Como parte de su expansión militar en América Latina y el Caribe, Washington ha aumentado sus operaciones aéreas y navales en Puerto Rico, provocando una amplia preocupación e indignación entre los trabajadores de la isla. Muchos se oponen a que los gobernantes estadounidenses vuelvan a utilizar su colonia de Puerto Rico como base para agresiones militares contra naciones hermanas de la región.
“Condenamos categóricamente la continua concentración militar ilegal, la agresión y la presencia militar en el archipiélago de Puerto Rico”, dijo el Frente Independentista Boricua de Nueva York en un comunicado reciente. Así como la escalada militar “con la intención de cambiar regímenes y explotar los recursos naturales latinoamericanos”.
Desde agosto, los Marines y las fuerzas navales estadounidenses han realizado ejercicios de desembarco anfibio. Están transportando e instalando equipos en la recientemente reactivada Estación Naval Roosevelt Roads en Ceiba. El Pentágono ha trasladado helicópteros, aviones de combate, aeronaves de vigilancia y transporte, así como drones, a aeropuertos militares y civiles de la isla.
Residentes y autoridades del municipio de Aguadilla informaron a la prensa que ven los drones estadounidenses MQ-9 Reaper despegar día y noche, algunos armados con misiles Hellfire. Estos drones, junto con aviones de combate y equipos navales, son utilizados para vigilar y destruir embarcaciones y personas que, según la administración de Donald Trump, están transportando drogas.
“Que no se diga que hay un solo boricua que sea cómplice de invadir ningún otro país hermano latinoamericano”, dijo Sonia Santiago, de Madres Contra la Guerra. El grupo ha estado realizando manifestaciones en el Campamento Santiago en Salinas, donde se entrenan los marines estadounidenses. Su próxima acción está prevista para el 13 de diciembre a las 4 p.m. en la entrada de la Estación Naval Roosevelt Roads.
Los residentes de Vieques, una pequeña isla a 7 millas de la isla principal, están particularmente indignados que el Pentágono esté considerando la reactivación del polígono militar de la armada estadounidense que funcionó allí hasta 2003. Washington se vio obligado a cerrar la base ante la presión de protestas masivas que contaron con un amplio apoyo. Las autoridades estadounidenses también han anunciado planes de usar el polígono para desactivar artefactos explosivos sin detonar, utilizados durante las maniobras con munición real realizadas en Salinas.
“De la marina uno puede esperar cualquier cosa”, dijo Ismael Guadalupe a Glorinel Soto, reportera de Telemundo. Guadalupe fue uno de los líderes del movimiento que obligó a la marina estadounidense a retirarse de Vieques.
Durante más de 60 años, la marina utilizó gran parte de La Isla Nena, como los puertorriqueños llaman a Vieques, para prácticas de bombardeo y almacenamiento de municiones. Aún quedan cientos de miles de municiones sin detonar esparcidas por la zona.
“Enfermedades, eso fue lo que dejaron”, dijo Luis Ortíz, un pescador local, a Telemundo, refiriéndose a las altas tasas de cáncer y otros problemas de salud que afectan a los residentes de Vieques debido a la exposición a uranio empobrecido y a una gran cantidad de metales pesados que filtran sustancias tóxicas en las zonas costeras y las aguas. Residentes y pescadores han exigido a Washington que descontamine la zona y devuelva todas estas tierras a manos puertorriqueñas.
Los residentes y sus partidarios se han comprometido a oponerse nuevamente al uso de su isla con fines bélicos, lo que amenaza la vida y el sustento del pueblo puertorriqueño.
