Médicos cubanos luchan contra efectos de bloqueo de EUA

Por Róger Calero
4 de mayo de 2026

Un petrolero de bandera rusa con 730 mil barriles de crudo atracó en Cuba el 31 de marzo. Casi tres meses después de imponer un bloqueo petrolero total a Cuba, el presidente Donald Trump dijo que su administración no tenía “ningún problema” con la entrega del petróleo ruso.

Los medios de comunicación capitalistas omitieron mencionar que el bloqueo de Washington era una flagrante violación a la soberanía nacional de Cuba. Washington amenazó con imponer aranceles punitivos a cualquier país que tuviera la temeridad de vender o donar petróleo a Cuba. El gobierno de México, por ejemplo, que ha sido después de Venezuela una de las principales fuentes de petróleo para Cuba, dio marcha atrás por la amenaza estadounidense.

Si bien la administración de Trump permitió el envío de Moscú, también añadió que no hay ningún cambio en el bloqueo impuesto con respaldo bipartidista, y que los envíos de petróleo de carácter “humanitario” a Cuba se decidirán caso por caso.

El uso del término “humanitario” sirve de pretexto para otras intervenciones de Washington en los asuntos internos de Cuba, y oculta la causa principal de la falta de combustible y recursos básicos en la isla: el brutal ataque de los gobernantes norteamericanos contra su economía. Desde hace más de 60 años, Washington libra esta guerra económica contra el pueblo cubano con el objetivo de derrocar la revolución socialista en Cuba.

Las autoridades cubanas han acelerado el procesamiento del crudo, pero este no estará listo para distribución hasta la segunda quincena de abril. Se destinará a “las centrales termoeléctricas de Mariel y Moa, a gas licuado de petróleo para la cocción de alimentos en instalaciones críticas como hospitales y centros internos”, y a “gasolina para aliviar la actual situación con la demanda del producto”, dijo Irenaldo Pérez, director adjunto de Unión Cuba Petróleo.

El bloqueo petrolero de Washington ha paralizado los servicios públicos del país, agravado los persistentes apagones y aumentado la escasez de alimentos.

“La salud es uno de los sectores más afectados” por la agresión norteamericana, dijo Julio Guerra, viceministro de salud de Cuba, en el popular programa televisivo Mesa Redonda el 27 de marzo. Describió el impacto de la implacable guerra financiera y comercial de Washington contra Cuba. Directores de las instituciones médicas cubanas de referencia también hablaron en el panel sobre las graves repercusiones de medidas punitivas impuestas por los gobernantes norteamericanos.

El daño es “palpable y objetivo,” dijo Guerra. Debido a las sanciones estadounidenses, el sistema de salud cubano ha enfrentado severas restricciones en la adquisición de medicamentos y productos de vital necesidad fabricados solo por empresas norteamericanas, incluyendo tratamientos para leucemia pediátrica, respiradores, marcapasos y equipos especializados de rayos X para detección de cáncer de mama. Cuba tiene que pagar alrededor de un 30% más por los productos médicos adquiridos fuera de Estados Unidos, con costos de transporte de entre un 50 y un 400% más altos que si se compraran a 90 millas en Florida.

El daño financiero infligido por el embargo norteamericano en tan solo 25 días, equivale al costo de producir el suministro anual de los productos farmacéuticos básicos de Cuba, afirmó. En menos de un día, el daño equivale al costo de la compra de la insulina necesaria para tratar a todos los pacientes diabéticos del país durante un año entero.

“Si trabajar ya era un reto para la salud pública cubana, porque toda la vida hemos trabajado con dificultad de acceso a medicamentos, equipos y piezas de repuesto”, dijo Eugenio Selman, director del Cardiocentro Pediátrico William Soler, a Mesa Redonda, “ahora todo esto se incrementó desde el inicio del año” con la implementación del bloqueo de petróleo.

Cuba sigue en pie

Con el bloqueo paralizando el transporte público, las autoridades sanitarias han organizado la internación y permanencia en centros médicos para pacientes de enfermedades crónicas y de diálisis, y mujeres próximas al parto.

“Ha sido un arduo trabajo para no cerrar nuestras consultas ni salas y para no inhabilitar una cama para nuestros pacientes, dijo Guerra.

“Imaginarse un hospital no solamente sin energía eléctrica sino también con problemas por el agua”, dijo Selman. Y después, “de manera hipócrita” afirmar que Cuba “tiene la culpa, por ser un ‘estado fallido’”.

Los gobernantes norteamericanos presentan la crisis en Cuba como resultado directo de su revolución socialista y de su economía planificada. Nunca explican que el sistema de salud cubano —con cobertura desde la cuna hasta la tumba, con la proporción médico-paciente más alta del mundo y con expectativa de vida y tasa de mortalidad infantil a la par de las de Estados Unidos— es una conquista de esa revolución. Tampoco explican que, en Cuba, la atención médica es un derecho, no una mercancía.

Para hacer frente a los efectos del bloqueo petrolero, el gobierno cubano está intensificando sus esfuerzos para instalar paneles solares en hospitales y clínicas, aunque está lejos de lograr cubrir la totalidad de las necesidades. Cuando se producen apagones, los hospitales dependen de generadores de emergencia que pueden tardar minutos cruciales en entrar en funcionamiento. Los médicos y enfermeros deben correr a los respiradores para bombear aire manualmente y sostener la respiración de los bebés hasta que los generadores se activan. En ocasiones, los cortes de energía ocurren en plena cirugía.

La determinación y el compromiso del “Ejército de Batas Blancas”, como se les llama a los trabajadores de la salud en Cuba, es ejemplo inspirador. “Seguimos practicando medicina”, dijo una cirujana del Hospital Calixto García al Militante, “incluso cuando tenemos que hacer una cirugía iluminándonos con nuestros celulares, cuidadosamente cargados en la casa durante las cuatro horas cuando llega la electricidad en medio de la noche”.

“Que un barco con petróleo llegue a Cuba no es la noticia”, Miguel Cruz, un periodista del diario cubano Granma escribió el 6 de abril. “La noticia es que, pese a las leyes extraterritoriales, las amenazas y el acoso de la superpotencia, Cuba sigue en pie, haciendo valer su derecho a existir”.

Claudia Kaiser-Lenoir en Boston contribuyó a este artículo.