Cuba defiende su revolución ante amenazas de Washington

Por Róger Calero
16 de febrero de 2026
Decenas de miles de estudiantes, trabajadores jóvenes y soldados marcharon en La Habana el 27 de enero en contra de las amenazas imperialistas a la revolución socialista cubana.
Ricardo López HeviaDecenas de miles de estudiantes, trabajadores jóvenes y soldados marcharon en La Habana el 27 de enero en contra de las amenazas imperialistas a la revolución socialista cubana.

“Este no es un acto de nostalgia, es un llamado a la acción”, dijo Litza González, presidenta de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), a decenas de miles de estudiantes, jóvenes trabajadores y soldados que marcharon desde la Escalinata de la Universidad de La Habana a través de la ciudad el 27 de enero.

La anual marcha de antorchas rinde homenaje a la vida de José Martí, el héroe nacional que en 1895 lideró la guerra de independencia de Cuba contra el dominio colonial español. La marcha es una orgullosa demostración del legado cubano de lucha revolucionaria contra la dominación imperialista. Este año, también fue una muestra de desafío a las crecientes amenazas de los gobernantes estadounidenses contra el pueblo cubano y su revolución socialista.

Dos días después, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva autorizando sanciones contra cualquier país que suministre petróleo a Cuba. Precediendo esta medida, Washington ya había bloqueado dos semanas antes el suministro de petróleo de Venezuela a Cuba, amenazando al gobierno cubano con “llegar a un acuerdo, antes de que sea demasiado tarde”.

Durante más de 60 años, Cuba ha sido objeto de una implacable guerra económica y política sin precedente por parte del gobierno estadounidense. Mantenidas por igual bajo administraciones demócratas y republicanas, las drásticas medidas de Washington obstaculizan la capacidad de Cuba de comprar de Estados Unidos y otros países tanto combustible como alimentos, suministros médicos y otros artículos esenciales.

Como consecuencia directa de esto, los cortes de electricidad ya son cotidianos y la mayoría de la gente solo tiene electricidad unas pocas horas al día. Cortando el suministro de petróleo, la administración de Trump aspira doblegar al pueblo cubano y obligarlo a someterse a sus dictados.

Como justificación para los últimos ataques, la Casa Blanca dice que Cuba representa una “inusual y extraordinaria amenaza” a la seguridad nacional de Estados Unidos.

“Bajo pretexto mendaz y vacío de argumentos” el presidente Trump pretende asfixiar la economía cubana, dijo Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba el 30 de enero.

Cuba es “un país de paz, solidario y cooperativo” dice una declaración del gobierno cubano el 30 de enero. Es “también un país de un pueblo aguerrido y combatiente. Se confunde el imperialismo cuando confía en que, con la presión económica y el empeño en provocar sufrimiento a millones de personas, se va a doblegar su determinación de defender la soberanía nacional”.

Desde el sangriento ataque de Washington contra Venezuela el 3 de enero y el secuestro del presidente Nicolás Maduro —una flagrante violación de la soberanía de ese país— varias acciones multitudinarias se han producido en toda la isla.

Medio millón de cubanos en toda la isla marcharon el 18 de enero para rendir homenaje a los 32 combatientes cubanos que murieron combatiendo contra el ataque estadounidense a Venezuela. Unidades del ejército y milicias populares realizaron ejercicios militares en varias provincias a finales de enero. Los sindicatos y organizaciones de masas organizan reuniones para prepararse ante cualquier posible ataque militar y organizar renovados esfuerzos para aumentar la producción de alimentos y otros artículos esenciales.

“No aceptamos cadenas nuevas ni viejas”, dijo González, presidenta de la FEU. Al igual que la generación que organizó la primera marcha de antorchas liderada por Fidel Castro desde la universidad en 1953, “Nuestra generación, como aquella hace 73 años, no se rinde ni se vende”.

Aquella marcha del 27 de enero de 1953 fue la primera gran acción callejera en contra de la dictadura de Fulgencio Batista, que había tomado el poder mediante un golpe militar el año anterior. La Generación del Centenario, como se llamó esa generación de trabajadores y estudiantes, se negó a aceptar la tiranía y la corrupción que marcaban a Cuba. Bajo el liderazgo de Fidel Castro, del Movimiento 26 de Julio y del Ejército Rebelde, libraron una lucha revolucionaria de seis años que derrocó la dictadura y abrió paso a una revolución socialista. Unos 20 mil cubanos habían pagado con su vida cuando finalmente Batista huyó del país el 1 de enero de 1959.

Los gobernantes estadounidenses buscan “retornar al pasado utópico y romantizado que solo en su imaginario puede existir, y al poder que la revolución les terminó quitando, decía una columna del 31 de enero en Girón, el periódico provincial de Matanzas.

Revolución socialista en la mira

Los gobernantes estadounidenses saben que cualquier intento de realizar una operación militar de “precisión quirúrgica” en Cuba, como la que realizaron en Venezuela el 3 de enero, no tendrá los mismos resultados.

“Si los americanos ponen un pie en suelo cubano, el resultado no será como el de su cobarde emboscada contra nuestros combatientes en Venezuela”, dijo el dirigente revolucionario cubano Víctor Dreke a la BBC el mes pasado. “Aquí las cosas serán diferentes”. Dreke fue un combatiente en la guerra revolucionaria que derrocó la dictadura de Batista. Desde entonces, ha asumido importantes responsabilidades de liderazgo, incluyendo en las misiones internacionalistas cubanas que brindaron ayuda a las luchas de liberación nacional en África.

“Estados Unidos busca activamente un cambio de régimen en Cuba para fin de año”, se titulaba un artículo del Wall Street Journal del 22 de enero. Reportaba que funcionarios estadounidenses, envalentonados tras la destitución de Maduro, están “buscando a personas dentro del gobierno cubano que puedan ayudar a alcanzar un acuerdo” para expulsar el régimen.

Este solo sería uno más en la larga lista de intentos de los gobernantes estadounidenses que han subestimado la conciencia de clase de millones de trabajadores y agricultores cubanos.

“Tenemos problemas; sabemos que tenemos muchos problemas”, dijo Yadián Silva, taxista, a Associated Press. “Pero cuando suceden cosas en Cuba, es porque la gente verdaderamente siente que deben suceder. No porque alguien de afuera te diga: ‘hazlo’”.

La columna de Girón también tenía una respuesta a los funcionarios estadounidenses citados en el Journal: “Antes de celebrar y elucubrar sueños de erigir casinos y McDonald’s en La Habana, deberían entender que, por más altisonante que pueda ser su discurso a oídos de un pueblo desgastado por las carencias materiales, por más atrayentes que puedan resultar sus promesas de futuro entre las múltiples víctimas que se ha cobrado la desesperanza, algo cala más que sus consignas huecas”.