A continuación publicamos el prefacio de La revolución y el camino a la paz en Colombia: El ejemplo de la Revolución Cubana, una colección de escritos de Fidel Castro, publicada por la editorial Pathfinder. Estará disponible por primera vez en la feria internacional del libro en Bogotá, Colombia, a celebrase del 25 de abril al 11 de mayo, y se puede ordenar de pathfinderpress.com en inglés y en español. Copyright © 2025 por Pathfinder Press. Reproducido con autorización.
La revolución y el camino a la paz en Colombia presenta lecciones políticas extraídas por Fidel Castro cuando la dirección revolucionaria cubana estaba contribuyendo a gestiones para poner fin a un conflicto armado en Colombia que había durado décadas. En 2008 la guerra entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) así como otros grupos guerrilleros en ese país había cobrado más de 220 mil vidas a lo largo de más de medio siglo.
El origen de este conflicto se remonta a una época conocida en Colombia como “La Violencia”, una sangrienta lucha faccional, de 1946 a 1958, entre las alas de la clase gobernante capitalista representadas por el Partido Liberal y el Partido Conservador. Tras verse marginado del gobierno por 16 años, el Partido Conservador ganó las elecciones presidenciales de 1946. El nuevo régimen desató una violenta represión y desalojos de tierras contra los partidarios del Partido Liberal y otras personas.
En 1948 fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán, un veterano dirigente del Partido Liberal, lo que provocó una explosión popular generalizada conocida como El Bogotazo. El joven Fidel Castro, quien casualmente se encontraba entonces en Bogotá participando en un encuentro estudiantil latinoamericano, se sumó a las protestas. Ante los ataques del gobierno y de grupos paramilitares, algunos seguidores del Partido Liberal y miembros del Partido Comunista que militaban en zonas rurales organizaron sendos grupos de autodefensa entre los agricultores, campesinos sin tierra y otros pobres del campo.
En 1954 los dos grupos guerrilleros ya habían empezado a trabajar juntos. En 1964 formaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuya posterior trayectoria bajo la dirección de Manuel Marulanda es el enfoque de gran parte de este libro. Marulanda, nacido con el nombre de Pedro Antonio Marín, había dirigido las guerrillas liberales que participaron en la fusión.
Después del triunfo revolucionario de los trabajadores y campesinos en Cuba el 1 de enero de 1959, surgieron grupos guerrilleros de distintos orígenes políticos a través de América Latina que se proponían librar una lucha armada para derrocar a regímenes capitalistas represivos. Para finales de los años 60 y principios de los 70, la mayoría de estos habían sido derrotados o se habían disuelto. Entre las organizaciones guerrilleras en Colombia estaban el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que hoy se mantiene activo, así como el Movimiento 19 de Abril (M-19), el Ejército Popular de Liberación y el Movimiento Armado Quintín Lame.
Como indica el título de este libro, los artículos, las cartas y otros escritos recogidos aquí retoman una y otra vez las lecciones sobre estrategia revolucionaria de la Revolución Cubana, una revolución cuya trayectoria y cuyos cuadros comunistas se forjaron al calor de la lucha bajo el liderazgo político de Fidel Castro:
- Cómo los trabajadores y campesinos fueron organizados y dirigidos para luchar y conquistar el poder estatal en Cuba, abriendo paso a la primera revolución socialista en América.
- Cómo el internacionalismo proletario y la ética proletaria que guiaron a Fidel y al liderazgo cubano desde el principio fueron piedra angular de su perspectiva política de recurrir a la movilización revolucionaria y a la conciencia política de clase del pueblo trabajador en Cuba.
- Cómo sentaron un ejemplo para el pueblo trabajador en toda América y a nivel mundial, incluido Estados Unidos.
- Cómo esta trayectoria del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio en Cuba contrastó rotundamente con la de las FARC y demás organizaciones guerrilleras en Colombia.
El corazón de este librito son la introducción y el epílogo que Fidel Castro escribió para una colección más amplia: La paz en Colombia, obra publicada en 2008 por la Editora Política de Cuba bajo la dirección política de Fidel. Ese libro suscitó interés a nivel mundial y se lanzó en un evento al que asistieron más de 500 personas durante la Feria Internacional del Libro en Caracas, Venezuela, en noviembre de 2008.

Además de los principales artículos de Fidel que aparecen en estas páginas, algunos capítulos de La paz en Colombia, que no se reproducen aquí, resumen escritos de Marulanda y otros dirigentes de las FARC sobre los antecedentes de esa organización y su trayectoria política. Narran episodios sobre las iniciativas del liderazgo cubano a través de los años para ayudar a negociar el fin de la guerra entre el gobierno y las organizaciones guerrilleras en Colombia. Y relatan las conversaciones, destinadas a lograr ese objetivo, de dirigentes del gobierno y del Partido Comunista de Cuba con altos dirigentes de las FARC, del ELN y del M-19, así como representantes del gobierno colombiano. El lector encontrará más adelante en este prefacio, y también en la introducción y el epílogo de Fidel Castro a La paz en Colombia, una descripción de otros materiales incluidos por el dirigente cubano en esa obra.
Esta colección de la editorial Pathfinder —La revolución y el camino a la paz en Colombia: El ejemplo de la Revolución Cubana— comienza con un discurso que Castro pronunció en 1958. Fue transmitido por Radio Rebelde, la emisora del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra durante la guerra revolucionaria para derrocar a la tiranía, apoyada por Washington, de Fulgencio Batista. Castro hace hincapié en el trato respetuoso y humanitario de los revolucionarios hacia los soldados de las fuerzas armadas de Batista que se rendían o que al ser heridos eran capturados por el Ejército Rebelde. Esta conducta subraya el historial consecuente que distingue a la dirección comunista en Cuba.
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Esta selección también incluye dos breves artículos de Fidel Castro publicados en julio de 2008 en Granma, diario del Partido Comunista de Cuba, que sientan las bases políticas para los temas que él desarrolla en La paz en Colombia.
Fidel escribió estos artículos inmediatamente después de que tropas del ejército colombiano rescataran a 15 rehenes de las FARC en julio de 2008. Entre los liberados estaban Ingrid Betancourt, secuestrada en 2002 mientras hacía campaña como candidata a la presidencia de Colombia; 11 soldados y policías colombianos; y tres ciudadanos estadounidenses.
Castro condenó el brutal operativo militar que tres meses antes el gobierno colombiano había realizado con la complicidad de Washington. Denunció al régimen por bombardear “un campamento en suelo ecuatoriano donde dormían guerrilleros colombianos y jóvenes visitantes de diversas nacionalidades”. Condenó los “tiros de gracia a los heridos y secuestros de cadáveres”. Esos ataques, dijo, eran parte de los intentos de Washington de explotar los secuestros en Colombia para promover sus propios intereses imperialistas en Venezuela, Bolivia y otros países de América Latina.
Fidel también explicó su discrepancia de larga data con la trayectoria política de Manuel Marulanda, quien también había sido un dirigente central del Partido Comunista de Colombia hasta que las FARC se separaron del PC en 1993. Marulanda había muerto en marzo de 2008.
Al observar que Marulanda “inició su resistencia armada hace 60 años”, Castro dijo que el dirigente de las FARC “concebía una larga y prolongada lucha, un punto de vista que yo no compartía”. Agregó que “nunca tuve la posibilidad de intercambiar con él”.
El Partido Comunista de Colombia, “como todos los de América Latina, estaba bajo la influencia del Partido Comunista de la URSS [Unión Soviética] y no del de Cuba”, dijo Castro. Nunca “se propuso conquistar el poder con las armas”. La guerrilla que el Partido Comunista organizó había sido desde el principio “un frente de resistencia, no el instrumento fundamental de la conquista del poder revolucionario, como ocurrió en Cuba”.

Bajo la dirección de Fidel Castro, el Ejército Rebelde y el Movimiento 26 de Julio actuaron con la convicción de que una auténtica revolución solo era posible con la masiva participación del pueblo trabajador, organizado independientemente de todos los partidos burgueses en Cuba. Fidel dirigió una creciente fuerza guerrillera —el Ejército Rebelde, compuesto en su gran mayoría de trabajadores y campesinos explotados— en una lucha que derrotó a las poderosas fuerzas del ejército y la policía de una dictadura respaldada por Washington y estableció un gobierno popular revolucionario. El apoyo de las masas trabajadoras —de las ciudades y del campo por igual— a la lucha revolucionaria se extendió por toda Cuba. La caída del régimen de Batista el 1 de enero de 1959 ocurrió apenas dos años después del primer combate del Ejército Rebelde.
Utilizando su nuevo gobierno revolucionario, los trabajadores, campesinos y obreros agrícolas empezaron a transformarse a medida que trabajaban y luchaban hombro a hombro para transformar las condiciones sociales y relaciones de propiedad en su país.
- Se movilizaron para erradicar el analfabetismo en el espacio de un año y realizaron una extensa reforma agraria.
- Se sumaron a brigadas voluntarias que construyeron viviendas, clínicas, escuelas, centros de cuidado infantil y otras necesidades apremiantes.
- Formaron milicias populares para defender sus conquistas políticas y sociales frente a los ataques organizados por Washington.
- Ante las crecientes agresiones de los capitalistas extranjeros y nacionales, expropiaron las fábricas y plantaciones de propiedad norteamericana, y luego las propiedades de los explotadores cubanos.
- Desde sus primeros días en el poder, se solidarizaron con los que combatían la opresión y explotación imperialista alrededor del mundo.
La revolución socialista en Cuba propició la revitalización de un liderazgo marxista, auténticamente comunista, a nivel de masas por primera vez desde la Revolución Bolchevique de octubre de 1917 en Rusia bajo V.I. Lenin.
En La paz en Colombia, Castro también expresó su fuerte desacuerdo con la práctica de las FARC de tomar a civiles como rehenes y con su trato de prisioneros. “Es conocida mi oposición a cargar con los prisioneros de guerra, a aplicar políticas que los humillen o someterlos a las durísimas condiciones de la selva”, dijo. “Tampoco estaba de acuerdo con la captura y retención de civiles ajenos a la guerra”.
Durante la guerra revolucionaria en Cuba, escribió Fidel, “entregábamos a la Cruz Roja Internacional a los soldados y oficiales capturados en cada batalla”. De lo contrario, dijo, “jamás se rendirá” un soldado de las fuerzas armadas del enemigo de clase.
La coherencia de esa orientación política se confirmó en dos cartas que Fidel escribió en 1983, publicadas por primera vez en La paz en Colombia en un capítulo titulado, “El valor de los principios”. Esas cartas, dirigidas al presidente colombiano Belisario Betancur, condenaban el secuestro del hermano de Betancur por el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Ambas cartas se reproducen en este libro.
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En noviembre de 2012, cuatro años después de la publicación de La paz en Colombia, las iniciativas del gobierno cubano condujeron a las primeras negociaciones entre las FARC y el gobierno colombiano. Con el acuerdo de ambas partes, las conversaciones se realizaron en La Habana. Los gobiernos de Cuba y Noruega sirvieron de anfitriones y garantes.
En sus artículos de julio de 2008 en Granma, Fidel había afirmado que la dirección cubana estaba “a favor de la paz en Colombia”. La meta de lograr “la verdadera paz, aunque lejana y difícil”, es la que “durante tres décadas Cuba ha defendido en esa nación”.
Al mismo tiempo, Fidel dijo que Cuba nunca apoyaría “la Paz Romana que el imperio pretende imponer en América Latina”. Por esa razón, recalcó, no proponía que las FARC depusieran las armas.
En 2016 el gobierno colombiano y las FARC firmaron un “Acuerdo final para poner fin al conflicto”.
Las negociaciones con el ELN fueron suspendidas en 2019 por el presidente colombiano Iván Duque. Fueron reiniciadas en 2022 por el nuevo presidente, Gustavo Petro, y suspendidas otra vez por el gobierno en enero de 2025, cuando el ELN reanudó sus combates.
Con inigualable hipocresía imperial, los gobernantes norteamericanos han mentido sobre el papel político que el gobierno cubano ha desempeñado para facilitar las negociaciones con el ELN. Sus mentiras son un pretexto para redoblar sus incesantes intentos de aplastar el ejemplo que el pueblo cubano y su liderazgo sentaron al hacer una revolución socialista. Desde el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, estos implacables ataques han incluido la agresión militar directa durante los primeros años, las actividades terroristas lanzadas por grupos contrarrevolucionarios desde territorio norteamericano y más de seis décadas de sanciones económicas contra el gobierno y el pueblo de Cuba.
Todas las administraciones norteamericanas, tanto demócratas como republicanas, han llevado a cabo esta política, incluidas las de Donald Trump y de Joseph Biden. Como parte de esta brutal guerra política, económica y diplomática, Washington ha colocado a Cuba en su lista de “Estados Patrocinadores del Terrorismo”. Esta infame medida impone sanciones aún más sofocantes, obstruyendo el acceso que tiene Cuba al sistema bancario y crediticio mundial. Eso a su vez limita su posibilidad de importar materias primas, combustible, medicamentos y alimentos esenciales, lo cual agrava severamente las dificultades para el pueblo cubano.
Como pretexto para mantener al gobierno cubano en su lista de “terroristas”, el gobierno norteamericano alega cínicamente que La Habana rechazó la demanda del gobierno de Duque de extraditar a los representantes del ELN que habían viajado a Cuba para las negociaciones de paz. Los dirigentes cubanos respondieron explicando que el acatar esa demanda sería una completa violación de los protocolos aceptados por todas las partes. El gobierno de Noruega —que al igual que Cuba fue uno de los cuatro garantes de las negociaciones— respaldó la posición cubana de no extraditar a los dirigentes del ELN.
En 2022 el gobierno colombiano del presidente Gustavo Petro retiró la petición de extradición y reanudó las conversaciones con el ELN. El Congreso de Colombia otorgó una condecoración al gobierno de Cuba por sus gestiones desinteresadas a favor de poner fin al conflicto armado. Esto representó un nuevo golpe contra la calumnia propagada por Washington de que el gobierno revolucionario cubano es un “patrocinador estatal del terrorismo”.
Sin embargo, Cuba permanece hasta la fecha en la lista de Washington.
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La revolución y el camino a la paz en Colombia: El ejemplo de la Revolución Cubana concluye con dos artículos de las páginas del Militante, un semanario socialista publicado en Nueva York.
Uno es una réplica al artículo escrito por el conocido académico James Petras en 2008. La polémica de Petras fue intencionadamente titulada, “Fidel Castro y las FARC: Ocho tesis erróneas de Fidel Castro”.
El otro es una charla que Mary-Alice Waters, dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores en Estados Unidos, dio en 2023. Ella subraya la coherencia de principios de la trayectoria comunista de Fidel Castro a lo largo de décadas. El título de la charla capta uno de los hilos conductores de estas páginas: “El internacionalismo proletario no solo es una política exterior, es una expresión de la revolución misma”.
“Si bien Fidel pertenece en primer lugar al pueblo trabajador de Cuba”, dice Waters, “también pertenece a los pueblos oprimidos y explotados de todo el mundo”.
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Para facilitar la lectura de La revolución y el camino a la paz en Colombia, al final del libro aparecen una cronología y un glosario que identifican términos, lugares, individuos y sucesos.
Al preparar La paz en Colombia, Fidel decidió que comenzara con dos documentos programáticos fundamentales de la revolución socialista cubana emitidos en 1960 y en 1962. “Desde muy temprano”, escribió en su breve introducción al libro, “en acto masivo, el pueblo de Cuba envió su mensaje, en la Primera y Segunda Declaración de La Habana, a los pueblos hermanos de América Latina”.
Fidel presentó La Segunda Declaración de La Habana en febrero de 1962 ante una concentración de más de un millón de personas. Trabajadores y campesinos llegaron a La Habana desde toda la isla para repudiar las amenazas que, una semana antes, la Organización de Estados Americanos —el “ministerio de colonias yanqui”, según la tildaban— había lanzado contra la revolución.
La conquista del poder obrero es necesaria no solo en Cuba, proclamó audazmente la Segunda Declaración de La Habana, sino en todos los países de América. Lo que a las clases dominantes capitalistas “los une y los concita”, afirmó, es “el miedo a que los pueblos saqueados del continente arrebaten las armas a sus opresores y se declaren, como Cuba, pueblos libres de América”.
“El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, recalcó la declaración. En todas partes del continente americano, incluido Estados Unidos, y en todo el mundo.
De eso se trata el presente libro. Ante todo, de eso se trata la Revolución Cubana y es eso lo que han cumplido los millones de trabajadores que hicieron esa revolución y la siguen defendiendo.
abril de 2025
