‘No a los Reyes’ pretende atrapar a trabajadores en la política capitalista

Por Terry Evans
20 de abril de 2026
Senador “independiente” Bernie Sanders en protesta “No a los Reyes” en St. Paul, Minnesota, 28 de marzo, promovió a los demócratas liberales como única alternativa al presidente Trump.
Reuters/Tim EvansSenador “independiente” Bernie Sanders en protesta “No a los Reyes” en St. Paul, Minnesota, 28 de marzo, promovió a los demócratas liberales como única alternativa al presidente Trump.

El 28 de marzo hubo protestas en todo el país contra el presidente Donald Trump, organizadas por la coalición “No Kings” (No a los Reyes). La intención de los organizadores era movilizar apoyo para el Partido Demócrata —uno de los dos principales partidos políticos de los gobernantes capitalista norteamericanos— para las elecciones de mitad de mandato y las de 2028.

Algunos trabajadores y jóvenes se sumaron a las protestas, viéndolas como oportunidad para expresar su oposición a la guerra de Washington contra Irán y a los ataques contra los inmigrantes.

Según los organizadores de “No a los Reyes”, participaron unas 8 millones de personas, calificando a Trump como un “oligarca” que planea una “toma autoritaria del poder”. Muchos repitieron la insistencia de los demócratas y la izquierda de clase media de que Trump es un “fascista”. El objetivo es presentarlo como alguien fundamentalmente peor que todo otro político.

Es peligroso utilizar el término “fascista” como epíteto carente de significado. El dominio capitalista bajo el gobierno de Trump no se asemeja en nada al régimen nazi de Adolfo Hitler en los años 30, ni al período de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

Los demócratas y la izquierda sostienen que la manera de acabar con las guerras de Washington, de defender a los inmigrantes y de proteger el nivel de vida de los trabajadores es destituyendo al “tirano” de la Casa Blanca; no organizando a la clase trabajadora para luchar en defensa de sus propios intereses, contra todos los partidos de la patronal.

Este presidente de Estados Unidos —por muy repugnantes que sean algunas de sus políticas— es un político astuto que defiende los despiadados intereses de clase de las familias capitalistas gobernantes. Utiliza la Casa Blanca para gestionar los asuntos de esas familias en este mundo lleno de conflictos. Y no se preocupa de las sutilezas empleadas por otros políticos capitalistas para encubrir los intereses de la clase dominante que guían sus acciones.

Tanto bajo administraciones demócratas como republicanas, los capitalistas se ven impelidos a competir para acaparar mercados, maximizar ganancias y extender su influencia a expensas de sus rivales. El bombardeo de Irán, el ataque a Venezuela y el empeño de adquirir Groenlandia, tienen como objetivo asegurar las metas a largo plazo de la política exterior de la clase dominante estadounidense, y apuntalar su supremacía en el “orden mundial imperialista”.

Trump impulsa la reconstrucción de la industria en Estados Unidos, sin la cual no podrán producir aviones y buques de guerra, misiles y armamento necesario para una guerra abierta contra sus rivales. Los conflictos actuales son presagio de una guerra mundial en ciernes y con armas nucleares.

Trump señala abiertamente el declive de Washington y habla de restablecer el dominio de los gobernantes estadounidenses.

Es la razón por la que su administración intervino en Venezuela y por la que ha intensificado la guerra económica y política contra Cuba, imponiendo un bloqueo. Desde que Fidel Castro condujo a los trabajadores cubanos a tomar el poder y erradicar la explotación capitalista, los gobernantes estadounidenses de ambos partidos han intentado por todos los medios someter al pueblo cubano mediante el hambre y derrocar su revolución socialista. Los organizadores de “No a los Reyes” guardan un notorio silencio respecto a los ataques de Washington contra Cuba. De hecho, el tono y la línea editorial sobre Cuba del liberal Washington Post y del conservador New York Post son marcadamente similares.

Washington apunta a rival Beijing

Algo clave para los objetivos de la actual administración son los preparativos para contrarrestar el crecimiento económico de Beijing, su rearme militar y su política exterior expansionista de “la Franja y la Ruta”.

Los gobernantes capitalistas de Beijing dependen en gran medida del petróleo importado para su economía. El ataque contra Venezuela tenía precisamente esto como blanco. Trump también ha presionado a los gobernantes panameños para que sustituyan a la empresa vinculada a Beijing que controla los puertos en ambos extremos del Canal de Panamá, por otra más subordinada a Washington.

El interés de los gobernantes norteamericanos en Groenlandia es estratégico: posicionar las fuerzas de Estados Unidos para impedir que Beijing —y Moscú— abran vías hacia el Atlántico a través de las aguas del Ártico.

La ofensiva de los gobernantes estadounidenses contra Teherán apunta a expandir su dominio y el saqueo del petróleo y otras riquezas en el Medio Oriente, y a socavar la posición de Beijing. En 2021, Beijing negoció una “asociación estratégica” con Teherán. Posteriormente, Beijing fortaleció su posición al mediar en un acuerdo entre los gobernantes de Irán y Arabia Saudita.

Los preparativos bélicos de la administración norteamericana van juntos con la intensificación de la ofensiva patronal contra el pueblo trabajador en el ámbito doméstico.

La lucha de clases a nivel nacional

La huelga en la planta empacadora de carne JBS en Greeley, Colorado, fue contra la aceleración del ritmo de trabajo que pone en riesgo sus vidas, por mejores salarios y por la unidad de los trabajadores de múltiples nacionalidades en la planta. El gigante petrolero BP ha decretado un cierre patronal contra los trabajadores de su refinería en Whiting, Indiana, intentando imponer drásticos recortes salariales y eliminar la negociación colectiva. Millones de trabajadores en todo Estados Unidos tienen dificultades para cubrir sus necesidades básicas y las de sus familias, al igual que sucedía bajo la administración de Joseph Biden.

La intensificación de las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) bajo la administración de Trump tiene como fin dividir a la clase trabajadora e infundir miedo entre los que no poseen documentación “adecuada”. La demonización que hace Trump de los trabajadores indocumentados va de la mano con sus pronunciamientos chovinistas de una “América Primero” en política exterior. Con “América Primero” lo que realmente está diciendo es: primero la clase dominante de Estados Unidos.

Los partidarios de “No a los Reyes” de los demócratas, promueven la subordinación de todo a deshacerse de Trump. Se enmascara así la realidad de que Washington y sus rivales capitalistas están conduciendo a la humanidad hacia una tercera guerra mundial, y que continuarán haciéndolo independientemente de qué partido capitalista ocupe la Casa Blanca.

A medida que se profundiza la crisis del imperialismo y se extienden las luchas de los trabajadores que amenacen el dominio capitalista, verdaderas pandillas fascistas serán desatadas contra nuestros sindicatos y apuntarán a los judíos como el enemigo. Organizar la defensa de todos aquellos que se vean amenazados será una cuestión de vida o muerte para el movimiento obrero.

Como todos los políticos capitalistas, Trump cree en la fantasía de poder controlar las consecuencias imprevistas de las guerras que pone en marcha y de poder impedir las crisis financieras y económicas inherentes al funcionamiento del capitalismo.

Al mismo tiempo, esas mismas leyes engendran luchas de clases que unen a los trabajadores. En el transcurso de estas batallas, tendremos la oportunidad de construir un partido propio capaz de liderar a decenas de millones de trabajadores en la lucha por el poder político.