Israel libra guerra defensiva contra Teherán

Por Seth Galinsky
30 de marzo de 2026

Respondiendo al ataque de Washington y a los golpes defensivos de Israel, desde el 28 de febrero el régimen reaccionario de Teherán ha lanzado más de 200 misiles balísticos contra Israel, causando la muerte de por lo menos 12 personas, más de 1,200 heridos y graves daños a más de 3,100 viviendas. Muchos de los misiles —la mitad con municiones de racimo que dispersan pequeñas bombas sobre un radio de 5 millas— están dirigidas contra civiles.

Estos ataques de Teherán y de su aliado Hezbolá desde Líbano, no son respuestas defensivas a los bombardeos de Washington. Son extensión de la política de odio antijudío que los gobernantes iraníes han mantenido por décadas. “Israel debe ser borrado de la historia”, dijo el ayatolá Ruhollah Jomeini el 7 de agosto de 1979. “Todos debemos levantarnos y destruir Israel”.

El régimen iraní —que llegó al poder en una contrarrevolución tras la revolución popular de 1979 que derrocó al sha de Irán— ha estado empeñado en lograr ese objetivo. Para ello forjó su “eje de resistencia”, creando Hezbolá en Líbano, estableciendo “milicias” en Iraq, y financiando y entrenando a Hamás en Gaza, incluso para su pogromo en Israel el 7 de octubre de 2023.

El daño a Israel en los actuales ataques con misiles y drones habría sido mucho peor si Israel no hubiera destruido gran parte de la capacidad ofensiva de Irán durante la guerra de 12 días en junio pasado, y si no hubiera neutralizado más del 60% de sus lanzacohetes desde el 28 de febrero.

Maquina de propaganda antijudía

Para reforzar el objetivo de Teherán de destruir Israel y eliminar a los judíos allí, una maquinaria de propaganda internacional compuesta por un bloque de fundamentalistas islamistas e izquierdistas de clase media promueve la narrativa de que Israel es un “estado colonial” de supremacía blanca.

Sus defensores afirman que Israel comenzó como una colonia imperialista cuyo objetivo era la “limpieza étnica” y “genocidio” de los palestinos. Por ello, sostienen, que la destrucción de Israel y la guerra contra los judíos son necesarias.

Esta “narrativa” omite por completo la razón fundamental por la que millones de judíos lucharon por trasladarse a Palestina al final de la Segunda Guerra Mundial: 1) por la negativa del Partido Comunista alemán, bajo la dirección de Moscú, a unirse a los socialdemócratas para liderar la lucha del poderoso movimiento obrero contra los nazis. Esto permitió a Adolfo Hitler y a sus nazis tomar el poder y asesinar al 40% de los judíos del mundo en el Holocausto durante la guerra. 2) por la traición de los partidos comunistas estalinistas a los movimientos revolucionarios que podrían haber llevado a la clase trabajadora al poder en España, Grecia y otros países. 3) porque los gobernantes imperialistas de Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña les negaron la entrada a los judíos que trataban de huir de los nazis, enviándolos de vuelta a la muerte.

¿Adónde iban a ir los judíos?

Al terminar la guerra, los judíos, muchos ya sin un hogar al que volver, fueron internados en campos de “personas desplazadas” en Alemania, Austria e Italia, que en muchos casos habían sido campos de concentración del régimen de Hitler.

Masacrados por los nazis, traicionados por los estalinistas y rechazados por Washington y otras potencias capitalistas, ¿adónde iban a ir los judíos?

Lucharon para llegar a lo que se convertiría en Israel, enfrentándose a la oposición armada de los gobernantes británicos que controlaban Palestina.

Cuando la recién creada Organización de Naciones Unidas votó a favor de la creación del estado de Israel, los líderes judíos aceptaron su plan de partición, que establecía una parte como un estado de mayoría judía y otro de mayoría árabe. Pero el liderazgo árabe, reaccionario y de carácter semi feudal, se negó a aceptarlo. Cinco ejércitos árabes, junto con bandas irregulares del Ejército Árabe de Liberación, atacaron el nuevo estado israelí.

Con un gran número de bajas en ambos bandos, miles de árabes huyeron o fueron expulsados de Israel, que salió victorioso. Pero miles de árabes permanecieron dentro del nuevo país. Hoy, aproximadamente el 20% de los ciudadanos de Israel son árabes.

Tras la creación de Israel, los regímenes árabes en el Medio Oriente expulsaron brutalmente a sus poblaciones judías. Aproximadamente la mitad de los judíos que residen en Israel son descendientes de judíos provenientes de estos países árabes.

Crece el odio antijudío

Ninguna de las cuestiones fundamentales que dieron origen al odio hacia los judíos —antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial— han sido resueltas. En la época imperialista, a medida que se agudiza la crisis de su sistema, los gobernantes capitalistas recurren al odio antijudío. Su objetivo es dividir y desmoralizar a la clase trabajadora y fomentar la actividad de bandas fascistas.

Hay un nuevo repunte de actos violentos de odio antijudío en todo el mundo, vinculado a la creciente crisis capitalista actual. Mientras no surja un movimiento obrero revolucionario en Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otros países, que considere la lucha contra el odio a los judíos como una cuestión de vida o muerte para el movimiento obrero, miles de judíos seguirán emigrando a Israel cada año porque es el único gobierno del mundo que defiende a los judíos con las armas en la mano.

Casi la mitad de la población judía mundial reside en Israel, un pequeño país de 260 millas de largo, 10 millas de ancho en su punto más angosto y 70 millas en el más ancho. Una bomba nuclear iraní provocaría un nuevo Holocausto.

Por eso, la guerra defensiva de Israel contra Teherán tiene como objetivo garantizar que el régimen clerical burgués no pueda desarrollar armas nucleares ni misiles de largo alcance capaces de causar destrucción masiva.