Acuerdo de EUA y Teherán no traerá paz a Medio Oriente

Por Vivian Sahner
6 de julio de 2026
Trabajadores protestan junio 22 por salarios, beneficios y pagos retrasados en centro médico en provincia de Kermanshah, Irán. “Somos guardianes de la salud en una región desfavorecida, pero nosotros mismos sufrimos privaciones”, dijeron a la agencia de noticias laborales ILNA.
Iranian Labour News AgencyTrabajadores protestan junio 22 por salarios, beneficios y pagos retrasados en centro médico en provincia de Kermanshah, Irán. “Somos guardianes de la salud en una región desfavorecida, pero nosotros mismos sufrimos privaciones”, dijeron a la agencia de noticias laborales ILNA.

Washington y Teherán firmaron el 17 de junio un “Memorando de Entendimiento” de 14 puntos. Pero no es un acuerdo de “paz” sino una maniobra de Washington de colaboración con los gobernantes capitalistas de Irán y así lograr la estabilidad que los gobernantes estadounidenses buscan para reforzar su control imperialista sobre el Medio Oriente.

El presidente Donald Trump y otros representantes del gobierno estadounidense han planteado objetivos diversos desde que iniciaron su guerra contra Irán el 28 de febrero. Han afirmado querer ayudar al pueblo iraní a ganar su “libertad”, poner fin a los empeños de Teherán de producir armas nucleares, eliminar sus misiles balísticos, y acabar con el apoyo de Teherán a sus “aliados” en Líbano y Gaza que amenazan a Israel. La prensa burguesa describió esto como una guerra conjunta de Estados Unidos e Israel.

Pero se trata, en realidad, de dos guerras distintas con objetivos marcadamente contrapuestos. Para los gobernantes de Estados Unidos, es una guerra imperialista destinada a intensificar su saqueo de los recursos de petróleo y gas natural, y de la fuerza laboral de la región. Para Israel, es una guerra defensiva para impedir que el régimen de Teherán cumpla su viejo objetivo de perpetrar un Holocausto contra los judíos en Israel.

Enfatizando esta divergencia de intereses, la administración de Trump mantuvo al gobierno israelí al margen de las negociaciones.

“Trump incumplió cada una de sus promesas”, escribió Ben-Dror Yemini, columnista de Yedioth Ahronoth, el periódico más grande de Israel, “y, como gesto final, le dio a Israel una pateadura y una humillación”.

Según el memorando, Teherán reabrirá el Estrecho de Ormuz “sin costo alguno” durante 60 días, y Washington levantará el bloqueo al comercio marítimo de Irán y comenzará a retirar todas las sanciones económicas contra Teherán.

Washington también acordó descongelar 12 mil millones de dólares de fondos iraníes, insistiendo en que al menos la mitad de esa cantidad se destine a la compra de productos estadounidenses.

Teherán “reafirma” que no “adquirirá ni desarrollará armas nucleares”. Pero eso es lo que Teherán siempre ha dicho, mientras simultáneamente construía instalaciones subterráneas para enriquecer uranio a niveles cercanos a los necesarios para fabricar bombas nucleares.

El memorando no establece que Teherán deba poner fin a todo el enriquecimiento. En vez de eso, los gobernantes estadounidenses e iraníes negociarán durante los siguientes 60 días una “metodología” para la “dilución del grado de enriquecimiento” del material nuclear ya enriquecido dentro de Irán.

No hay mención alguna de los misiles balísticos de Teherán, que han sido utilizados reiteradamente contra Israel y que han causado la muerte de unas tres decenas de personas e hirieron a cientos más durante la última guerra. También fueron usados contra objetivos en Bahréin, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Imagínese la amenaza que supondría para Israel —hogar de casi la mitad de los judíos del mundo— si esos misiles portaran armas nucleares.

Cuando los periodistas le preguntaron por qué la eliminación de los misiles no estaba en el acuerdo, Trump respondió: “Bueno, tienen que tener algunos. Porque otros también los tienen”.

El memorando también exige el cese “inmediato y permanente” de las operaciones militares en “todos los frentes”; una disposición que apunta principalmente a los esfuerzos de Israel por impedir que Hezbolá utilice el sur de Líbano para lanzar ataques contra el norte de Israel. El texto no solo dice que Israel debe suspender todo ataque contra Hezbolá, sino que también implica que debe reducir sus fuerzas en el sur de Líbano. Hezbolá —organización creada, armada y dirigida por el régimen reaccionario de Teherán— había estado reconstituyendo sus fuerzas y lanzando ataques provocadores contra Israel.

Israel defenderá sus fronteras

Poniendo en relieve los intereses contrapuestos de Washington e Israel, Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí, aseguró que Israel “no se retirará [de Líbano] mientras las necesidades de seguridad de Israel así lo exijan”.

El vicepresidente JD Vance arremetió contra la negativa de Israel a acatar los dictámenes de Washington. “Si yo formara parte del gabinete del gobierno israelí, tal vez no atacaría al único aliado poderoso que me queda en el mundo entero”, dijo en una rueda de prensa en la Casa Blanca. El presidente Trump es “el único jefe de estado de todo el mundo que simpatiza con la nación de Israel en este momento”.

En realidad, ningún sector de la clase dominante imperialista estadounidense es aliado del pueblo judío ni del derecho de Israel a existir como refugio frente al creciente odio antijudío.

En respuesta, Netanyahu reiteró el 23 de junio que Israel necesita “liberarse de la dependencia” de la ayuda militar de Washington. “Debemos fabricar nuestro propio armamento”, añadió. “Dónde estaremos dentro de 30 años depende de nuestra fortaleza”.

A pesar de la continua retórica beligerante entre Teherán y Washington, que incluye amenazas de descartar el acuerdo y tomar mutuas represalias, el número de buques que transitan por el Estrecho de Ormuz ha aumentado desde el 17 de junio.

Los trabajadores, los jóvenes y las nacionalidades oprimidas de Irán llevan años participando en oleadas de protestas contra el régimen de Teherán. Han sufrido el impacto mayor de la guerra, tanto por los bombardeos norteamericanos como por la represión del régimen.

Amir, dueño de un negocio en Mashhad, dijo al Guardian que una vez tuvo la esperanza de una intervención de Estados Unidos. Ahora, “me siento humillado”, afirmó. “Esto no es un alto el fuego. Es una subasta interminable de nuestra vida y nuestra sangre entre Estados Unidos y la República Islámica”.