Buscando repetir los logros obtenidos en Venezuela con su diplomacia de cañoneras, el presidente Donald Trump ha enviado una armada al Medio Oriente. Espera que la amenaza de una acción militar convenza a Teherán a desistir de su programa de armas nucleares, limitar su arsenal de misiles y cesar su apoyo a lo que llama su eje de resistencia.
Inicialmente Trump dijo que enviaba los barcos para apoyar a los manifestantes en Irán, pero eso fue solo un pretexto.
Masoud Pezeshkian, presidente iraní, dijo que Teherán está dispuesto a negociar siempre que exista un entorno “libre de amenazas y expectativas irrazonables”. Abbas Araghchi, ministro de relaciones exteriores, dijo a CNN que confía “en que se pueda lograr un acuerdo” y “garantizar que no haya armas nucleares”.
Al mismo tiempo, el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán —el verdadero poder gobernante en Irán, no el parlamento elegido— advirtió que cualquier ataque contra Irán desencadenaría una “guerra regional”.
Moscú ha ofrecido custodiar el uranio enriquecido de Irán, como se hizo en el acuerdo anterior negociado por la administración de Barack Obama, pero que no impidió que Teherán avanzara en la producción de un arma nuclear.
Trump, al igual que con sus otras medidas en el Medio Oriente —como imponer en Gaza un alto el fuego impidiendo que Israel completara su derrota de Hamás e invitando a gobiernos de la región a formar parte de su “Junta de Paz” para Gaza, así como su abandono de los kurdos en Siria para formar un bloque con el nuevo régimen de Al-Sharaa— busca forjar una Pax Americana que incluya a los gobernantes de Teherán. Su meta es consolidar la posición del imperialismo estadounidense como potencia dominante en el Medio Oriente, obteniendo híper ganancias del petróleo y otros recursos de la región y frenando el avance de Beijing, su principal rival.
Con la llegada del portaaviones USS Abraham Lincoln transportando 5 mil soldados, Washington cuenta ahora con por lo menos 12 buques de guerra en la región. También envió más de 36 aviones adicionales, incluidos cazas. Antes de su llegada, ya había unos 40 mil efectivos estadounidenses en 8 bases permanentes y otras 11 instalaciones en la región.
Teherán había acordado que Araghchi se reuniera en Turquía el 6 de febrero con Steve Witkoff y Jared Kushner, los enviados estadounidenses. El gobierno turco, alentado por Washington, había invitado a representantes de Pakistán, Arabia Saudita, Qatar, Egipto, Omán y los Emiratos Árabes Unidos a participar como observadores, con el fin de presionar a Teherán a hacer concesiones y evitar una guerra.
Pero el 3 de febrero, Teherán insistió en que las conversaciones se celebraran en Omán, con solo la presencia de negociadores estadounidenses e iraníes, con discusión limitada a su programa de armas nucleares.
Las tensiones en la región son elevadas. Ese mismo día, un avión del Abraham Lincoln derribó un dron iraní que, según el Pentágono, se había acercado de forma “agresiva” al portaaviones.
Los opositores al régimen de Teherán dentro de Irán se han pronunciado en contra de las amenazas bélicas de Washington. La Unión Libre de Trabajadores Iraníes advirtió que, lejos de ayudar en la lucha contra el régimen, una intervención militar extranjera sería un acto “destinado a decapitar la formación de un Irán democrático y libre”.