En medio de bloqueo Cuba desarrolla fármaco para Alzheimer

Por Róger Calero
20 de abril de 2026
Gerardo Díaz (der.), chofer de camión jubilado, usa su triciclo eléctrico para transportar pan y otros suministros a Hospital Pediátrico José Martí en Sancti Spíritus, Cuba, como voluntario.
Radio Sancti Spíritus/Yosdany MorejónGerardo Díaz (der.), chofer de camión jubilado, usa su triciclo eléctrico para transportar pan y otros suministros a Hospital Pediátrico José Martí en Sancti Spíritus, Cuba, como voluntario.

En medio de la guerra económica y política de Washington contra Cuba, el pueblo trabajador y las instituciones médicas y científicas de la isla no solo están luchando por preservar los logros alcanzados a través de su revolución socialista, sino también encontrando formas de desarrollar nuevos y vitales tratamientos médicos e impulsar el desarrollo social, tanto para sí mismos como para el resto de la humanidad.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel, y científicos involucrados en la investigación y el desarrollo de NeuralCIM —un tratamiento que alivia los síntomas de la enfermedad de Alzheimer— se reunieron el 24 de marzo para evaluar los resultados obtenidos hasta la fecha. Los avances logrados podrían marcar un punto de inflexión en la lucha contra una enfermedad que roba la memoria, la independencia y la calidad de vida a millones de personas mayores en todo el mundo. Y están listos para compartir su descubrimiento con otros.

Desarrollado por el Centro de Inmunología Molecular (CIM) de Cuba a lo largo de los últimos 15 años, este fármaco, también conocido como NeuroEPO, ha pasado por varios años de ensayos clínicos con extraordinarios resultados.

Un video producido por periodistas de Belly of the Beast incluye entrevistas con algunos de los 52 pacientes que están siendo tratados por Bill Blanchet, un médico en Colorado. Estos pacientes viajan a Cuba para recibir el medicamento. Cada uno de ellos describe sus mejorías. Otro video, “El sueño de Teresita”, que se estrenará próximamente, sigue el trabajo de la científica cubana Teresita Rodríguez en el desarrollo de este tratamiento.

Blanchet relata que, antes de comenzar a tomar el fármaco, una de las pacientes “no podía nombrar a sus nietos; no podía decirme qué día de la semana era”. Seis meses después, conversó con la hija de la paciente. “Dios mío, qué bien está”, dijo la hija. “Baila, socializa. Ha vuelto a ser la misma de siempre”.

Los resultados del primer ensayo clínico están disponibles en el sitio web de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos. Los resultados indican que el 54% de las personas tratadas con el fármaco mostraron mejoría, y el 30% se mantuvo estable al final del primer año. Blanchet dijo que después de tres años, esos mismos grupos seguían sin mostrar progresión alguna de la enfermedad. Ningún otro medicamento para el Alzheimer ha logrado resultados similares.

El Alzheimer es la séptima causa principal de muerte en Estados Unidos. En Cuba, unas 160 mil personas padecen demencia, con el 70% causada por Alzheimer. NeuralCIM fue aprobado el año pasado por el Ministerio de Salud de Cuba para uso en pacientes con Alzheimer leve o moderado.

“Implica un reto en lo que concierne a la producción del NeuralCIM”, dijo el Dr. Eliseo Capote en la reunión. El obstáculo fundamental es el incremento se las sanciones económicas que el gobierno norteamericano ha impuesto contra Cuba, y que impiden la importación de equipos y materiales necesarios para el desarrollo de medicamentos. “Es un sueño que intentaremos hacer realidad de la mejor manera posible, buscando todos los mecanismos que sean posibles, con el objetivo de poder garantizar a los pacientes cubanos” el producto que necesiten, dijo Capote.

Desde que la revolución derrocó la explotación capitalista, Cuba ha logrado avances históricos en el campo de la medicina y la investigación clínica. Fue el único país subdesarrollado en desarrollar no solo una, sino cinco vacunas contra la COVID-19, y en haber vacunado a prácticamente la totalidad de su población.

Ha desarrollado productos como el Heberprot-P, para la cicatrización de úlceras del pie diabético, reduciendo drásticamente el número de pacientes que son sometidos a amputaciones. Sin embargo, debido a las sanciones comerciales de Washington, ninguno de los medicamentos producidos en Cuba pueden ser exportados a Estados Unidos.

¿Cómo ha podido un país pequeño como Cuba alcanzar estos logros?

El pueblo trabajador en Cuba tomó el poder político en 1959 y puso en marcha la primera revolución socialista del hemisferio occidental. La abolición del principio capitalista de anteponer las ganancias a todo, ha permitido importantes logros culturales y científicos. Las instituciones médicas y de investigación de Cuba colaboran entre sí para producir tratamientos que millones de personas necesitan.

Quieren destruir ejemplo de Cuba

Por más de siete décadas los gobernantes capitalistas norteamericanos —tanto bajo administraciones demócratas como republicanas— incesantemente han tratado de desacreditar y destruir el ejemplo de la revolución socialista cubana. En su intento más reciente, la administración del presidente Donald Trump ha impuesto un bloqueo petrolero que está provocando una grave escasez de combustible, alimentos y medicamentos, con el fin de doblegar al pueblo y gobierno cubanos y aceptar las exigencias de Washington.

“El embargo, y las más recientes, ni siquiera quiero llamarlas ‘restricciones’”, dijo Ralph Gregory, uno de los pacientes de Blanchet, “son crueles”.

El pueblo trabajador en Cuba está utilizando su creatividad y solidaridad para proteger a los más vulnerables de los efectos del brutal bloqueo petrolero. Uno de estos ejemplos es Gerardo Díaz, de 92 años, chofer de camión jubilado, que se ofrece como voluntario en el Hospital Pediátrico José Martí, en la provincia de Sancti Spíritus, para ayudar a transportar suministros y personal médico en su triciclo eléctrico.

“Traigo el pan todos los días” al hospital, dijo Díaz a Radio Sancti Spíritus. Se despierta a las 5 de la mañana para ir a la panadería que tenga pan ese día. “Por la situación que hay”, dice Díaz, tiene que ir a diferentes panaderías. Ayuda en el hospital por varias horas transportando lo que sea necesario. Después, “me voy y tiro mis pasajitos también para buscarme mi dinerito”.

“Gerardo no trabaja por épica ni por nostalgia”, escribió el periodista Yosdany Morejón para Radio Sancti Spíritus. Lo hace porque se siente útil. “Porque entiende que cada saco de pan que descarga en la cocina del hospital es parte del cuidado de un niño ingresado”. Lo hace, “y no reclama reconocimiento. Solo sigue”.