está reafirmando su odiado régimen dictatorial sobre los palestinos en Gaza.
Israel, el único país que ofrece a los judíos un refugio incondicional, es la única fuerza que luchará para derrotar a Hamás. Cualquier otra medida conducirá inevitablemente a más pogromos que serán más mortíferos.
Washington también pretende utilizar este organismo para aumentar su influencia sobre los gobiernos árabes y sobre otros en todo el Medio Oriente, incluidos Teherán y Ankara. Ante todo, los gobernantes norteamericanos buscan promover sus propios intereses imperialistas en medio de los conflictos entre las clases dominantes capitalistas del mundo, que inevitablemente están conduciendo hacia una nueva guerra mundial. Esta vez, entre un número creciente de rivales con armas nucleares.
Los gobernantes capitalistas estadounidenses están decididos a restablecer su posición como potencia mundial dominante, especialmente frente a su principal rival, Beijing. Los aranceles de Donald Trump buscan reconstruir la capacidad industrial de Estados Unidos, esencial para la producción bélica en preparación para las guerras venideras. Como lo es su impulso por Groenlandia.
Trump afirma que su Junta “podría” reemplazar a la ONU, marginando aún más a los rivales de Washington y contribuyendo a su esfuerzo para revertir su decadente posición a la cabeza del orden mundial imperialista.
Al igual que las mal llamadas “Naciones Unidas”, la “Junta de Paz” enmascara la realidad de la época imperialista. Es una época impulsada por conflictos cada vez más violentos entre clases capitalistas por mercados, recursos y mano de obra para explotar. Está marcada por la violencia antijudía, que los patrones desatarán con toda su fuerza como arma contra las crecientes luchas de la clase trabajadora por el poder.
Nada de esto puede ser evitado por la administración Trump, ninguna “Junta” supranacional, ningún supuesto “derecho internacional”.
El profundo anhelo de paz del pueblo trabajador solo puede hacerse realidad si la clase trabajadora toma el poder político en sus propias manos. Para que esto sea posible, los trabajadores necesitamos construir nuestro propio partido, uno que defienda sin compromisos nuestros intereses de clase contra los patrones y los partidos que los sirven. Con un liderazgo probado, los trabajadores son capaces de organizarse para tomar el poder aquí y unirse a las luchas revolucionarias en todo el mundo.
¡Únete al Partido Socialista de los Trabajadores!