Editorial

La defensa de Israel y la lucha de clases

4 de agosto de 2025

La defensa del derecho de Israel a existir como refugio contra el odio antijudío y los pogromos no es una cuestión religiosa. Es una cuestión nacional y de clase, entrelazada con las luchas contra la opresión nacional en todo el mundo.

El derecho de Israel a existir tiene sus raíces en la lucha contra el odio antijudío, que es una herramienta de los gobernantes capitalistas en la época imperialista, y en el impacto devastador de la campaña del régimen nazi de Hitler para aniquilar a los judíos del mundo entero.

El pogromo del 7 de octubre de 2023, perpetrado por Hamás —financiado, entrenado y armado por el régimen reaccionario de Teherán— confirma que podría haber otro Holocausto. ¡Nunca jamás! no es una mera consigna. Es una lucha necesaria hoy.

La revolución rusa liderada por los bolcheviques mostró el camino a seguir, ubicando la oposición al odio antijudío y a los pogromos como elemento central de la lucha para acabar con la explotación capitalista. Pero la contrarrevolución estalinista consolidada entre 1927 y 1928 contra el rumbo de V.I. Lenin, revirtió esa perspectiva de lucha de clases.

En los años 30 y 40 los partidos comunistas estalinizados impidieron que los trabajadores aprovecharan las oportunidades para tomar el poder en España, Grecia, Francia, Italia y otros países. En Alemania, permitieron que los nazis llegaran al poder sin una lucha. El resultado fue la Segunda Guerra Mundial, una guerra para que las potencias imperialistas se repartieran el mundo entre sí. Y la “Solución Final”: 6 millones de judíos asesinados por los nazis —el 40% de los judíos del mundo— mientras las potencias imperialistas, desde Washington y Ottawa hasta Londres y Canberra, les cerraban las puertas, devolviéndolos a la muerte.

¿Adónde más podían ir los judíos? La existencia de Israel como un país capitalista y dividido en clases se hizo inevitable. Y tras el pogromo del 7 de octubre y las promesas de Hamás de repetirlo “una y otra vez”, ¿qué otra opción le quedaba a Israel sino lanzar una guerra defensiva para acabar con Hamás y la amenaza de un ataque nuclear por parte de Teherán?

Israel ha logrado avances significativos. Diezmó la capacidad de Hezbolá en Líbano. Retardó la capacidad de los gobernantes iraníes para fabricar armas nucleares. Pero la batalla para prevenir otro Holocausto no está resuelta.

Para los judíos de todo el mundo Israel es el único país que les ofrece refugio incondicional. Y lo defiende con las armas en la mano. Pero Israel está dividido en clases, y la defensa del sistema de lucro por parte de sus gobernantes capitalistas y su dependencia del imperialismo estadounidense debilitan la batalla por su existencia. Más aún, la lucha por la defensa de Israel es fundamental para la lucha de la clase trabajadora por sustituir el dominio capitalista por un gobierno propio.

El objetivo de Washington nunca ha sido defender a los judíos en Israel ni en ningún otro lugar. A los gobernantes estadounidenses tampoco les importan los palestinos. Su único interés es fomentar el saqueo de los recursos del Medio Oriente por el imperialismo estadounidense y la explotación del pueblo trabajador de la región. Por eso, los trabajadores deben exigir la retirada inmediata de las tropas, bases y buques de guerra estadounidenses en la zona.

Washington jamás olvidará la Revolución Iraní de 1979 que derrocó a su aliado, el sha, y debilitó el imperialismo estadounidense. El pueblo trabajador de Irán, que ha protestado contra las medidas expansionistas de Teherán, es el mayor obstáculo para el reaccionario régimen iraní y para los intereses imperialistas estadounidenses en la región. Y son el aliado más importante del pueblo trabajador de Israel.

Los propios gobernantes estadounidenses utilizarán el odio antijudío y recurrirán a bandas fascistas en tiempos de crisis intensificada para tratar de impedir el desarrollo de vanguardias y partidos revolucionarios de la clase trabajadora.

Los trabajadores de todo el mundo deben apoyar a Israel en su batalla para derrotar a Hamás, un grupo estilo nazi. Pero no debemos dar apoyo político a ninguno de los partidos capitalistas de Israel ni a su gobierno.

Lo que la clase trabajadora en Israel, Irán y en todo el Medio Oriente necesita es lo mismo que el Partido Socialista de los Trabajadores está haciendo: construir partidos obreros revolucionarios que unan a los trabajadores, independientemente de creencia religiosa o nacionalidad, en un curso hacia la toma del poder político en nuestras propias manos, uniéndonos a la lucha mundial por el socialismo.

Ése es el único camino para acabar con el odio antijudío para siempre.