Hay innumerables ejemplos de cómo los trabajadores y agricultores cubanos se están uniendo para hacer frente a los brutales efectos de la guerra económica de Washington y defender los logros de su revolución socialista. Lo están haciendo con el ingenio, la creatividad y solidaridad que esa revolución ha engendrado.
Un ejemplo de ello son los obreros ferroviarios que construyen y mantienen un sistema de ferrobuses que prestan servicio a comunidades rurales, muchas de las cuales no tienen ningún otro medio regular de transporte.
Con el transporte público prácticamente paralizado debido a la falta de combustible y repuestos, los cubanos de toda la isla están recurriendo a bicicletas, triciclos y vehículos eléctricos y hasta coches de caballos para el transporte y para mantener en marcha la producción y los servicios esenciales. La crisis del transporte fue acelerada por la orden ejecutiva de la administración de Donald Trump que amenaza con imponer aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a Cuba.
Defienden logros en áreas rurales
Los esfuerzos de los trabajadores ferroviarios se basan en los logros alcanzados tras el derrocamiento de la dictadura de Fulgencio Batista el 1 de enero de 1959, la cual contaba con el apoyo de Washington. Los carahatas —autobuses adaptados para rodar sobre vías férreas— desempeñaron entonces un papel fundamental para cerrar la brecha en las condiciones de vida entre los trabajadores de la ciudad y el campo, una meta de la revolución socialista.
La red ferroviaria —cuyo propósito principal había sido conectar los centrales azucareros con los cañaverales y los asentamientos de trabajadores (para abastecer de caña a los centrales azucareros y llenar las arcas de sus propietarios)— adquirió entonces un propósito social: brindar transporte a estos sectores históricamente marginados, acompañado de otros avances como el acceso a la electricidad, la salud y educación. Por primera vez los trabajadores y campesinos tuvieron la oportunidad de participar de manera significativa en la vida social y política.
A lo largo de las décadas, este servicio esencial ha menguado drásticamente, a medida que la posibilidad de adquirir nuevos equipos, repuestos y otros materiales necesarios para el mantenimiento de las vías y el equipo fue cada vez más obstaculizada por las sanciones económicas, comerciales y financieras impuestas por Washington como parte de sus esfuerzos para derrocar la revolución socialista.
A partir de 2010 el Ministerio del Transporte de Cuba puso en marcha un proyecto para reconstruir la industria ferroviaria. Esto incluía el “Proyecto Birán”, nombrado en honor al pequeño poblado rural situado en las áreas montañosas de la provincia de Holguín, donde residió la familia de Fidel y Raúl Castro. El plan consistía en reparar las vías que conducían a estos pueblos rurales y sustituir los antiguos carahatas por una flota de ferrobuses modernos de fabricación rusa.
Pero el embargo estadounidense y otros obstáculos hicieron imposible la adquisición de los ferrobuses rusos. No obstante, los trabajadores de la empresa nacional ferroviaria estaban decididos a seguir adelante.
Con el ingenio de los trabajadores
La inteligencia de los trabajadores “se sobrepone a la obsolescencia tecnológica y la carencia de recursos”, dijo un reportaje de TV Camagüey en mayo de 2021 sobre la transformación de autobuses viejos, retirados de servicio por falta de repuestos, en una nueva versión de los carahatas. Uno de los autobuses, un Yutong de fabricación en china, fue nombrado “El Mayor” por los trabajadores, tanto por su tamaño como por el grado de compromiso necesario para lograr ponerlo en marcha.
El proyecto, que se lleva a cabo también en otras provincias, involucra a trabajadores ferroviarios jubilados que, aportando sus habilidades técnicas, trabajan codo con codo con trabajadores jóvenes y de menos experiencia. Muchos de ellos forman parte de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), un movimiento iniciado en los años 60 por el dirigente cubano Ernesto Che Guevara. Este grupo surgió a raíz de los esfuerzos de Guevara, al frente del Ministerio de Industrias, para movilizar a trabajadores y campesinos para resolver la paralizante escasez de repuestos y materias primas, tras el inicio del embargo económico de Washington contra Cuba por la administración de John F. Kennedy en 1962.
“El propio pueblo participa en la recuperación de los tramos de vías”, dijo a la televisión cubana Camilo Chávez Molina, ingeniero de uno de los talleres del ministerio en Holguín, “y prácticamente es una fiesta cuando se incorpora un equipo de estos al servicio”.
“Estoy orgulloso de haber trabajado duro en este cochemotor”, dijo Carlos Hernández, maquinista en Holguín, a Canal Caribe TV en febrero de 2025, mientras salía de los talleres a bordo de un vagón ya terminado. “Es en concepto de los niños, los universitarios, a los compañeros que van a las consultas médicas de un municipio a la provincia”.
La solidaridad vence la adversidad
Los carahatas “rebasan la definición inicial”, escribió Germán Veloz, corresponsal en Holguín del diario cubano Granma el 23 de enero. Se utilizan, por ejemplo, como ambulancias para trasladar a enfermos o a mujeres a punto de dar a luz. Desde que Washington decidió interrumpir el suministro de petróleo a Cuba, las cooperativas agrícolas y otras instituciones dependen cada vez más de estos ferrobuses para transportar todo tipo de materiales, desde medicamentos hasta alimentos básicos, en las áreas remotas.
Considerado un servicio esencial, el gobierno suministra a los ferrobuses cierta cantidad de diésel de manera regular. Pero cuando esto no es posible, “la solidaridad es ariete que embiste y pulveriza adversidades”, dice Veloz. Las cooperativas agrícolas y otras instituciones locales acuden al rescate, ofreciendo parte del escaso combustible que tienen, “porque el beneficio se extenderá a mucha gente”.
Las paradas a lo largo de una de las rutas en Holguín alcanzaron fama mundial gracias a la canción “Chan Chan”, interpretada por Buena Vista Social Club. “De Alto Cedro voy para Marcané; llego a Cueto voy para Mayarí”, dice la letra. La canción está disponible en línea para que la disfrute.
