ATLANTIC HIGHLANDS, Nueva Jersey — Ruperto Vicens, chef y copropietario de un popular restaurante mexicano, fue puesto en libertad el 18 de noviembre del Centro de Detención Newark Delaney Hall, tras una campaña que incluyó manifestaciones en esta ciudad de 4,500 habitantes y en Delaney Hall. Había sido arrestado por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) un mes antes.
Vicens es oriundo de México. Habló con corresponsales del Militante en su restaurante, Zoe’s Emilio’s Kitchen, el 30 de noviembre.
El día de su arresto, Vicens dijo haber notado que dos autos sin identificación lo seguían durante varias cuadras mientras conducía al trabajo con otros dos trabajadores. Al ser detenido, los dos fueron arrestados. Vicens mostró su identificación y permiso de trabajo. Los agentes de ICE alegaron que había “problemas” con estos y lo arrestaron.
El centro de detención “estaba abarrotado y era caótico. Pensaba que iba a ver solo latinos en la cárcel, pero había gente de todas partes, incluso China y Japón”.
Describió las indignidades que sufrían los detenidos en la estrecha celda que compartía con otras 13 personas.
Cuando los inodoros se atascaban y los desagües se obstruían, podían tardar días en arreglarlos. A los detenidos solo se les permitía usar el teléfono gratis durante tres minutos y luego la llamada costaba dinero, dijo. Había un teléfono en la celda, pero no siempre funcionaba y a veces había tanto ruido que no se podía oír lo que se decía.
A la hora de comer no se podía estar descalzo. “Tenían que llevar algo en los pies, chanclas o incluso solo calcetines”, dijo. Pero había escasez de estos artículos para uso de los detenidos.
En un momento dado, las autoridades dijeron que iban a trasladar a Vicens a otro centro. Él les dijo a los guardias que tenía una orden judicial contra su traslado, pero ellos insistieron en que las órdenes de ICE prevalecían.
Junto con otros detenidos que esperaban ser trasladados, los esposaron en las muñecas y tobillos, dijo. Les dieron rebanadas de pan con paquetes de mantequilla de maní y mermelada, una manzana y una botella pequeña de agua para desayunar, y los dejaron que se las ingeniaran para preparar un sándwich estando encadenados. En el último momento lo sacaron de la fila y lo devolvieron a su celda.
Dijo que los detenidos encontraban formas de ser solidarios entre sí, compartiendo comida y recursos.
“Tuve la suerte de contar con el apoyo de la comunidad y un abogado”, dijo Vicens. Además de las manifestaciones organizadas para exigir su liberación, Vicens recibió unas 50 cartas de apoyo, incluyendo de Lori Hohenleitner, alcaldesa de la ciudad. Una página de GoFundMe creada por partidarios recaudó 96 mil dólares.
Cuando se enteró que iba ser puesto en libertad, Vicens le dijo a los otros detenidos que le pidieran a sus esposas que lo llamaran y que él trataría de ayudarles a encontrar abogados. Ha recibido al menos una llamada. Muchos inmigrantes detenidos por ICE tienen que sopesar el costo de contratar a un abogado o cubrir los gastos de manutención de sus familias.
Vicens está en libertad condicional por 90 días tras pagar una fianza de 7 mil dólares.
Unos 100 partidarios celebraron su excarcelación el 22 de noviembre.
“Quiero agradecerles a ustedes porque nunca imaginé todo esto. Solo pienso en cómo puedo retribuir a esta comunidad”, dijo Vicens a la multitud que había marchado hasta el restaurante desde una concentración en el Parque de los Veteranos.
“Queremos asegurarnos de que todos regresen a casa con la barriga llena”, dijo su hermano. “Tenemos comida adentro. Así que, por favor, pasen”.
Craig Honts contribuyó a este artículo.