La administración de Donald Trump está alternando entre arrogantes amenazas de reanudar los bombardeos y halagos a los actuales funcionarios iraníes, calificándolos de “más inteligentes” y “más razonables” que sus predecesores asesinados en la guerra de Washington. Trata de alcanzar un acuerdo con el régimen iraní que propicie los intereses imperialistas estadounidenses en el Medio Oriente. Con ese mismo propósito Washington está también presionando a Israel para que detenga su guerra defensiva contra Hezbolá, el proxy de Teherán en Líbano.
Tras 21 horas de negociaciones en Islamabad, Pakistán, los negociadores estadounidenses e iraníes regresaron a sus países el 12 de abril sin llegar a un acuerdo. Está previsto volver a reunirse y la Casa Blanca ha indicado que podría ser pronto. El frágil alto el fuego de dos semanas, que puso fin a la guerra de 40 días, expira el 22 de abril.
Teherán envió una delegación de 70 personas a las conversaciones en Pakistán, que incluía a Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, Abbas Araghchi, ministro de Asuntos Exteriores y Ali Akbar Ahmadian, secretario del Consejo de Defensa de Irán. Esto es señal de que Teherán quiere lograr un acuerdo.
La delegación estadounidense estuvo encabezada por el vicepresidente JD Vance, junto con Jared Kushner, yerno de Trump y el enviado especial Steve Witkoff.
Más tarde, Trump declaró a Fox News: “Conseguimos prácticamente todos los puntos que necesitábamos, salvo el hecho de que se niegan a renunciar a su ambición nuclear”. Y a reabrir el Estrecho de Ormuz.
Un funcionario iraní reiteró la mentira tantas veces repetida por Teherán de que “Irán no busca obtener armas nucleares”, sino solo desea “el derecho a la energía nuclear con fines pacíficos”. De hecho, hasta que los ataques israelíes retrasaron el desarrollo del programa nuclear iraní, el régimen había estado enriqueciendo uranio hasta alcanzar una pureza del 60%; un nivel que no tiene ninguna utilidad para generar electricidad.
La administración de Trump afirma que Teherán “nunca tendrá” armas nucleares. Ese “derecho” está reservado a los gobernantes de Estados Unidos —que poseen más de 3,700— y a otros regímenes que ya las tienen.
Según el Wall Street Journal, Washington exige que Teherán acceda a una “moratoria” de 20 años sobre el enriquecimiento nuclear. A cambio, Washington “descongelaría” cientos de millones de dólares en fondos iraníes y relajaría las sanciones.
EEUU, Irán bloquean estrecho
Respondiendo a la amenaza de Teherán de mantener cerrado el estrecho a menos que los barcos paguen elevados peajes a Irán, Trump inició el 14 de abril un bloqueo estadounidense que impedirá a todos los barcos atracar en puertos iraníes. Teherán amenazó con tomar represalias.

Desde que comenzó el alto el fuego, Washington no ha hecho mención alguna de sus demandas previas a Teherán de que cese la producción de misiles balísticos capaces de causar estragos en Israel, ni de que dejen de financiar, armar y entrenar a Hezbolá en Líbano, a Hamás en Gaza, a los hutíes en Yemen y a las milicias antiisraelíes en Iraq.
Está claro que nada de lo que está haciendo el gobierno de Estados Unidos tiene por objetivo defender la existencia de Israel como refugio frente al odio antijudío y los pogromos, ni ayudar al pueblo trabajador de Irán a librarse del brutal régimen que los oprime. El objetivo de la administración Trump es propiciar la rapiña, por parte de los gobernantes imperialistas norteamericanos, del petróleo, el gas y otros recursos de la región, a la vez que margina a sus rivales.
Política expansionista de Teherán
Aunque se encuentra debilitado tanto militar como económicamente, el régimen burgués-clerical de Irán está decidido a reconstruir su capacidad militar y sus fuerzas aliadas en toda la región. Esto se debe a que el régimen burgués-clerical de este país surge de la contrarrevolución que asestó duros golpes a la revolución popular que derrocó la dictadura del sha de Irán —respaldada por Washington— en 1979. Su dominio se ve amenazado si no logra expandir su curso reaccionario más allá de las fronteras de Irán.
Su objetivo es destruir a Israel y eliminar a los judíos que allí residen. Es por ello que la guerra de Israel —a diferencia de la de Washington— es una guerra defensiva, orientada no solo a eliminar los misiles balísticos y lanzacohetes de Teherán, sino también las fábricas que los producen, y sus instalaciones de procesamiento nuclear.
El mayor obstáculo para el curso reaccionario de Teherán son los trabajadores y las nacionalidades oprimidas de Irán.
