A continuación fragmentos de discurso dado por el presidente cubano Fidel Castro el 25 de nov. de 1994 en clausura de conferencia internacional de solidaridad en La Habana durante los peores días de la crisis económica tras el colapso de la Unión Soviética.
En nuestra situación se da el caso de que se desploma la Unión Soviética. De modo que nuestro país perdió el 70% de las importaciones, y me pregunto si algún otro país del mundo habría podido resistir un golpe semejante, y me pregunto cuántos días lo habría podido resistir, si una semana, si 15 días, si un mes.
¿Cómo habríamos podido si no hubiera sido con el apoyo del pueblo a la Revolución? ¿Cómo habríamos podido resistir, realmente, sin nuestro sistema político, sin nuestro sistema democrático, sin la participación directa del pueblo en todas las cuestiones fundamentales, que es la verdadera democracia? …
Esta situación nos llevó al Período Especial.
Nosotros veníamos llevando a cabo excelentes planes antes de que ocurriera la catástrofe socialista, excelentes planes en todos los sentidos; estábamos llevando a cabo un Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas —de viejos errores y nuevos errores, de viejas tendencias y nuevas tendencias— y trabajando intensísimamente, cuando empieza a producirse toda esa debacle que nos condujo a lo que pudiéramos llamar un doble bloqueo.
Porque tan pronto se produjo la desintegración del campo socialista y la desintegración de la URSS, y aun antes de la desintegración de la URSS, Estados Unidos estaba presionando fuertemente para que cesara el comercio de esos países con Cuba, y, cuando la URSS se desintegra al final, Estados Unidos presionó fortísimamente, y no con poco éxito, en cortar el comercio y las relaciones económicas entre los antiguos países del Campo Socialista y de la URSS, y Cuba.
De modo que nuestro país se vio envuelto en un doble bloqueo y, sin embargo, había que salvar la patria, había que salvar la revolución y había que salvar el socialismo —nosotros le llamamos salvar las conquistas del socialismo, porque no podemos decir en estos momentos que estamos construyendo el socialismo, sino que estamos defendiendo lo que hemos hecho, estamos defendiendo las conquistas que hemos alcanzado— objetivo fundamental en un mundo que había cambiado de manera radical…
Y en esas condiciones tan difíciles como no existieron nunca, jamás, salvar la patria, salvar la revolución y salvar las conquistas del socialismo. ¿Qué medidas habría que tomar en este mundo que existe hoy y que, desde luego, no existirá siempre? ….
Pero este mundo es el que tenemos, con el cual debemos comerciar e intercambiar nuestros productos, en el cual tenemos que sobrevivir; por eso debemos adaptarnos a ese mundo y adoptar aquellas medidas que consideramos indispensable adoptar, con un objetivo muy claro.
No quiere decir que todo lo que estemos haciendo sea resultado únicamente de la nueva situación; nosotros veníamos haciendo cambios e, incluso, la idea de la introducción del capital extranjero era anterior al Período Especial: habíamos comprendido que determinadas áreas, determinadas ramas, no se podían desarrollar porque no existía ni el capital ni la tecnología para hacerlo, porque no disponían de ellas los países socialistas.
Pero hemos tenido que darle mayor apertura, hemos tenido que hacer lo que pudiéramos llamar una apertura bastante amplia a la inversión extranjera. Eso fue explicado aquí: en las condiciones de la Cuba de hoy, sin capital, sin tecnología y sin mercados, no podríamos desarrollarnos, de ahí que todas las medidas, cambios y reformas que vamos haciendo, en un sentido y en otro, tienen el objetivo, como se afirmó en esta conferencia, de salvaguardar la independencia, la revolución —porque la revolución es la fuente de todo.
Y las conquistas del socialismo, que quiere decir preservar el socialismo o el derecho de seguir construyendo el socialismo cuando las circunstancias lo permitan.
Hacemos cambios, pero sin renunciar a la independencia y a la soberanía; hacemos cambios, pero sin renunciar al verdadero principio del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que, traducido al lenguaje revolucionario, es el gobierno de los trabajadores, por los trabajadores y para los trabajadores.
No es el gobierno de los burgueses, por los burgueses y para los burgueses; no el gobierno de los capitalistas, por los capitalistas y para los capitalistas; no el gobierno de las transnacionales, por las transnacionales y para las transnacionales; no el gobierno del imperialismo, por el imperialismo y para el imperialismo.
Esa es la gran diferencia, cualesquiera que sean los cambios y las reformas que llevemos adelante. Si algún día renunciáramos a esto, habríamos renunciado a la razón de ser de la revolución.