Con la llegada de 2 mil efectivos de la 82 División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos, los gobernantes norteamericanos ahora cuentan con más de 50 mil soldados en el Medio Oriente, listos para intensificar la guerra contra Irán.
Su uso se irá concretando en los próximos días. Sin embargo, esta cifra es muy inferior a los 250 mil efectivos desplegados en la “coalición de los dispuestos”, liderada por Washington, que en 2003 invadió Iraq; un país con la mitad de la población de Irán y una cuarta parte de su tamaño. Pero los gobernantes norteamericanos —esta vez sin el respaldo de sus “aliados” imperialistas del Reino Unido, Francia o Alemania— disponen de armas mucho más avanzadas y letales que las que existían en 2003, al igual que el régimen de Teherán, aunque en menor medida.
En 2003, las fuerzas norteamericanas se enfrentaron a un ejército de reclutas desmoralizados en un Iraq brutalmente gobernado por Saddam Hussein. La principal fuerza militar de Teherán es el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una entidad híbrida. Está compuesta tanto por reclutas como por voluntarios —incluyendo algunos con experiencia en las operaciones militares expansionistas del régimen en Líbano, Siria e Iraq— así como por combatientes especializados que son utilizados para aterrorizar al pueblo trabajador.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria posee industrias clave —incluyendo de telecomunicaciones, empresas de construcción y contratistas petroleros— obteniendo ganancias de la explotación de los trabajadores. Sus matones paramilitares, conocidos como el Basij —que desempeñan un papel importante en la represión de los manifestantes— son especialmente odiados por el pueblo trabajador y las nacionalidades oprimidas en Irán. Los cuadros del Cuerpo son adoctrinados en la ideología del régimen, basada en el odio antijudío y la demonización de Israel.
Washington no está librando una guerra en defensa del pueblo iraní, ni en apoyo a sus desafíos al régimen reaccionario, ni en defensa de Israel como refugio para los judíos, sino para asegurar la posición dominante del imperialismo norteamericano en el Medio Oriente y continuar saqueando petróleo, gas, mano de obra y otros recursos de la región.
Donald Trump y su administración han hecho declaraciones contradictorias sobre sus próximos pasos. El 30 de marzo, el presidente Trump dijo que se había logrado un “gran avance” en la negociación para poner fin a la guerra; luego amenazó a Teherán diciendo que si no accede a sus exigencias, “concluiremos nuestra encantadora ‘estancia’ en Irán bombardeando y arrasando por completo todas sus centrales de generación eléctrica, pozos petroleros y la isla de Kharg”.
Estos no son objetivos militares. Su destrucción sería desastrosa para el pueblo de Irán, que lleva años luchando para quitarse de encima la bota del reaccionario régimen burgués-clerical.
Teherán ha atacado buques que entran al Estrecho de Ormuz sin su permiso, provocando conmoción económica a nivel mundial. Aproximadamente el 20% del gas y petróleo del mundo transita por ese estrecho, junto con cerca del 30% de los productos químicos necesarios para producir fertilizantes. Esto ya está teniendo un gran impacto en los agricultores de muchas partes del mundo, justo cuando comienza la temporada de siembra.
Israel, aunque coordina sus acciones con las fuerzas norteamericanas, está librando una guerra cualitativamente diferente. Su objetivo no es el saqueo de los recursos naturales del Medio Oriente, sino defender la existencia de Israel como refugio frente al odio antijudío y los pogromos.
Desde que Hamás asesinó a 1,200 personas en Israel el 7 de octubre de 2023, en el mayor pogromo antijudío desde el Holocausto nazi durante la Segunda Guerra Mundial, Israel ha estado librando una guerra en múltiples frentes contra el denominado “eje de resistencia” de Teherán. Este incluye a Hamás en Gaza, a Hezbolá en Líbano, a los hutíes en Yemen y a los grupos terroristas organizados por Teherán en Iraq.
A lo largo de los últimos dos años, Israel ha asestado golpes a Teherán, Hezbolá y Hamás. Sin embargo, desde que Washington impuso un alto el fuego y presionó a Israel para que desistiera de realizar nuevos ataques, Hamás y otros grupos han estado reconstruyéndose y asestando golpes a cualquiera que los desafíe. Están planeando nuevos ataques destinados a destruir Israel y a eliminar a los judíos que viven allí.
Los blancos principales de Teherán en Israel han sido los barrios civiles, principalmente usando bombas de racimo.
Iraníes enfrentan guerra, represión
El mayor temor del régimen burgués-clerical de Irán no es Washington, sino la profunda oposición a su dominio en el seno de la clase trabajadora. Tan pronto como comenzó la guerra, matones del Basij establecieron puestos de control para detener e interrogar a los transeúntes. Sin embargo, al no encontrar suficientes voluntarios para cubrir estos puestos —lo que indica una merma en el apoyo— la Agencia Fars News anunció que la organización está reclutando voluntarios de tan solo 12 años de edad.
La policía y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria siguen deteniendo a activistas sindicales. El Comité Coordinador de Sindicatos de Maestros de Irán denunció los recientes arrestos de dirigentes sindicales en Aligudarz, Kermanshah y Teherán. Siamak Sadeghi Chehrazi, miembro del Sindicato de Maestros de Juzestán fue detenido el 28 de marzo. ¿El cargo? Intentar eludir el bloqueo del acceso a internet impuesto por el régimen.
Aunque los bombardeos y ataques con drones dificultan la protesta de trabajadores iraníes contra estas condiciones, la oposición al régimen sigue extendiéndose.
