El presidente Donald Trump y Zohran Mamdani, el alcalde electo de Nueva York —de polos opuestos en el juego de trileros bipartidista— compartieron una conferencia de prensa tras reunirse en la Casa Blanca el 21 de noviembre. Se comprometieron a colaborar para “hacer Nueva York grande otra vez”.
Tanto los comentaristas liberales como los conservadores quedaron perplejos cuando los dos no se trenzaron en ataques mutuos. Están obsesionados con las inculpaciones de Trump de Mamdani de ser “comunista” y de Mamdani y la izquierda de clase media llaman de Trump de ser “fascista”. Pero la política real refleja el conflicto fundamental entre los intereses de clase de las familias capitalistas gobernantes y los del pueblo trabajador.
Tanto Mamdani como Trump ganaron las elecciones presentándose como radicalmente diferentes a los políticos que han dominado sus partidos, los demócratas y los republicanos. Durante más de 150 años, los gobernantes capitalistas han mantenido su poder a través de estos dos partidos, instando a los trabajadores a “taparse la nariz” y elegir el “mal menor”. Hoy ambos partidos son vistos con creciente repugnancia por el pueblo trabajador.
Mamdani es miembro de los Socialistas Demócratas de América (DSA). Derrotó al desacreditado demócrata Andrew Cuomo, tanto en las primarias como en las elecciones generales. Trump apoyó a Cuomo en el último minuto, con la esperanza de impedir la victoria del miembro de los DSA, a quien erróneamente llamó “comunista” desde el principio.
Mamdani basó su campaña en la “asequibilidad”. Pero sus propuestas —transporte gratuito en autobús, más guarderías y un puñado de supermercados estatales— no representan un camino serio para enfrentar la profunda crisis económica y social que afecta a la clase trabajadora.
Trump, magnate inmobiliario, también se presenta como un defensor de la clase trabajadora. Gana puntos señalando la fascinación de los liberales por las prácticas “woke” y la elección de pronombres de “género”.
Trump dice que el problema son las “élites corruptas”. Mamdani dice que son los “multimillonarios”. Ninguno explica que la verdadera política se encuentra en el choque de los intereses de clase de los capitalistas gobernantes, por un lado, con las necesidades y aspiraciones de la clase trabajadora, por el otro.
Ambos calificaron su reunión de “productiva”, sonriendo y afirmando que comparten intereses comunes en la reducción del coste de la vida, sin ofrecer propuestas concretas. Trump elogió efusivamente a Mamdani, comprometiéndose a ayudar al nuevo alcalde a “hacer realidad el sueño de todos: tener una Nueva York fuerte y muy segura”. Mamdani dijo: “Espero trabajar juntos para lograr esa asequibilidad para los neoyorquinos”.
Los periodistas intentaron ponerlos uno contra el otro. Uno le preguntó a Mamdani si todavía pensaba que Trump era un “fascista”. Cuando tartamudeó un poco, Trump intervino diciendo: “Está bien, puedes decirlo sin más. Es más fácil. Es más fácil que explicarlo. No me importa”.
Mamdani “parece estar un poco incómodo con los halagos de Trump”, señaló el New York Times. Un día después de la reunión, Mamdani dijo que seguía creyendo que Trump era un “fascista” y un “déspota”, pero uno con quien trabajaría.
Esto demuestra que Mamdani no tiene ni idea de lo que es el fascismo. Adolf Hitler, en los años 30, aplastó los sindicatos en Alemania para defender el régimen capitalista, antes de desatar el Holocausto.
Un periodista le pidió a Trump que explicara por qué había dicho que Mamdani era “comunista”. “Tiene opiniones un poco extravagantes”, dijo Trump, pero añadió: “Él también va a cambiar. Todos cambiamos”. Dijo que a los conservadores le van a llegar a gustar algunas cosas que haría Mamdani.
Lejos de ofrecer a los trabajadores una vía para luchar por el poder y dirigir la sociedad en beneficio de la mayoría, Mamdani hizo campaña como un “socialista municipal”, con un programa de reformas moderadas. El objetivo de Mamdani y de quienes comparten su visión es intentar remendar los males sociales generados por el capitalismo para salvar el dominio capitalista. Trump ofrece diferentes medios para lograr el mismo objetivo.
Ninguno ofrece nada para afrontar la catástrofe social que enfrenta el pueblo trabajador hoy ni la creciente rivalidad capitalista a nivel mundial que está conduciendo hacia una nueva guerra mundial.
Trump afirmó que ambos estaban comprometidos con la “paz” en el Medio Oriente y se refirió a la política de su gobierno para impulsar los intereses de lucro de los gobernantes estadounidenses en la región y en Ucrania.
Trump también aprovechó la reunión para afirmar que su administración había logrado que los precios en Estados Unidos “bajaran considerablemente con respecto al año pasado”; una declaración que contradice la realidad que los trabajadores experimentan a diario.
Trabajadores frente a crisis
Las propias cifras del gobierno muestran que los salarios reales han disminuido aún más este año, ya que los precios se mantienen persistentemente altos y la patronal mantiene bajos los salarios. Cada vez más trabajadores posponen formar familias porque no las pueden mantener.
La lucha para cambiar estas condiciones ya está ocurriendo hoy. No en la búsqueda de reformas dentro del sistema capitalista bipartidista, sino entre los trabajadores en las fábricas y otros lugares de trabajo, y en los piquetes de huelga. Tiene lugar en protestas contra las redadas y deportaciones de trabajadores sin papeles por parte del gobierno.
Ni los aranceles de Trump contra los competidores de los patrones estadounidenses, ni el estrecho “socialismo municipal” de Mamdani aliviarán la situación actual de los trabajadores. Lo que se necesita es una ruptura radical con la patronal y sus dos partidos capitalistas, y que los trabajadores construyamos nuestro propio partido.
Lo que se necesita en todo el mundo es construir partidos capaces de liderar a decenas de millones de trabajadores en la lucha por reemplazar el dominio capitalista con el poder obrero.