¡Tropas y armas de EEUU fuera del Medio Oriente!

Washington trata de someter a Irán con bombas

Por Seth Galinsky
30 de marzo de 2026
Destructor armado con misiles guiados y buque de asalto anfibio son parte de desplazamiento de marines al Medio Oriente para sumarse a guerra de Washington contra Irán.
U.S. Navy photo/Mass Communication Specialist 1st Class Ryre ArciagaDestructor armado con misiles guiados y buque de asalto anfibio son parte de desplazamiento de marines al Medio Oriente para sumarse a guerra de Washington contra Irán.

Incapaces hasta ahora de derrocar el régimen reaccionario de Irán o impedir que responda al bombardeo norteamericano, Washington está enviando a la región 5 mil marines y marineros en buques de guerra equipados con helicópteros y lanchas de desembarco, aptos para ocupar partes de Irán.

A pesar de haber sufrido graves daños por los ataques aéreos, Teherán continúa atacando barcos en el Golfo Árabo-Pérsico y lanzando misiles y drones —aunque a un ritmo decreciente— contra instalaciones militares y petroleras en Arabia Saudita, Omán, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Baréin, y contra la población civil en Israel.

El tráfico por el Estrecho de Ormuz ha descendido de 3 mil embarcaciones mensuales a apenas unas pocas. Por el estrecho pasa cerca del 20% del tráfico mundial de gas y petróleo.

Al menos 16 buques en la región han sido alcanzados por armamento iraní desde que comenzó la guerra el 28 de febrero. El estrecho “está cerrado solo para los buques petroleros y naves pertenecientes a nuestros enemigos”, dijo Abbas Araghchi, ministro de relaciones exteriores iraní. Las fuerzas militares norteamericanas no han intentado impedir la navegación de buques que transportan petróleo iraní.

‘Aliados’ no se unen a guerra

El presidente Donald Trump instó a sus aliados imperialistas —incluidos Londres, Sídney, París, Berlín, Atenas y Tokio— a enviar buques de guerra para proteger a los barcos que transitan por el Estrecho de Ormuz. Todos se negaron.

Miles asisten a sermón de jeque Abdul-Hamid en resos del viernes en Zahedán, Irán, 13 de marzo, en medio de la guerra. El líder suníe y baluchi pidió la libertad de los presos políticos.
Miles asisten a sermón de jeque Abdul-Hamid en resos del viernes en Zahedán, Irán, 13 de marzo, en medio de la guerra. El líder suníe y baluchi pidió la libertad de los presos políticos.

Este es otro indicio de la profundización de rivalidades entre las potencias capitalistas, cada una compitiendo por obtener el máximo beneficio para su respectiva clase dominante. No apoyan al régimen burgués-clerical de Irán, pero tampoco quieren que el imperialismo norteamericano fortalezca su dominio en el Medio Oriente, y quede mejor posicionado para excluirlos del saqueo del petróleo, gas y demás recursos de la región.

“Los protegeremos, pero ellos no harán nada por nosotros”, se quejó Trump el 17 de marzo, antes de declarar, “Ya no ‘necesitamos’ ni deseamos la ayuda de los países de la OTAN ¡NUNCA LA HEMOS NECESITADO!”.

El 13 de marzo, fuerzas norteamericanas destruyeron puestos militares en la isla de Kharg, la principal terminal petrolera de Irán, cuidando de no dañar sus instalaciones de petróleo. Un objetivo clave de los gobernantes norteamericanos es convencer a un sector del régimen iraní de cooperar con Washington para promover sus objetivos políticos, económicos y militares en la región impidiendo, a la vez, que los trabajadores defiendan sus propios intereses.

El objetivo del gobierno capitalista de Israel está contrapuesto al de Washington. Es una medida defensiva, cuyo fin es eliminar la capacidad de Teherán de fabricar o utilizar un arma nuclear para hacer real sus largamente proferidas amenazas de destruir a Israel, a los judíos y a todos los que viven allí. Para Israel, es una cuestión de vida o muerte.

Además de atacar los misiles balísticos, lanzacohetes, drones e instalaciones nucleares de Teherán, Israel ha estado bombardeando a las fuerzas paramilitares Basij y al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que estuvieron a la vanguardia de la masacre y son ampliamente odiadas por la clase trabajadora en Irán.

El jefe de la policía de Irán anunció el 15 de marzo que 500 personas habían sido arrestadas, acusadas de “colaborar con el enemigo”. Estas se suman a los más de 50 mil manifestantes detenidos en enero. El máximo jefe policial advirtió que cualquiera que se atreva a protestar será tratado “de la misma manera en que tratamos a nuestros enemigos. Todas nuestras fuerzas están listas, con la mano en el gatillo”.

Pero el régimen no ha podido aplastar a la oposición.

El jeque Abdul-Hamid, un destacado clérigo suní y líder de la oprimida nacionalidad baluchi, continúa pronunciándose cada semana durante el servicio de oración del viernes en la mezquita principal de Zahedán.

“He dicho esto muchas veces y lo repito una vez más: Liberen a los presos políticos”, dijo Abdul-Hamid ante miles de personas el 13 de marzo. “Los que protestan o expresan opiniones sobre lo que consideran el camino correcto no deberían ser encarcelados”.

El Consejo Coordinador de Sindicatos de Maestros de Irán informó el 12 de marzo sobre el descontento entre los soldados. Los soldados del ejército iraní son, en su mayoría, reclutas y, a diferencia del principal aparato represivo del régimen —el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, sus matones paramilitares voluntarios de los Basij y la policía— no son utilizados para atacar a los manifestantes. El informe dice que tras el bombardeo de una base del ejército en Sanandaj en la región kurda, un oficial de bajo rango comunicó a los 40 soldados bajo su mando que podían abandonar la base, aun después de advertirles que tal acción era ilegal y que él no podía asumir la responsabilidad por las consecuencias. Los soldados se marcharon.

El 17 de marzo, el Consejo Coordinador informó que Masoud Farhikhteh, el dirigente sindical detenido cuando la policía irrumpió en una reunión sindical en Isfahán el año pasado, ha iniciado una huelga de hambre de tres días para protestar contra las condiciones en las que se encuentran él y sus compañeros de prisión.