Decenas de miles de personas se manifestaron por todo Irán el 17 – 18 de febrero para conmemorar 40 días de la masacre de más de 7 mil manifestantes a manos del régimen burgués clerical. Entre las consignas de las protestas los manifestantes coreaban “Esta flor que fue cortada se ha convertido en un regalo para la patria” y “si una persona es asesinada, miles tomarán su lugar”.
Miles de estudiantes de secundaria respondieron al llamado del Consejo Coordinador de Sindicatos de Maestros Iraníes y decenas de grupos estudiantiles universitarios que instaron a los maestros y estudiantes a salir en huelga y boicotear las clases el 18 de febrero y unirse a las acciones para conmemorar los 40 días.
En un comunicado el 30 de enero, el Consejo para la Organización de Protestas de los Trabajadores Petroleros Autónomos declaró: “Escucharán nuestro grito de rabia y protesta en las conmemoraciones de los que fueron asesinados mientras luchaban por derechos y libertad”.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre cuando tenderos y comerciantes capitalistas del bazar de Teherán cerraron sus puertas y salieron a la calle ante el aumento de los precios y la precipitosa caída del valor de la moneda nacional iraní.
Sectores de la clase trabajadora aprovecharon las acciones de los comerciantes del bazar, que en el pasado habían apoyado al régimen, para expandir sus propias protestas.
Las manifestaciones se extendieron por todo el país a ciudades y pueblos grandes y pequeños. Las consignas incluían “¡Muerte al dictador!”, “¡Libertad, libertad, libertad!” y “¡Ni por Gaza, ni por Líbano; doy mi vida por Irán!”, un reflejo de la profunda oposición dentro de la clase trabajadora a los mortíferos ataques del régimen contra Israel y sus otras aventuras militares en la región. Los trabajadores petroleros del sur comenzaron a sumarse a las acciones, al igual que las nacionalidades oprimidas, incluyendo kurdos, baluchis, árabes y azerbaiyanos.
Decenas de personas murieron durante la primera semana de manifestaciones, antes de que el régimen desatara sus ataques más mortíferos el 8 y 9 de enero, poniendo fin por el momento, a la ola de protestas. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, la policía, matones paramilitares, agentes de Hezbolá traídos de Líbano y de las milicias organizadas por Teherán en Iraq, se unieron a los brutales ataques contra los manifestantes. Francotiradores, matones con cuchillos y garrotes y agentes con ametralladoras se lanzaron a una orgía de matanza.
Creciente odio al régimen
En lugar de desmoralizar al pueblo trabajador, la masacre profundizó su determinación de luchar para derrocar al régimen.
Los funerales y las conmemoraciones por los muertos se han convertido en acciones antigubernamentales, con cientos coreando y bailando para celebrar la vida de quienes murieron luchando por la libertad. En algunos barrios, fotos de los muertos están en todas las calles.
En un intento de sofocar el movimiento de protesta, el régimen ha arrestado a miembros de sindicatos de docentes, enfermeras, y abogados, entre otros, negándoles a menudo su derecho a un abogado o a hablar con sus familias.
Fisuras en el régimen
El régimen y su “eje de resistencia” han sido debilitado por los golpes que Israel les ha asestado desde el pogromo de Hamás del 7 de octubre de 2023, y por la creciente resistencia del pueblo trabajador. También hay crecientes divisiones en la clase capitalista.
Aunque Irán tiene un parlamento y un presidente electos, el verdadero poder que gobierna para la clase capitalista es el Líder Supremo Alí Jamenei.
Mir Hossein Mousavi, un destacado líder del ala reformista del régimen, candidato presidencial en 2009 y ex primer ministro, se encuentra bajo arresto domiciliario desde 2011. Si bien reclama algunos derechos democráticos, esta ala siempre ha profesado lealtad al Líder Supremo.
Tras la última masacre, Mousavi emitió un comunicado instando al régimen a “deponer las armas y retirarse del poder”. Pidió un referéndum constitucional. El régimen arrestó rápidamente a tres asesores de Mousavi, y a Azar Mansouri, el líder del Frente Reformista. Algunos simpatizantes del régimen pidieron la ejecución de Mousavi.
¿Regreso de la monarquía?
Sectores de la prensa burguesa en Estados Unidos han intentado presentar a Reza Pahlavi, el hijo exiliado del sha de Irán, como un posible sustituto pro-Washington del régimen. El brutal régimen del sha fue derrocado en una profunda revolución popular en 1979. El Wall Street Journal publicó el 8 de febrero un artículo de Babek Seradjeh, residente en Estados Unidos, titulado “Nací en la prisión del sha. Ahora apoyo a su hijo”.
El Grupo de Jubilados Sindicales de Irán señaló que el régimen del sha, respaldado por Washington, en Irán fue “siempre dictatorial, represivo y depredador”. Si Reza Pahlavi llegara al poder, explica, “el saqueo del pueblo iraní se repetiría, multiplicado en crueldad y salvajismo”.
A pesar de la ley marcial de facto en algunas partes del país y la amenaza de mayor represión, los trabajadores siguen buscando maneras de defender sus propios intereses.
Aunque un número de trabajadores petroleros de la región han sido arrestados tras las protestas, los trabajadores autónomos de la Décima Refinería del Complejo de Gas de South Pars se declararon en huelga el 3 de febrero por salarios impagos y malas condiciones de vivienda.
El Consejo para la Organización de Protestas de los Trabajadores Petroleros Autónomos emitió un comunicado el 9 de febrero llamando a solidaridad con la huelga. Señalaba que muchos compañeros de trabajo “se encuentran en prisión en condiciones muy duras y privados de todo contacto o llamada telefónica con sus familias”. El consejo exige “su liberación inmediata e incondicional”.
