Desde que hicieron la primera revolución socialista en las Américas hace más de 67 años, los trabajadores y campesinos cubanos han mantenido el imperialismo estadounidense a raya. Continúan haciéndolo, a pesar del bloqueo impuesto por Washington desde enero, que ha agravado severamente los daños causados por la campaña que los gobernantes norteamericanos han librado durante décadas para estrangular la economía de Cuba, aplastar a su pueblo y derrocar a su gobierno.
La Revolución Cubana cambió la historia mundial. Dirigidos por Fidel Castro, los trabajadores no solo pusieron fin a la explotación capitalista sentando un ejemplo para los trabajadores norteamericanos y del mundo. También se transformaron a sí mismos, sumándose a las históricas luchas de independencia en África que acabaron con la dominación colonial y posibilitaron el derrocamiento del apartheid en Sudáfrica. Sus acciones siguen siendo un poderoso ejemplo de lo que la clase trabajadora es capaz de lograr cuando ejerce el poder político y cuenta con el liderazgo que merece.
Hoy, envalentonados por su intervención en Venezuela y su guerra contra Irán, los imperialistas norteamericanos amenazan con emprender acciones militares contra Cuba.
“He construido este gran ejército”, alardeó el presidente Donald Trump el 27 de marzo, “a veces hay que usarlo. Y Cuba es la próxima, dicho sea de paso”.
El gobierno norteamericano miente descaradamente sobre Cuba y su revolución. “Su sistema no funciona”, dijo Marco Rubio, secretario de estado, el 30 de marzo. “No hemos hecho nada punitivo contra el régimen cubano”, afirmó.
Sin embargo, desde 1960, el gobierno norteamericano ha intentado castigar al pueblo cubano y a su gobierno. Un memorando dirigido a John F. Kennedy, presidente estadounidense, redactado por el funcionario del Departamento de Estado Lester Mallory, señalaba que Washington está “negando dinero y suministros a Cuba para reducir salarios monetarios y reales, para provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. Un año después, los gobernantes norteamericanos orquestaron la fallida invasión mercenaria a Cuba en Bahía de Cochinos, antes de imponer su brutal embargo comercial en 1962.
La administración Trump está intensificando actualmente esa estrategia. Espera que el recrudeciendo la presión sobre Cuba podrá abrir paso al derrocamiento de la revolución. Los gobernantes norteamericanos nunca han perdonado a los trabajadores de Cuba —ni jamás lo harán— por haber hecho una revolución y haber nacionalizado el patrimonio de su país.
Los ataques de Washington contra Cuba son propiciados por la misma clase capitalista que está intensificando sus agresiones contra los trabajadores en su propio país, con el fin de defender su despiadado sistema de lucro. Los patrones están atacando salarios, condiciones laborales y sindicatos, y están tratando de poner a los trabajadores nacidos en el país contra los nacidos en el extranjero. Esto se puede ver claramente en sus ataques contra los trabajadores de JBS en Colorado y de la refinería de BP en Indiana.
“Los trabajadores en Estados Unidos no tenemos interés alguno en la agresión brutal que los gobernantes están llevando a cabo contra una pequeña nación y su pueblo simplemente por ejercer su soberano derecho a hacer una revolución socialista con el fin de mejorar sus condiciones de vida y de trabajo”, explica una declaración emitida por el Comité Nacional del Partido Socialista de los Trabajadores, poco después de que Washington impusiera su bloqueo.
“Más bien, a los trabajadores, sindicalistas y otros explotados y oprimidos en Estados Unidos nos incumbe exigir: ‘¡EE.UU. manos fuera de Cuba! ¡Fin al bloqueo económico de Washington’”!
Únete a los miembros del Partido Socialista de los Trabajadores que están organizando protestas contra el bloqueo y amenazas de guerra de los gobernantes norteamericanos, y que responden a las calumnias de Washington sobre Cuba difundiendo la verdad acerca de su revolución socialista y del ejemplo que esta ofrece como camino a seguir para toda la humanidad trabajadora.