Empacadores de JBS paran huelga, lucha sigue adentro

Por Mary Martin
20 de abril de 2026
Kim Cordova, presidenta de Local 7 del UFCW, informa a centenares de trabajadores de JBS sobre situación de la huelga, 3 de abril. Fue traducida al español, criollo haitiano, birmano y somalí. Aplaudieron cuando dijo que la empresa reembolsaría gastos de equipo de protección.
MilitanteKim Cordova, presidenta de Local 7 del UFCW, informa a centenares de trabajadores de JBS sobre situación de la huelga, 3 de abril. Fue traducida al español, criollo haitiano, birmano y somalí. Aplaudieron cuando dijo que la empresa reembolsaría gastos de equipo de protección.

GREELEY, Colorado — “JBS gana miles de millones a costa de nuestros cuerpos maltrechos. Para ellos no valemos tanto como la carne en la línea de producción”, dijo John Trimble al Militante. Trimble, de 69 años, lleva décadas trabajando en la planta. Explicó por qué 3,800 trabajadores de la procesadora de carne, miembros del Local 7 del sindicato de trabajadores de la alimentación UFCW, se declararon en huelga el 16 de marzo: para defender su vida y su sustento frente a los abusos y la explotación de los patrones de la empacadora JBS.

Los miembros del Local 7 demostraron su disposición a continuar la lucha, en una reunión sindical celebrada el 3 de abril en un campo frente a la planta.

Los trabajadores aplaudieron cuando Kim Cordova, presidenta del local sindical, anunció que la empresa había pedido regresar a las negociaciones el 9 y 10 de abril. Y volvieron a aplaudir cuando anunció que la empresa había acordado reembolsar a los trabajadores sus gastos en la compra de equipo de protección, incluidos guantes y delantales de malla metálica. Su discurso fue traducido del inglés a otros cuatro idiomas hablados por trabajadores de la planta: español, criollo haitiano, birmano y somalí.

Los trabajadores abuchearon cuando Cordova anunció que la empresa, en su intento de interrumpir las líneas de piquetes, había alquilado a la ciudad el estacionamiento vacío donde estaban celebrando la reunión y donde se realizaban las reuniones para actualizar a los trabajadores sobre la huelga; y el estacionamiento contiguo donde miles de los sindicalistas se estacionan para participar en el piquete.

Llevar la lucha de vuelta a la planta

El sindicato había planificado distribuir el subsidio de huelga y levantar los piquetes durante el fin de semana de Pascua. Pero el 4 de abril, dirigentes sindicales notificaron a los trabajadores que, debido a la reanudación de negociaciones y algunas concesiones de los patrones, habían acordado que los trabajadores regresarían al trabajo el 7 de abril. En un comunicado, Cordova dijo: “Los trabajadores permanecen unidos y continuarán la lucha”.

Los piquetes del Local 7 oscilaban entre cientos y mil trabajadores por turno. Marchaban desde el estacionamiento hasta el piquete y se alineaban en la calle bordeando la planta a lo largo de un kilómetro y medio. Los huelguistas provenían de todos los continentes y hablaban 57 idiomas.

Mariano Gallegos, de 73 años, lleva 41 años en la planta. Arma cajas para empacar la carne. Dijo que uno de los principales problemas es la forma en que la empresa intenta intimidar y acosar a los que piden ir al baño. “A veces sucede que la gente se hace encima”.

Muchos trabajadores hablaron con el Militante bajo condición de anonimato por temor a represalias de la empresa.

Muchos hablaron del trato abusivo por los supervisores. Mencionaron incidentes de maltrato físico, incluyendo un patrón que golpeó a una trabajadora en la cara, otro que borró de la bota la huella de las ruedas del monta carga que le había pasado por encima del pie, y la falsificación de la firma de una trabajadora en un informe disciplinario que ella había rehusado firmar.

Casi todos los trabajadores mencionaron la aceleración de la línea de producción como causa de lesiones y accidentes. La página de Facebook del sindicato muestra fotos de manos con dedos amputados o deformados, cortes profundos y terribles cicatrices.

“La línea avanza tan rápido que ni siquiera podemos parar para tomar un sorbo de agua para tomar un medicamento”, dijo Olivier Mulanau.

Colmando todo esto estaba la insultante oferta de “aumento” salarial de 1.20 dólares la hora durante tres años, que está lejos de compensar por la inflación.

Trabajadores más fuertes y unidos

“Esto ha estado hirviendo por años y finalmente estalló”, dijo Ramón Zuñiga, secretario-tesorero del Local 7, al Militante. “Es una inspiración para mí y para otros estar en medio de esta lucha con trabajadores de todo el mundo”.

Ramiro Álvarez ha trabajado en la planta por 35 años y ha hecho casi todos los trabajos de producción. Si bien está orgulloso de la lucha que están librando, señaló que algunos trabajadores, incluyendo a un buen amigo suyo, estaban regresando a trabajar debido a la presión económica.

Álvarez respeta a los trabajadores somalíes por defenderse, mantenerse unidos e insistir en su derecho a tener pausas durante el trabajo para orar como parte de su práctica religiosa. Este logro se consiguió en otras plantas empacadoras de Colorado.

En JBS, la lucha continúa con los trabajadores de vuelta en la planta y decididos a defenderse. Muchos comentaron al Militante lo fortalecidos que se sentían al estar unidos en la huelga.