¡Fuera tropas, buques y aviones de EEUU del Medio Oriente!

Washington busca dominar la región

Por Seth Galinsky
20 de abril de 2026
Puente bajo construcción que conecta Teherán y Karaj, Irán, fue dañado en ataque norteamericano, 31 de marzo. Washington amenazó con destruir infraestructura antes del cese el fuego.
Puente bajo construcción que conecta Teherán y Karaj, Irán, fue dañado en ataque norteamericano, 31 de marzo. Washington amenazó con destruir infraestructura antes del cese el fuego.

Teherán y Washington acordaron un alto el fuego de dos semanas el 8 de abril, apenas una hora antes del plazo fijado por el presidente Donald Trump. Él había amenazado con bombardear centrales eléctricas, puentes y fábricas de Irán si Teherán no accedía a reabrir el Estrecho de Ormuz.

Ambos se declararon vencedores. Peter Hegseth, secretario de guerra, dijo que el Estrecho de Ormuz ya está abierto. Las autoridades iraníes, por su parte, afirmaron que la apertura era “limitada, bajo control de Irán”. Apenas unas horas después, Teherán anunció que mantendría el estrecho cerrado, y los combates continuaron.

A petición de Trump, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, negoció el acuerdo. Sharif dijo que todas las partes habían “acordado un alto el fuego inmediato en todas partes, incluido Líbano”. Sin embargo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dijo que “no incluye a Líbano”, y Trump coincidió con él. Horas más tarde, Israel atacó 100 objetivos de Hezbolá allí, la mayor operación desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero. Hezbolá se niega a desarmarse y ha reconstituido sus fuerzas para atacar a Israel.

La prensa burguesa califica el conflicto como una “guerra conjunta entre Estados Unidos e Israel”. En realidad, Washington e Israel estaban librando dos guerras diferentes con objetivos distintos. Los gobernantes norteamericanos buscan afianzar su dominación sobre el saqueo de los recursos y trabajadores del Medio Oriente.

Israel defiende su existencia como refugio frente al odio antijudío y los pogromos en una guerra en múltiples frentes liderada por el régimen reaccionario de Irán y sus fuerzas aliadas, como Hezbolá y Hamás.

Este alto el fuego, como el “acuerdo” impuesto por Washington en Gaza, pospone las batallas decisivas. Según el Wall Street Journal, los funcionarios israelíes no estaban satisfechos con el alto el fuego. No fueron consultados sobre las conversaciones y se enteraron del acuerdo “en una etapa avanzada”.

Según la Agencia de Activistas de Derechos Humanos de Irán, más de 1,600 civiles han muerto en Irán desde el 28 de febrero. Los ataques norteamericanos y la violación de la soberanía de Irán no pretenden apoyar la lucha de los pueblos de Irán por sus derechos democráticos.

Trump dejó claro en repetidas ocasiones que la clase dominante capitalista de Estados Unidos no busca un “cambio de régimen” en Irán; su objetivo es un gobierno que colabore con Washington.

Trump comparó su decisión de buscar un acuerdo con el régimen iraní con la actuación del presidente George W. Bush durante la guerra que derrocó a Sadam Husein en Iraq en 2003. Bush, dijo Trump, cometió el error de destituir a los generales iraquíes, a la policía y a otros funcionarios que el nuevo régimen impuesto por Washington necesitaba. Muchos de los destituidos terminaron contribuyendo a la formación del Estado Islámico.

Trump: Mundo entero está mirando

La administración Trump —que está utilizando a Irán como campo de pruebas para nuevas armas y tácticas militares— espera enviar un mensaje no solo a los gobernantes de Irán, sino también a los rivales del imperialismo norteamericano en todo el mundo, a medida que se intensifica la competencia en medio de la crisis capitalista global.

“El mundo entero está mirando”, se jactó Trump en su discurso del 1 de abril sobre la guerra, “y no pueden creer el poder, la fuerza y la brillantez” del ejército estadounidense. Pero eso no es tan convincente como los gobernantes norteamericanos creen.

Desde el 28 de febrero, Teherán ha lanzado más de 400 misiles balísticos contra Israel y más de 3,500 misiles de corto alcance y drones contra Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar. Si bien Washington e Israel han asestado golpes devastadores a las capacidades militares de Teherán, este seguía disparando hasta 15 misiles balísticos diarios contra Israel justo antes del alto el fuego. Hezbolá en Líbano —creado, financiado y entrenado por Teherán— disparaba más de 100 misiles de menor envergadura contra Israel cada día.

Incluso cuando estaba intensificando sus amenazas de bombardear Irán hasta devolverlo a la “Edad de Piedra”, Trump elogió el borrador del plan de 10 puntos de Teherán para poner fin a la guerra, calificándolo como “una base viable sobre la cual negociar”.

Las propuestas de Teherán incluyen la supervisión por Irán del tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz y el cobro de tasas; su “derecho a enriquecer uranio”, quizás con ciertos límites; el levantamiento de todas las sanciones; la retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región; y un alto el fuego en Líbano.

Guerra defensiva de Israel

Desde que se consolidó el régimen contrarrevolucionario en Irán a principios de los años 80 —revertiendo los logros conseguidos por la clase trabajadora durante la revolución de 1979 que derrocó a la dictadura del Sha, que contaba con el respaldo de Washington— la aniquilación de Israel y judíos allí ha sido el objetivo primordial de Teherán.

Los ataques diarios con misiles y drones por Teherán y Hezbolá han matado a 18 civiles y herido a miles en Israel, tanto judíos como árabes.

La guerra defensiva de Israel tuvo como objetivos instalaciones militares, el aparato represivo del régimen —especialmente el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y los matones de Basij— y sitios industriales vinculados al programa nuclear y de misiles balísticos de Teherán. Israel advirtió con frecuencia a los civiles en Irán antes de atacar, con el fin de minimizar las bajas.

Teherán amenaza manifestantes

A pesar del llamamiento del régimen a la unidad nacional “independientemente de las convicciones políticas”— durante la guerra, Teherán continuó deteniendo a líderes sindicales, estudiantes y otras personas opuestas a su rumbo antiobrero. En las últimas semanas ha ejecutado al menos diez presos políticos.

Incluso algunas organizaciones afiliadas al régimen se quejan del trato que el gobierno dispensa a los trabajadores. Los bombardeos contra las instalaciones petroleras en Mahshahr “revelan una verdad de clase amarga y profunda: en tiempos de crisis y guerra, es la sangre del trabajador la que paga el precio de la continua supervivencia de la economía de una nación”, informó la Agencia de Noticias Laborales de Irán el 7 de abril.