‘Dedicar la vida a conquistar el poder obrero de los capitalistas y belicistas’ — la Revolución Cubana da ejemplo a luchadores

Por Steve Clark
y Roy Landersen
28 de septiembre de 2026
“Esta revolución descubrió, por sus propios métodos, el camino señalado por Marx”, dijo Che Guevara, recuadro, a 900 personas en Congreso Latinoamericano de Juventudes en La Habana, julio de 1960. Arriba, familias campesinas reciben nuevas viviendas durante reforma agraria en Cuba.
“Esta revolución descubrió, por sus propios métodos, el camino señalado por Marx”, dijo Che Guevara, recuadro, a 900 personas en Congreso Latinoamericano de Juventudes en La Habana, julio de 1960. Arriba, familias campesinas reciben nuevas viviendas durante reforma agraria en Cuba.

En la edición del 14 de septiembre el Militante publicó la primera parte de un artículo sobre la conferencia internacional del Partido Socialista de los Trabajadores, celebrada del 11 al 14 de junio en Oberlin, Ohio. Esa primera parte abordó el informe de apertura presentado por el secretario nacional del PST Jack Barnes, en el que dijo que hoy el PST “es proletario en nuestro programa, en nuestra composición de clase y en nuestras normas y hábitos de conducta política”.

La actividad política y los métodos organizativos del PST, señaló Barnes, tienen como objetivo construir un partido revolucionario de la clase trabajadora basado en fundamentos marxistas. Un partido que puede convertirse en la piedra angular en torno a la cual se organice y lidere a millones de trabajadores en una lucha revolucionaria por el poder obrero como parte de la batalla por un mundo socialista.


Conferencia 2026 del Partido Socialista
de los Trabajadores


“No tenemos que crear ese partido revolucionario”, dijo Barnes. “Ya existe. Se llama el Partido Socialista de los Trabajadores. Nuestra tarea es construirlo”.

La semana pasada publicamos la segunda parte, que cubrió la charla de Mary-Alice Waters, miembro del Comité Nacional del PST, titulada “Defender a Cuba, defender la revolución socialista de Cuba: Más a fondo en la clase trabajadora” y la de Steve Clark, también miembro del Comité Nacional del PST, titulada “Irán, Israel y Estados Unidos en la época imperialista: Dos guerras en una”.

A continuación presentamos la parte final del artículo.

En su resumen de clausura de la conferencia socialista, Barnes retomó uno de los fundamentos del marxismo que había destacado en su intervención inicial: la construcción de un partido de revolucionarios profesionales. Describió lo que a principios de los años 60 lo llevó a él y a otros jóvenes a decidir lo qué valía la pena dedicar sus vidas y energías.

Barnes recordó el viaje que realizaron a Cuba en el verano de 1960 para ver por sí mismos la revolución que estaba tomando lugar allí.

“Por aquel entonces, yo era un joven como tantos otros, que sabía poco o nada sobre la política marxista o sus fundamentos materialistas”, dijo.

“Quería visitar Cuba por una razón: porque una revolución, la primera de la que me enteré en mi vida, estaba ocurriendo allí”. Describió el impacto político de conocer y convivir con algunos de los trabajadores, campesinos y milicianos cubanos que estaban llevando a cabo y defendiendo aquella revolución.

Barnes también dedicó unos minutos a hablar de lo que había aprendido políticamente de un artículo que leyó mientras se encontraba en Cuba. Había aparecido en la edición de primavera de International Socialist Review, una revista trimestral editada y publicada por la dirección del PST, con el título “Case History of an Experiment” (Historia de un experimento) por Murry Weiss, veterano dirigente del PST.

Barnes dijo que por aquel entonces no sabía nada del Partido Socialista de los Trabajadores, ni había conocido a ningún miembro del partido. Compró la revista porque en la portada aparecía una foto grande de una unidad de milicianos cubanos bajo el titular “Cuba’s Year One” (Cuba: El primer año). Le llamó la atención cuando lo vio en un quiosco frente a la Biblioteca Pública de Nueva York, cuando hizo escala en camino a La Habana.

Muchos de los estudiantes que visitaron Cuba en el verano de 1960, dijo Barnes, sabían que se avecinaba algún tipo de invasión de Washington, tal como ocurrió apenas unos meses después, en abril de 1961 en Bahía de Cochinos. “Así que leíamos todo lo que caía en nuestras manos para entender con mayor claridad lo que estaba sucediendo en Cuba y por qué el gobierno de Estados Unidos se empeñaba en destruir el ejemplo del pueblo cubano y de sus dirigentes”.

Durante las diez semanas que Barnes pasó en Cuba, se celebró en La Habana a finales de julio el primer Congreso Latinoamericano de Juventudes. El evento congregó a unos 900 jóvenes de toda América y de otras partes del mundo. Che Guevara, dirigente central de la revolución, pronunció el discurso inaugural en el que abordó una pregunta que estaba en la mente de muchos: “¿Es comunista esta revolución?”.

La respuesta todavía estaba siendo acaloradamente debatida en los primeros años de la revolución, dijo Barnes, incluso entre sus partidarios. Los dirigentes de los Partidos Comunistas de toda América alineados con Moscú —muchos de cuyos jóvenes militantes asistieron al congreso juvenil— respondían que “no”, explicó Barnes. Según estos miembros del PC, la Revolución Cubana tenía un carácter de clase antiimperialista y antifeudal, no socialista. Además, Fidel Castro y otros dirigentes centrales eran revolucionarios pero no comunistas.

La respuesta de Guevara fue marcadamente distinta, comentó Barnes. Tras plantear la polémica pregunta, Che enfatizó: “En caso de ser marxista —y escúchese bien que digo marxista— sería porque descubrió, por sus propios métodos, los caminos que señalara Marx”.

Las palabras de Che coincidían con lo que él mismo había visto y estaba pensando, explicó Barnes. Es más, resonaban con las primeras lecciones sobre política proletaria que estaba aprendiendo gracias al artículo de la revista que había empezado a leer.

El autor del artículo relataba la historia del fracaso de una revista mensual lanzada en 1954 por varios ex dirigentes del PST que se habían separado del partido. Se habían marchado bajo la presión de la anticomunista caza de brujas de la posguerra; un auge coyuntural de “prosperidad” capitalista y del consecuente repliegue político del movimiento sindical desde su punto más alto a finales de los años 30.

Inicialmente, la nueva publicación mensual había “causado una impresión considerable en los círculos radicales y estudiantiles”, señalaba el artículo. Sin embargo, las esperanzas de los fundadores de un “auge radical” en los sectores de clase media no tuvieron fruto, lo que puso fin a su “experimento” editorial tras apenas unos años.

Izq., portada de International Socialist Review de primavera de 1960. Jack Barnes dijo en la conferencia que la lectura del artículo “Historia de un experimento” en esta revista le ayudó a comprender los debates sobre el carácter socialista de la Revolución Cubana. Arriba, el Militante del 11 de julio de 1960.
Izq., portada de International Socialist Review de primavera de 1960. Jack Barnes dijo en la conferencia que la lectura del artículo “Historia de un experimento” en esta revista le ayudó a comprender los debates sobre el carácter socialista de la Revolución Cubana. Arriba, el Militante del 11 de julio de 1960.

Incluso el nombre que eligieron para su fallida revista mensual revelaba mucho sobre sus perspectivas políticas, observó Barnes. A diferencia de la International Socialist Review, (Revista Socialista Internacional) editada y promovida por los cuadros del PST, los desertores del partido bautizaron la suya como American Socialist (El Socialista Norteamericano).

Pero no hay nada exclusivamente norteamericano en el socialismo, en el marxismo o en el movimiento comunista mundial, dijo Barnes.

Marx, Engels y muchos de los trabajadores de mentalidad revolucionaria que los habían reclutado a la Liga Comunista en 1847, eran alemanes.

Asimismo, las dos destacadas revoluciones socialistas del siglo 20 con el liderazgo proletario de Lenin y Fidel Castro, eran la rusa y la cubana.

Ciertamente, Cuba pertenece de lleno a las Américas. Pero no es “americana” en el sentido que claramente pretendían darle los que lanzaron su revista cinco años antes de que los trabajadores y campesinos conquistaran la victoria en enero de 1959 en Cuba.

Barnes señaló de nuevo la pancarta desplegada al frente de la sala, tal como él y otros lo habían hecho a lo largo de la conferencia: “El Partido Socialista de los Trabajadores existe, nacido en la lucha de clases. ¡Constrúyanlo!”.

Cuando aquellos 900 jóvenes se congregaron en julio de 1960 en el Teatro Blanquita de La Habana (hoy Teatro Karl Marx), recordó Barnes, Che Guevara estaba precisamente aprovechando su turno en el micrófono para explicarles por qué era necesario construir un partido comunista proletario en Cuba.

“Por eso podía percibir ecos del artículo que estaba leyendo”, dijo Barnes. “Me ayudó a ver quién tenía razón y quién no en los debates que bullían a mi alrededor”.

El marxismo podría resultar “atractivo para muchos diletantes y aficionados al radicalismo”, señaló el autor del artículo de la International Socialist Review, “si no insistiera tanto en convertir su programa en una lucha política obrera organizada”. Los que rompieron con el PST en 1954, concluía el artículo, lo hicieron “por desacuerdo con la concepción y el papel de un partido leninista”.

Tras pasar dos meses y medio en Cuba en la vorágine de una revolución obrera en pleno avance, escuchando y debatiendo sobre la charla de Che, leyendo su primer artículo escrito por un dirigente del PST y conociendo a varios miembros del partido que también se encontraban en La Habana aquel verano, tras todo eso, dijo Barnes, “ya iba bien encaminado a integrarme al PST al regresar a Estados Unidos”.

‘Semillas en el viento’

Barnes explicó que los que abandonaron el PST en los años 50 y publicaron brevemente American Socialist “solían burlarse de las campañas de suscripción del Militante organizadas por el partido, de nuestras campañas electorales del PST y de nuestras ventas de folletos y libros a los trabajadores en sus lugares de trabajo y en otros sitios”. Menospreciaban la forma disciplinada y sistemática con que llevábamos a cabo la labor sindical junto a otros trabajadores de base y miembros del sindicato, señaló.

Lo mismo hacen hasta el día de hoy los opositores pequeñoburgueses del partido, añadió Barnes.

“El PST simplemente lanza semillas al viento y espera que caigan al suelo y echen raíces en algún sitio”, decían nuestros opositores entre risas.

A la vez, añadió Barnes, estas corrientes estaban —y aún están— convencidas de “que ellos sí saben dónde encontrar gente ‘inteligente’, capacitada ‘para comprender cuestiones complejas’. Gente ‘woke’, podríamos añadir hoy”.

¿Dónde? preguntó Barnes. “¿Dónde creen? En las explanadas universitarias, en las salas de profesores, en los suburbios y pueblos prósperos en las que estas universidades predominan. En las organizaciones ‘sin fines de lucro’, las ‘ONG’ y las asociaciones profesionales de todo tipo. En los ámbitos de grupos estalinistas, de ‘antifa’ y otros grupos de clase media como los DSA (Socialistas Democráticos de América), cuyos miembros se quitan sus atuendos de moda por unas cuantas horas, o se dedican a acosar en las redes sociales quien debe ser ‘cancelado’ o ‘silenciado’ porque no comparte sus opiniones ‘progresistas’”.

Sí, de hecho, dijo Barnes, los cuadros del Partido Socialista de los Trabajadores “son partidarios de ‘esparcir semillas al viento’”; es decir, de llegar al mayor número posible de trabajadores en sus lugares de trabajo, en sus vecindarios, en ciudades y pueblos pequeños, en los piquetes sindicales y en protestas sociales y políticas de toda índole.

Barnes dijo que aprendió mucho más sobre la construcción de un partido de revolucionarios profesionales cuando regresó a Minnesota en el otoño de 1960, durante su último año en el Carleton College. A través de miembros del PST que había conocido en Cuba, él y sus amigos terminaron pasando largas horas conversando con trabajadores comunistas veteranos en Minneapolis y Saint Paul.

Mientras Barnes y otros relataban sus experiencias en Cuba, dijo, estos trabajadores “hablaban con nosotros sobre la historia de la lucha de clases en Estados Unidos, y sobre cómo el PST respondía a la política estadounidense y mundial”, desde la Revolución Cubana hasta la lucha de los negros y el desarrollo en los sindicatos.

Fortalecido por lo que había aprendido en Cuba y por la lectura del artículo de la International Socialist Review, Barnes dijo que ahora podía comprender “por qué alguien que menosprecie la propia historia del partido y la continuidad comunista nunca podría ser un revolucionario”.

Barnes señaló que también aprendió que, cuando el PST entraba en contacto con personas como él y sus amigos —personas dispuestas a luchar, personas que querían hacer una revolución socialista en Estados Unidos— los miembros del partido dedicaban mucho tiempo, reflexión y energía a reclutarlos al PST.

“Ni tu compromiso de unirte al PST ni la decisión del partido de aceptarte como miembro”, afirmó Barnes, “dependerán jamás de la clase social en la que hayas nacido ni del nivel de educación formal que hayas recibido”.

Lo que es decisivo, dijo Barnes, “es cuánto deseas construir el partido revolucionario que ya existe.

“Cuánto deseas construir el partido que, a lo largo de décadas, ha demostrado, mediante su programa obrero y su actividad centralizada y disciplinada en la lucha de clases en Estados Unidos y a nivel internacional, que es capaz de forjar un liderazgo de la clase trabajadora y de nuestros aliados, que puede dirigir a decenas de millones de personas en una lucha revolucionaria por el poder obrero en Estados Unidos. Una revolución socialista victoriosa”.

Hoy, ese partido revolucionario es el Partido Socialista de los Trabajadores. Sus dirigentes fundadores se forjaron en la continuidad programática, política y organizativa de los primeros años del Partido Comunista de Estados Unidos y de la Internacional Comunista fundada por Lenin.

Y se organizaron y trabajaron durante más de una década bajo el liderazgo político de León Trotsky, quien, entre los dirigentes centrales del Partido Bolchevique, fue el único que se mantuvo fiel a la orientación de internacionalismo proletario de Lenin. Trotsky lideró a los dirigentes del PST en la batalla para defender el marxismo y para reconstruir un partido proletario y un movimiento comunista mundial frente a la contrarrevolución política estalinista de finales de la década de 1920.

Un aspecto digno de atención en la nueva introducción de 2026 a En defensa del marxismo, la obra de Trotsky, dijo Barnes, “es la firme reafirmación de nuestra convicción, sostenida por más de un siglo, de que, independientemente de lo que hayas hecho con tu vida anteriormente o de la ‘trayectoria profesional’ que se te haya presentado, unirse al partido revolucionario nunca es ‘un sacrificio’”.

Por el contrario, dijo Barnes, “no solo te comprometes a llevar la vida más productiva y gratificante que alguien pueda tener. Ante todo, te comprometes con la tarea más vital que afronta la clase trabajadora y toda la humanidad.

“Ocupas tu lugar en la primera fila de la batalla histórica para arrebatarle el poder estatal a los explotadores, opresores y causantes de las guerras imperialistas. Te conviertes en un revolucionario profesional en la lucha por poner fin, de una vez por todas, a las relaciones sociales brutalmente competitivas del capitalismo y sustituirlas, por primera vez, por relaciones verdaderamente humanas basadas en la solidaridad y el trabajo social”, dijo Barnes.

“Te estás uniendo a la lucha por un mundo socialista”.