Trabajadores en Ucrania luchan para defender soberanía nacional

Por Roy Landersen
15 de diciembre de 2025
Dron ruso posado en techo de edificio en Floresti, Moldova, tras penetrar espacio aéreo, 25 de nov. Moscú ha puesto a prueba las defensas de la OTAN. Las potencias capitalistas en Europa y el mundo se están rearmando en una marcha rumbo a otra guerra mundial.
Moldovan policeDron ruso posado en techo de edificio en Floresti, Moldova, tras penetrar espacio aéreo, 25 de nov. Moscú ha puesto a prueba las defensas de la OTAN. Las potencias capitalistas en Europa y el mundo se están rearmando en una marcha rumbo a otra guerra mundial.

El gobierno de Estados Unidos está llevando a cabo negociaciones por separado con los de Rusia y Ucrania sobre planes alternativos para un posible fin de la guerra. La única preocupación de la administración del presidente Donald Trump es imponer una estabilidad y sentar las bases para mejorar la colaboración con Moscú, a fin de promover los intereses de los gobernantes estadounidenses. La determinación del pueblo ucraniano de defender la soberanía de su país es irrelevante para Washington.

Las conversaciones fueron impulsadas por la filtración el 19 de noviembre de un plan de “paz” de 28 puntos elaborado por negociadores de la Casa Blanca y el Kremlin.

Trump quiere levantar las sanciones económicas impuestas por Washington y facilitar la reintegración de Rusia a la economía capitalista mundial. Quiere permitir que Moscú se reincorpore al G8, un grupo de gobiernos imperialistas. Aspira alejar el régimen del presidente ruso Vladímir Putin de la esfera de Beijing, el principal competidor global de Washington, como parte de los esfuerzos de los gobernantes estadounidenses para apuntalar su decadente supremacía mundial en la contienda por ganancias, mercados y recursos.

Washington también busca utilizar un acuerdo para reafirmar su posición dominante respecto a sus “aliados” gobiernos imperialistas en Europa.

La propuesta filtrada fue rápidamente descartada por Washington en favor de un plan modificado, de 19 puntos, emitido el 24 de noviembre tras conversaciones entre funcionarios de Estados Unidos y Ucrania a las que se sumaron posteriormente representantes de las potencias capitalistas europeas.

El nuevo plan pospone una decisión sobre la exigencia de Putin de que Ucrania ceda territorio que Moscú no ha logrado conquistar. Elimina la propuesta, inicialmente acordada por los negociadores de Moscú y Washington, de que Ucrania reduzca el tamaño de sus fuerzas armadas por más de la mitad. Y deja abierta la posibilidad de que Ucrania se integre a la alianza militar de la OTAN; una medida a la que Moscú se opone implacablemente.

Sergei Lavrov, el ministro de asuntos exteriores ruso, dijo el 25 de noviembre que Moscú no aceptará ningún otro plan que el que había elaborado exclusivamente con Washington.

Una de las principales demandas de Moscú es que Kiev ceda su control sobre aproximadamente el 25% de la provincia de Donetsk, que las fuerzas rusas no han podido tomar en los 11 años de guerra. Las fuerzas de Moscú ocupan actualmente el 20% del territorio ucraniano, incluyendo la península de Crimea, habitada por el mayoritariamente pro ucraniano pueblo tártaro.

Tras años de arduas batallas contra el intento de subyugar a Ucrania, los trabajadores de la región siguen decididos a defender el país.

“¿Estamos defendiendo nuestras fronteras aquí solo para entregarlas? ¿Qué sentido tiene todo esto, todos estos sacrificios?”, dijo a Reuters Vitalii Traikalo, un soldado ucraniano en una posición de artillería cerca de Pokrovsk. Las fuerzas ucranianas acababan de despejar el centro de esa ciudad de tropas rusas.

Putin exige todo el Donbás

Una de las metas bélicas del Kremlin ha sido apropiarse de las ricas regiones industriales y mineras de Donetsk y Lugansk. Miles de ucranianos han dado su vida defendiendo este territorio.

Ceder territorio en las ciudades de Slovyansk, Kramatorsk y Druzhkivka, donde vive un cuarto de millón de personas, es inaceptable para la mayoría de los ucranianos. En un año de intentos de capturar la ciudad de Pokrovsk, al este de Ucrania, Putin ha sacrificado la vida de un gran número de trabajadores rusos en uniforme, con un promedio de más de mil bajas por día.

“¿Para qué ha muerto la gente durante todos estos años; para que simplemente la entreguemos?”, dijo a la cadena de noticias Current Time, Nadiya, residente de Slovyansk. Ella fue testigo de la toma original de la ciudad en 2014 por las fuerzas rusas. El territorio “seguirá siendo Ucrania, estoy absolutamente segura de ello. Si no hubiera estado segura, me habría ido”.

Refiriéndose a la presión de Trump para ceder a muchas de las exigencias de Putin, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski advirtió que Ucrania “podría enfrentarse ahora a una decisión muy difícil: o pérdida de dignidad o riesgo de perder un socio clave”.

El presidente ruso dice que no existe fundamento para la existencia de una Ucrania independiente. Culpa de su existencia a V.I. Lenin y a la Revolución Bolchevique de 1917, que luchó por el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas.

La magnitud de la pérdida de vidas humanas y la destrucción orquestadas por el régimen capitalista expansionista de Putin fue descrito en un llamamiento conjunto a la solidaridad con Ucrania emitido el 16 de noviembre por la Confederación de Sindicatos Libres de Ucrania (KVPU) y la Federación de Sindicatos de Ucrania (FPU).

Sindicatos apelan a solidaridad

La guerra de Moscú se ha convertido en “un terror prolongado contra trabajadores, sindicatos y comunidades pacíficas”, dice la declaración. Se han destruido casas, hospitales, fábricas y escuelas.

La infraestructura energética de Ucrania, “todo lo que sustenta la vida de millones de personas”, son blancos de los ataques. “Solo en los primeros ocho meses de 2025, 766 trabajadores resultaron heridos y 154 murieron mientras realizaban sus labores”, dice el llamamiento. Numerosas sedes sindicales han sido atacadas.

Putin ha intensificado sus mortíferos ataques con misiles y drones. Al menos siete personas murieron el 25 de noviembre en ataques aéreos contra Kiev. Seis días antes, 26 personas habían muerto y 94 resultaron heridas cuando un misil cayó en un edificio residencial en Ternopil, en el oeste de Ucrania.