Editorial

Lo que está en juego en parar la guerra en el Medio Oriente

27 de abril de 2026

El frágil alto el fuego de dos semanas, acordado entre Washington y Teherán el 7 de abril, es un paso más en el curso seguido por los gobernantes capitalistas norteamericanos para imponer una “Pax Americana” en el Medio Oriente. Lo mismo puede decirse del alto el fuego que Washington impuso en Gaza en octubre de 2025.

Su meta es impulsar su dominio en la región, abrirla a un mayor saqueo y explotación de sus vastos recursos naturales y de los trabajadores de esos países. Pretenden atraer a los regímenes capitalistas de la región —incluido el de Teherán— a que colaboren con Washington y así debilitar la influencia de sus rivales, especialmente la de Beijing.

Es a lo que se refería el presidente Donald Trump cuando dijo “Ya hemos cumplido y superado todos nuestros objetivos militares” al declarar el alto el fuego.

Hablaba en nombre de ese mismo “nosotros” en cuyo nombre había dicho, el 6 de abril: “Realmente tenemos el mejor, más profesional y más letal ejército de la historia del mundo”. Como todos los presidentes norteamericanos —sean demócratas o republicanos— cuando ellos dicen “nosotros”, se refieren a la clase dominante norteamericana.

El alto el fuego no altera en absoluto el carácter depredador de la campaña de los gobernantes capitalistas norteamericanos por ganancias y poder. Los trabajadores tienen todo el interés en seguir exigiendo que Washington retire sus tropas, bases y buques de guerra del Medio Oriente. ¡Traigan las tropas de regreso a casa ya!

El enfoque histérico de la prensa liberal en las amenazas y bravuconadas de Trump —incluida su amenaza de aniquilar “a toda una civilización” en Irán— oculta el hecho de que la guerra sirve los intereses de la clase capitalista en su conjunto y no los de uno de los partidos políticos.

Washington está acelerando su campaña para restaurar su capacidad productiva —algo esencial para expandir su supremacía militar— y para fortalecer su menguante posición como potencia imperialista dominante del mundo, a costa de sus rivales y del pueblo trabajador.

Los intereses de los trabajadores son irreconciliables con los de los gobernantes imperialistas norteamericanos. Compartimos intereses con nuestros compañeros de clase en todo el mundo —en Irán, Israel y en todas partes— así como el deseo de vivir en paz.

La pausa en los bombardeos, si se mantienen, le permite a Washington probar las aguas para lograr un acuerdo con Teherán que pueda favorecer sus objetivos. Las acciones de los gobernantes norteamericanos no tienen nada que ver con apoyar la valiente lucha de los trabajadores, agricultores y nacionalidades oprimidas de Irán para librarse del sangriento régimen que los oprime.

La intervención de Washington tampoco tiene nada que ver con la defensa de Israel y su lucha para impedir que Teherán, Hezbolá y Hamás realicen otro Holocausto. Los trabajadores deben respaldar la guerra defensiva de Israel para impedir que Teherán adquiera armas nucleares y misiles balísticos que amenazarían las vidas de todos los que residen allí, incluida la mitad de la población judía del planeta.

Con la profundización de la crisis del capitalismo, los gobernantes norteamericanos se están preparando para más guerras. La administración ha propuesto un masivo presupuesto de guerra de 1.5 billones de dólares, un aumento del 40% con respecto al año pasado.

La clase trabajadora tiene el poder de impedir que Washington y sus rivales arrastren a la humanidad hacia otra guerra mundial. Necesitamos un partido de la clase trabajadora y una dirección marxista probada para trazar un rumbo que nos permita tomar el poder político en nuestras propias manos.

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