FRESNO, California — Más de 100 miembros del sindicato de trabajadores agrícolas UFW, y partidarios a lo largo del Valle Central se congregaron en el tribunal federal de esta ciudad el 18 de marzo para exigir el fin de los drásticos recortes salariales impuestos por el gobierno a trabajadores con visas H-2A.
Se les unieron algunos trabajadores agrícolas de Georgia, Washington y Oregón. Los trabajadores portaban carteles y pancartas que decían, “Protejan mi salario” y “Detengan recortes salariales de 2,400 millones de dólares al año”. Los conductores pasando frente al tribunal tocaban bocina en señal de apoyo a los manifestantes alineados en la acera agitando carteles y banderas del sindicato.
Esta fue la primera audiencia sobre una demanda presentada en noviembre por el sindicato y la Fundación UFW, de impugnación de las nuevas regulaciones del Departamento de Trabajo solicitando que estas sean suspendidas y se ponga límite al número de visas H-2A expedidas, para proteger el empleo de los trabajadores de la zona. Está todavía pendiente una decisión.
De los aproximadamente 800 mil trabajadores agrícolas en este estado, entre 40 y 45 mil son trabajadores procedentes de México y otros países que cuentan con permiso gubernamental para trabajar en la agricultura de forma temporal. Aunque los salarios varían según el estado, el impacto de las nuevas normas y tarifas salariales implica una reducción salarial generalizada. Los agricultores capitalistas y los dueños de las empacadoras pueden ahora deducir hasta 3 dólares por hora para cubrir el alojamiento y el transporte del trabajador.
Antes de las nuevas normas, a los trabajadores con visas H-2A en California “se les garantizaba un salario de 19.32 dólares por hora, con alojamiento y transporte incluidos,” dice el UFW en su sitio web. “Ese salario se redujo a 17.13 dólares por hora, con alojamiento y transporte deducidos”.
Teresa Romero, presidenta del UFW, habló en la manifestación frente al tribunal. El recorte en los salarios de los titulares de visas H-2A es un ataque no solo contra trabajadores agrícolas, o contra los inmigrantes, sino un ataque contra toda la clase trabajadora, afirmó.
“Según los propios cálculos del gobierno, los recortes salariales transfieren un mínimo anual de 2.460 millones de dólares de trabajadores a empleadores y representarían una de las mayores transferencias de riqueza de trabajador a patrón en la historia agrícola de Estados Unidos”, explica el sitio web del sindicato.
Isabel Panfilo trabaja en la recolección de fresas cerca de Oxnard, en el sur de California, y es una de los 18 demandantes en el litigio. “Es importante que todos los trabajadores agrícolas sepan que este recorte salarial no solo afecta a los trabajadores con visas H-2A, sino que nos afecta a todos”, dijo en la manifestación. El año pasado, “ganaba más de 19 dólares por hora en la empresa. Este año, regresé al mismo trabajo. Hago las mismas tareas de recolección de fresas que hacía el año pasado. Pero este año nos están pagando 16.90 dólares por hora, el salario mínimo estatal”. Panfilo, ciudadana norteamericana, añadió: “Esto no alcanza para cubrir mis gastos”.
“Solíamos recibir 50 dólares por cajón de mandarinas, y ahora nos pagan 35”, dijo al Militante Marta Montiel, de McFarland, atribuyendo esto a la competencia con trabajadores que los patrones contratan con salarios más bajos. Señaló que las agencias que contratan personal para Halo, la gran planta empacadora de mandarinas, “dejaron de contratar a personas de 55 años o más”. Ella trabajó allí durante más de cinco años pero ahora no quieren volver a contratarla.
“Estamos luchando por los que tienen papeles y por los que no los tienen”, dijo Armando Elenes, secretario-tesorero del UFW. “Quieren dividirnos, pero no caeremos en esa trampa”. Señaló a una empresa donde los trabajadores ganan “más de 21 dólares por hora porque tienen un contrato del UFW”. Esto “es resultado de la lucha de esos trabajadores, y eso es lo que deben hacer los demás”.
Muchos trabajadores dijeron que les han reducido las horas o que no logran encontrar trabajo. Andrés Godoy Tamayo habló después de Elenes al finalizar el mitin. “En Mendota, el 50% de nosotros estamos desempleados”, dijo. “He trabajado recolectando almendras, pistachos, melones y jitomates. Llevo 45 años trabajando en el área y es la peor situación que jamás he vivido”.
La creciente competencia le ha permitido a los patrones acelerar el ritmo de trabajo. En el último lugar donde recolectó sandías, dijo, los trabajadores solían intentar llenar cinco tarimas; ahora, están tratando de llenar diez. “No quieren tomar descansos, ni ir a beber agua o al baño”, comentó, por temor a que el capataz no los deje regresar. El ritmo fue demasiado intenso para su esposa, que tuvo que dejar de trabajar.
José Luis Zorrilla, de la zona de Fresno, dijo al Militante durante el mitin que trabajó en cultivos frutales y de almendras durante dos años y que ahora daba clases particulares de español a jóvenes chicanos. “Hasta que los trabajadores agrícolas sean verdaderamente respetados y puedan trabajar con dignidad, nada cambiará”, dijo.
Laura Garza, candidata del PST para alcalde de Los Angeles, contribuyó a este artículo.
