Fuerzas de la izquierda de clase media —y los medios liberales— se muestran cada vez más obsesionados con el uso de la violencia contra sus opositores políticos, tal como evidencia su fascinación por el presunto asesinato del director ejecutivo de United HealthCare, Brian Thompson, a manos de Luigi Mangione. El intento de endulzar tales crímenes quedó claramente expuesto tras el tercer intento de asesinato del presidente Donald Trump en los últimos dos años.
Cole Allen atravesó corriendo un puesto de control de seguridad en el hotel donde se celebraba la Cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, en Washington el 25 de abril. Llevaba una escopeta y una pistola. Allen disparó hacia el salón donde iba a hablar Trump, antes de ser capturado. Se le acusa de intentar asesinar al presidente.
Aunque el objetivo del asalto parece evidente, el New York Times señaló el 27 de abril que los investigadores siguen “buscando un motivo”, describiendo a Allen como un “tipo totalmente común y corriente”.
Sin embargo, el día anterior se había hecho público un correo electrónico de Allen en el que explicaba sus objetivos. ”Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, racista y traidor manche mis manos con sus crímenes”, escribió Allen, refiriéndose al presidente.
Afirmó que su objetivo eran los funcionarios de la administración, pero que trataría de no matar al personal de seguridad del hotel “siempre que fuera posible”.
Allen, un maestro de 31 años de Torrance, California, hizo donaciones a la campaña presidencial de Kamala Harris en 2024. Participó en una marcha anti-Trump bajo el lema “No Kings” (No emperadores) y anteriormente había calificado a Trump de “fascista y delincuente convicto”.
Tanto demócratas como republicanos emitieron condenas meramente formales contra Allen, para luego apresurarse a culparse mutuamente por el recrudecimiento de la violencia política.
Este último intento, por parte de un radical con motivaciones políticas, de asentar sus diferencias recurriendo a las armas, refleja una tendencia creciente en el seno de la izquierda.
La izquierda ama violencia política
El debate sobre el uso de la violencia con fines políticos fue el tema central de un pódcast del Times del 22 de abril, titulado: “Los ricos no respetan las reglas. ¿Por qué debo hacerlo yo? ¿Por qué los robos menores podrían convertirse en la nueva forma de protesta política?”. Entre los participantes figuraba Hasan Piker, un partidario del líder chino Mao Zedong. El régimen de Mao no tenía nada que ver con el marxismo ni con la defensa de los intereses de la clase trabajadora. Por lo contrario, orquestó una sangrienta represión a gran escala contra los trabajadores y sus opositores políticos.
Piker afirma oponerse al asesinato de Thompson, pero añadió: “Muchas personas comprenden de inmediato por qué se tenía que producir esa muerte”. Señaló al “sistema de salud con fines de lucro y de acceso restringido”, ofreciendo, en efecto, una justificación para el ataque contra Thompson.
Piker dice ser marxista y sostiene que nada menos que Federico Engels —el colaborador clave de Carlos Marx— respalda su punto de vista. “Engels escribió sobre el concepto del asesinato social”, dice Piker, y el director ejecutivo Thompson “estaba cometiendo una tremenda cantidad de asesinatos sociales”.
A lo que se refería Engels en su libro La situación de la clase trabajadora en Inglaterra, era la muerte de hambre de los trabajadores. “Los trabajadores llaman a esto ‘asesinato social’”, escribió Engels, “y acusan a toda nuestra sociedad de perpetrar este crimen”.
Más adelante en el libro, Engels expone una perspectiva marxista: “A ningún comunista se le ocurre desear vengarse de los individuos, ni creer que, en general, un burgués individual pueda actuar de otro modo —bajo las circunstancias existentes— que como lo esta haciendo”.
“Cuanto más asimilen los trabajadores ingleses las ideas comunistas, más superflua resultará su actual amargura; una amargura que, de persistir con la misma violencia de hoy, no lograría absolutamente nada”.
Lo que Engels escribió refuta cualquier idea de que los trabajadores deben “entender” el asesinato a sangre fría de Thompson.
Piker ha declarado públicamente su apoyo al pogromo perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 contra los judíos en Israel. “No importa si hubo violaciones el 7 de octubre”, dice Piker. “Para mí, eso no cambia la dinámica”. El hecho de que él y otros radicales se identifican con Hamás —y con sus sanguinarios ataques de odio antijudío— indica que estas fuerzas podrían terminar fácilmente aliándose con matones fascistas en el futuro. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a fuerzas estalinistas similares en la Alemania de Hitler.
Paralelamente al respaldo de la izquierda a la violencia política, se observa su creciente participación en uno de los dos partidos principales de la clase dominante: el Partido Demócrata. Piker participa en plataformas para promover a candidatos demócratas “anti-multimillonarios” para las elecciones de 2026, y ha intervenido en mítines junto a Bernie Sanders a favor de “imponer impuestos a los ricos”.
Tales actos de destrucción constituyen un retroceso para las luchas por mejores salarios y condiciones laborales, además de servir como pretexto para que el gobierno intensifique el uso de la policía y los servicios de espionaje contra la clase trabajadora. Asimismo, el uso de la violencia contra opositores políticos por parte de la izquierda tiene por objeto silenciar precisamente el tipo de debate que los trabajadores necesitan para trazar un camino hacia el futuro. Dicha conducta debe ser condenada de manera inequívoca.