En la edición del Militante de la semana pasada se publicó la primera parte de un artículo sobre la conferencia socialista internacional del Partido Socialista de los Trabajadores, celebrada del 11 al 14 de junio en Oberlin, Ohio. Abordaba el informe de apertura de Jack Barnes, secretario nacional del PST, en el cual dijo que hoy el PST “es proletario en su programa, en su composición social y en nuestras normas y hábitos de conducta política. Nuestro programa comunista es más fuerte que nunca”.
La actividad política y los métodos organizativos del PST, dijo Barnes, tienen como objetivo construir un partido obrero revolucionario basado en fundamentos marxistas. Un partido que, en el curso de las luchas de clases venideras, pueda convertirse en la piedra angular en torno a la cual millones de trabajadores se organicen y sean liderados en una exitosa lucha revolucionaria por el poder obrero, como parte de la batalla por un mundo socialista.
“No tenemos que crear ese partido revolucionario”, dijo Barnes. “Ya existe. Se llama el Partido Socialista de los Trabajadores. Nuestra tarea es construirlo”.
A continuación presentamos la segunda parte del artículo.
Conferencia 2026 del
Partido Socialista
de los Trabajadores
Y ROY LANDERSEN
El segundo día de la conferencia internacional del Partido Socialista de los Trabajadores se inició con una charla de Mary-Alice Waters, miembro del Comité Nacional del PST, titulada “Defender a Cuba, defender la revolución socialista de Cuba: Más a fondo en la clase trabajadora”.
Waters situó la agresiva intensificación de medidas económicas y militares que los gobernantes norteamericanos están imponiendo contra Cuba en el contexto más amplio del curso imperialista de Washington tanto a nivel doméstico como exterior y, en particular, en las Américas.
Los gobernantes de Estados Unidos están impulsando su dominio y explotación de lo que consideran “su” hemisferio. Esto incluye desde pronunciamientos de que Groenlandia debe “pertenecerles” y de anexar Canadá como estado número 51, hasta declarar que el Canal de Panamá le fue hurtado a Estados Unidos y de que el Golfo de México debe ser de aquí en más el Golfo de América, hasta apoderarse de la luna y el espacio exterior para instalar bases militares estadounidenses, reactores nucleares, explotaciones mineras comerciales y otros negocios privados.
Apenas tres días después de iniciarse el año 2026, la Casa Blanca de Trump lanzó su ataque de “conmoción y pavor” contra Venezuela, secuestrando y encarcelando al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores, su esposa. Washington ahora se prepara para someter a ambos a juicio en tribunales de Estados Unidos.
Los crecientes ataques contra la soberanía nacional de Cuba se suman a más de seis décadas de embargo comercial y financiero bipartidista de Washington, recrudecido brutalmente este año con el total bloqueo naval del suministro de petróleo a la isla. El objetivo de Washington es castigar al pueblo cubano por iniciar una revolución socialista a principios de la década de 1960, y revertir esa conquista histórica.
Las brutales medidas de este año tienen como objetivo privar al gobierno cubano de toda fuente posible de divisas, a la vez que los gobernantes norteamericanos privan al pueblo cubano de energía, alimentos, agua, y medicamentos y equipos vitales. Además, el gobierno norteamericano está intensificando sus amenazas militares y adoptando medidas políticas destinadas a preparar el terreno para una agresión armada. Esto incluye el caso amañado contra Raúl Castro, el único dirigente central de la revolución de 1959 aún vivo.

Al provocar una crisis humanitaria en Cuba, afirmó Waters, Washington está preparando el camino para crear la oportunidad de intervenir con fuerza militar bajo pretexto de “salvar al pueblo cubano”. Es decir, “salvarlo” del gobierno que ha elegido libremente durante casi siete décadas.
La Revolución Cubana, señaló Waters, ha sido blanco de “una incesante ofensiva propagandística por parte de los gobernantes de Estados Unidos y sus portavoces en ambos partidos imperialistas. Su objetivo es envenenar la mente de millones difamando a Cuba como una ‘dictadura despiadada’ y un ‘estado fallido’. Ocultan los logros de la revolución”, dijo Waters. “Amontonan mentiras y calumnias contra el ejemplo internacionalista proletario brindado por Cuba revolucionaria desde América Latina hasta Vietnam, África y más allá”.
Es vital contrarrestar estas mentiras “difundiendo la verdad a los trabajadores y a otros dondequiera que podamos alcanzarlos, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo”. Esa es la importancia política, subrayó Waters, del nuevo libro publicado por la editorial Pathfinder, Cuba y la guerra de independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde: La caída del último imperio colonial en África, del veterano dirigente revolucionario cubano Víctor Dreke.
“Los miembros y partidarios del partido ya han estado colaborando con otras personas para organizar eventos con el fin de hacer llegar este libro a trabajadores y estudiantes, alentándolos a leerlo y utilizarlo. En este sentido, ya se han celebrado importantes reuniones desde Rhode Island y Massachusetts hasta Noruega; desde La Habana y París, hasta Sídney y Montreal”, dijo Waters.
“Y apenas estamos empezando”.
Las ramas del PST y de las Ligas Comunistas realizarán muchas más actividades con este libro en los próximos meses. “Hacer campaña con él constituye una nueva y poderosa arma en defensa de la Revolución Cubana en este momento”, dijo Waters. “Dice la verdad, en las palabras de quienes lucharon y cuyas vidas fueron moldeadas por la revolución. Nos permite llegar a personas que están empezando a hacer campaña contra los ataques a la Revolución Cubana”.
En resumen, dijo Waters, esta campaña ayuda al partido a avanzar por la vía proletaria indicada en el subtítulo de su charla: “Más a fondo en la clase trabajadora”.
Igual como hemos venido haciendo desde hace más de 65 años, señaló Waters, el PST está políticamente “en las trincheras junto a los trabajadores cubanos, sus organizaciones de masas y su gobierno en la lucha por la soberanía nacional y contra las agresiones económicas y militares de cualquier tipo por parte del imperialismo norteamericano”.
¡Eso incluye iniciar y organizar protestas en las calles, dondequiera que podamos y con la mayor participación posible, para exigir que Washington saque sus manos de Cuba!
Nuestro reto más grande
El mayor reto político para los revolucionarios de todas partes, dijo Waters, es que en los últimos 67 años, desde el triunfo en Cuba, “no ha habido ni una sola revolución socialista victoriosa en ninguna parte del mundo”.
Ha habido luchas revolucionarias desde América Latina y el Caribe hasta África y Asia. Y también ha habido poderosas luchas sociales y políticas en los países imperialistas, y sobre todo el movimiento liderado por el proletariado que derribó la segregación racial de Jim Crow, señaló Waters.
“Pero, durante más de dos tercios de siglo, no ha habido nuevos ejemplos de lo que la clase trabajadora y sus aliados son plenamente capaces de lograr con un liderazgo proletario decisivo, como el de V.I. Lenin y Fidel Castro”.
Waters señaló la creciente división política de clase en Estados Unidos y el extranjero, entre el Partido Socialista de los Trabajadores y nuestros partidos hermanos por un lado, y, por el otro, las innumerables corrientes radicales de clase media que se autodenominan “de izquierda” o “socialistas”.
La mayoría de estas últimas son corrientes estalinistas, ya sea por su origen o por su evolución. En muchos casos hoy se orientan hacia la variante maoísta de esa corriente histórica contrarrevolucionaria, dijo. Otros dicen tener raíces socialdemócratas o anarquistas. “Pero, como hemos visto una y otra vez desde el nacimiento del movimiento comunista hace casi dos siglos”, dijo Waters, “los resultados de este tipo de dirección política antimarxista son siempre los mismos”.
“Su verborrea y sus acciones ultraizquierdistas no solo empujan al pueblo trabajador hacia los márgenes de la lucha de clases, como observadores o incluso como víctimas, en lugar de combatientes y dirigentes, dijo Waters. “Sobre todo, su orientación canaliza a los trabajadores hacia la política electoral burguesa, orientada a la contraproducente esperanza de ‘reformar’ el capitalismo”.
Hoy, muchas de estas corrientes convergen en torno a una compartida atracción política y glorificación del ascenso económico y militar de Beijing capitalista y de su falso Partido Comunista Chino. Más de tres décadas después de la caída de los odiados regímenes estalinistas en la Unión Soviética y Europa del Este, estas corrientes radicales pequeñoburguesas ven en China la principal alternativa a lo que perciben como el mundo “unipolar” del imperialismo norteamericano. Beijing es, a la vez, la nueva capital del “socialismo mundial” para los estalinistas y el principal acreedor del “Sur Global”: el anhelado contrapeso capitalista a la hegemonía imperialista de Estados Unidos.
A pesar de todo esto, señaló Waters, hoy no existe un nuevo resurgimiento mundial del maoísmo que sea comparable, en sentido alguno, a su apogeo entre los años 50 y 70.
Al mismo tiempo, estos acontecimientos están vinculados a una malignidad que se propaga entre las meritocráticas capas superiores de la clase media profesional y los estudiantes universitarios, subrayó Waters. “Se trata de la exaltación, al estilo estalinista, de la violencia contra los opositores políticos a quienes buscan ‘cancelar’”.
Lo novedoso hoy es la convergencia de estas corrientes con el marcado auge de organizaciones y acciones reaccionarias, islamistas y antisemitas en todo el mundo, lo que se ha acelerado desde el pogromo contra Israel del 7 de octubre de 2023.
Está aumentando nuevamente el nivel de la violencia política, o peor, el impedir el debate político. “Esa violencia nace de la debilidad y del miedo a la clase trabajadora, no de la fortaleza política”, afirmó Waters. Tales fuerzas, añadió, “se sienten cada vez más atraídas por el ejemplo de inspiración nazi de Hamás y de los escuadrones de la muerte de Hezbolá fomentados por Teherán”.
En Estados Unidos, estos “radicales” colaboracionistas de clase operan bajo la ilusión de que están haciendo algo “nuevo” al canalizar a capas de estudiantes y ex estudiantes privilegiados hacia el imperialista Partido Demócrata y su ala izquierda dedicada a captar votos. En realidad, siguen los pasos de los renegados del marxismo desde hace más de un siglo.

Desde barrios exclusivos de Manhattan en Nueva York y Park Slope en Brooklyn hasta cómodos enclaves en grandes ciudades, suburbios y centros universitarios de todo el país, estas capas de clase media inseguras desprecian a la clase trabajadora. Bajo el impacto de las crecientes crisis económicas y sociales del capitalismo, cada vez más de ellos temen ser arrojados a las filas de la clase trabajadora.
Su celebración de la política de identidad, antimaterialista y contraria a la clase trabajadora, dijo Waters, alimenta la contrarrevolución que buscan los gobernantes capitalistas contra los logros alcanzados por las luchas del movimiento por los derechos de los negros y por la liberación de la mujer.
Sin embargo, este culto de la victimización propio de la “izquierda woke” no arraiga con fuerza en la clase trabajadora, subrayó Waters. Los miembros del PST, añadió, “lo saben por su propia labor y experiencia en el trabajo. Lo sabemos por las conversaciones con nuestros compañeros de trabajo. Lo sabemos de hacer campaña puerta a puerta en barrios obreros semana tras semana, y por los intercambios y experiencias con trabajadores de todos los colores de piel, origen nacional y ambos sexos”.
“Estas actitudes, valores y conductas tienen un carácter de clase”, dijo Waters. “El término correcto para definirlos es pequeñoburgués. Para la gran mayoría de los trabajadores, son actitudes de clase ajenas”.
“Aquí también”, dijo Waters, “el ascenso de la lucha de clases y nuevas victorias de la revolución socialista acentuarán tanto la necesidad política como las oportunidades para forjar cuadros de un liderazgo de clase trabajadora, así como oportunidades para construir un partido revolucionario proletario: el Partido Socialista de los Trabajadores”.
Dos guerras en el Medio Oriente
La tercera charla de la conferencia, presentada por Steve Clark, miembro del Comité Nacional, se tituló “Irán, Israel y Estados Unidos en la época imperialista: Dos guerras en una”. La orientación militar, política y diplomática de Washington desde que lanzó su ofensiva contra Irán en febrero de 2026, dijo Clark, ayuda a los trabajadores con conciencia de clase a aclarar a otros trabajadores que se libran dos guerras distintas en el Medio Oriente.

Una de ellas es la guerra imperialista lanzada por Washington contra Irán a finales de febrero. La ampliación de la destrucción de objetivos militares e infraestructura con bombardeos, y el “daño colateral” a la población civil iraní, se han visto acompañados desde el principio por intermitentes “conversaciones de paz” con el reaccionario régimen burgués-clerical de ese país. El objetivo de los gobernantes norteamericanos, que creyeron erróneamente que se trataría de una solución rápida, es alcanzar un acuerdo de coexistencia con Teherán, así como con otros gobiernos capitalistas del Medio Oriente, que les sea ventajoso tanto económica como estratégicamente.
Lo más importante para las familias capitalistas gobernantes de Estados Unidos son sus propios intereses imperiales en recursos de petróleo y gas, otros mercados lucrativos, venta de armas y control de rutas marítimas y estrechos estratégicos en todo el mundo. Ni los objetivos bélicos de Washington ni su retórica de “paz” tienen, sin embargo, como objetivo central la defensa del derecho de Israel a existir y la prevención de otro Holocausto. Este hecho, dijo Clark, queda subrayado por el manifiesto auge de antisemitismo y de hostilidad política hacia Israel en ambos partidos imperialistas, el Demócrata y el Republicano.
Para la gran mayoría de los más de 7.2 millones de judíos que viven en Israel, así como para muchos de sus ciudadanos árabes y otros, afirmó Clark, Israel ha estado librando una guerra defensiva desde hace casi tres años. Se trata de una guerra en siete frentes, según suelen explicar, aludiendo a los grupos fuertemente armados por Teherán, repartidos por todo el Medio Oriente.
El objetivo de esta segunda guerra, dijo Clark, “es impedir otro Holocausto, como el que anunció el pogromo criminal del 7 de octubre de 2023. Esa masacre fue perpetrada por Hamás, con la plena participación de Teherán y de los ejércitos y milicias subordinados que odian a los judíos en la región, desde Hezbolá en Líbano hasta los que están en Iraq, Yemen y otros lugares”.
“La guerra defensiva de Israel está impelida, sobre todo, por el reconocimiento de que la determinación de Teherán de desarrollar armas nucleares y sistemas de lanzamiento de misiles balísticos”, dijo Clark, “es una amenaza para la propia existencia de los judíos, no solo en Israel, sino en cualquier otra parte del mundo”.
Teherán y sus ahora dañados grupos armados afiliados son también brutales enemigos de clase de los árabes, de los iraníes, kurdos y otros pueblos oprimidos y explotados por todo el Medio Oriente, añadió Clark. “Los trabajadores con conciencia política nunca deben dejar de explicar esta realidad de clase”, dijo Clark.
Estas fuerzas reaccionarias han sufrido enormes golpes a causa de las operaciones defensivas de las fuerzas israelíes desde la masacre de 2023, en la que murieron unos 1,200 judíos y otros, además de los miles que resultaron heridos y los 251 que fueron brutalmente secuestrados. Hoy, esa falange de ejércitos de odio antijudío está más débil que nunca, afirmó Clark, citando una declaración del 8 de mayo de Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí. “Pero nuestra lucha contra ellos aún no ha terminado”, fue su advertencia.
El gobierno y el pueblo de Israel están decididos a no permitir que les sea impuesta una Pax Americana —riesgosa por más que se la adorne— ni por Washington ni por su “Junta de la Paz”, organismo que incluye a gobiernos que, lejos de ser “pacificadores” de la región comparten el objetivo de eliminar la viabilidad de un estado judío en el Medio Oriente.
“Tal resultado garantizaría la capacidad de Hamás de perpetrar nuevos ‘sietes de octubre’”, dijo Clark. “Aseguraría la continuidad de los mortíferos ataques de misiles de Hezbolá contra civiles judíos y otros en Israel. Y aceleraría el despliegue, por parte de Teherán, de un arsenal nuclear con Israel como objetivo central”.
Por eso Washington está dejando cada vez más claro que considera a Israel como un obstáculo para que los gobernantes capitalistas norteamericanos alcancen sus objetivos imperiales. En abril, Trump —con toda la arrogancia y la grandilocuencia que lo caracterizan— anunció que “prohibía” a Israel bombardear objetivos de Hezbolá en Líbano. Luego, en mayo, el presidente estadounidense afirmó que Netanyahu hará “lo que yo quiera que haga”. Y a principios de junio declaró: “Yo soy quien da todas las órdenes. Netanyahu no es quien da las órdenes”.
Pero todo en vano. “Los judíos se niegan a renunciar a su propia supervivencia como pueblo”, dijo Clark.
Las clases trabajadoras, los oprimidos y el movimiento obrero de todo el mundo, subrayó, deben unirse a la lucha contra el odio a los judíos y los pogromos.
Clark recordó a los participantes el hecho, remarcado por Jack Barnes en la conferencia socialista internacional hace dos años, de que las raíces políticas de Hamás se encuentran en la campaña reaccionaria de Hitler y los nazis para la “Solución Final”, el exterminio de dos tercios de la población judía de Europa —y mucho más de un tercio de la población judía de todo el mundo— durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial.
“La intención de los dirigentes judeofóbicos del régimen de Teherán, Hamás, Hezbolá y otros”, dijo Clark, “es triunfar donde Hitler fracasó”. Ese, y solo ese, es el contenido político de la consigna, “¡Desde el río hasta el mar, Palestina será libre!”. No tiene nada que ver con las aspiraciones de libertad de los palestinos oprimidos.
Como escribió León Trotsky en diciembre de 1938: “Ahora más que nunca, el destino del pueblo judío —no solo su destino político, sino también su destino físico— está indisolublemente ligado a la lucha emancipadora del proletariado internacional”. Hoy, dijo Clark, el Partido Socialista de los Trabajadores sigue trabajando para educar y organizar a los trabajadores con conciencia de clase y al movimiento obrero de todo el mundo para actuar en función de esa realidad histórica.
Luchas en Irán
La guerra contra Irán desatada este año por Washington también frenó temporariamente las luchas de los trabajadores, las nacionalidades oprimidas y los estudiantes contra el régimen tiránico de ese país. Las movilizaciones de estas fuerzas venían aumentando, a pesar de la intensificación de las ejecuciones y la represión asesina perpetradas por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica del gobierno iraní y los Basij, sus bandas paramilitares de matones.
Ciertamente, las huelgas y protestas se han visto contenidas temporalmente debido a temores generados por la guerra, la oposición a la ofensiva imperialista contra la soberanía de Irán y el persistente terror gubernamental, dijo Clark. “Pero la resistencia continúa”.
Trabajadores petroleros, de la industria textil, camioneros, jubilados y muchos otros trabajadores se enfrentan a meses de salarios impagados, a la pérdida de empleos y a la escasez de agua, electricidad y otros artículos de primera necesidad. Las numerosas nacionalidades oprimidas de Irán y los trabajadores inmigrantes siguen enfrentándose no solo a la superexplotación, sino también a la negación de sus derechos lingüísticos y de la más elemental dignidad humana.

Clark señaló una declaración emitida el 9 de junio por una asociación de trabajadores petroleros contratados en Irán, exigiendo condiciones laborales seguras y otras demandas. “Buscamos justicia”, declararon los trabajadores petroleros. “Presionamos por nuestras demandas. Escuchen nuestros pasos acercándose”.
Los conflictos de clase, tal como los conflictos nacionales no resueltos en el Medio Oriente —en Irán, Israel, Palestina, Kurdistán y toda la región— se agudizarán inevitablemente a medida que se expandan nuevas guerras imperialistas, guerras civiles y convulsiones sociales, dijo Clark. Al igual que en Estados Unidos y el resto del mundo, los trabajadores de todos los orígenes nacionales o religiosos, idiomas o color de piel necesitan ganar fuerza y confianza revolucionaria mediante la solidaridad en la acción. Necesitan construir partidos comunistas para derrocar la dictadura de clase del capital y establecer el poder obrero en todos los países de la Tierra.
A medida que los trabajadores y los oprimidos logren superar las divisiones que parecen ancestrales y que solo benefician a las clases explotadoras, dijo Clark, empezarán los gobernantes propietarios —desde Nueva York, Londres, París y Sídney hasta los del Medio Oriente y más allá— realmente a “escuchar nuestros pasos acercándose”.
