El Militante extiende una cálida bienvenida a los lectores que se suscribieron durante nuestra exitosa campaña de ocho semanas para expandir el alcance del periódico, además de nuestras otras metas. A muchos de ustedes le llamó la atención la explicación del Militante de que el objetivo de las crecientes guerras de hoy es el enriquecimiento de la misma clase capitalista que está intensificando la explotación de los trabajadores dentro del país.
Respaldados tanto por el Partido Demócrata como por el Republicano, los patrones están tratando de enfrentar a los trabajadores nacidos en Estados Unidos contra los que han llegado aquí del extranjero. Reducen los salarios de todos los trabajadores, imponen acelerados ritmos de trabajo que hacen peligrar la vida, y nos obligan a cumplir horarios que nos agotan la fuerza y perjudican a nuestras familias. Sus despiadados conflictos con rivales en el extranjero por recursos, mercados y saqueo, están conduciendo a la humanidad hacia el fascismo y hacia una tercera guerra mundial.
Estas no son cosas que los gobernantes capitalistas eligen hacer. Su sistema de feroz competencia los impele a expandirse o perecer. Las crisis, la inflación galopante y las depresiones periódicas que caracterizan al capitalismo no lo harán derrumbarse por sí solo. Los capitalistas encontrarán cómo repartirse la Tierra una vez más, a costa nuestra.
El dominio capitalista debe ser derrocado mediante la acción consciente de la clase trabajadora, movilizada en sus decenas de millones de personas. Esto requiere un partido marxista con dirigentes forjados en la lucha de clases, capaces de liderar a los trabajadores para que tomen el poder político en sus propias manos.
Los trabajadores no necesitan empezar de cero. El Partido Socialista de los Trabajadores ha sido forjado y templado a lo largo del último siglo en batallas de la clase trabajadora y en respuesta a los grandes acontecimientos mundiales. Ha asimilado las lecciones de las dos grandes revoluciones de nuestra época: la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia y la Revolución Cubana de 1959, liderada por Fidel Castro. El PST ha aprendido lecciones con sangre sobre los peligros mortales de las fuerzas estalinistas y maoístas, y su tendencia a aliarse con fuerzas fascistas.
El partido actúa partiendo del hecho que los trabajadores son capaces de dirigir la sociedad para satisfacer las necesidades de la gran mayoría.
Hoy encontrarán a los miembros del PST en el fragor de batallas sindicales y políticas. Están en las líneas de piquetes de las huelgas promoviendo la solidaridad. Se suman a las manifestaciones contra los ataques mortales antijudíos. Organizan y participan en acciones de oposición a la agresión de Washington contra Cuba. Los gobernantes norteamericanos nunca han perdonado a los trabajadores cubanos por luchar para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo realizando una revolución socialista.
Dondequiera que vayan, los miembros del PST trazan un camino para fortalecer la unidad, la determinación y la capacidad de lucha de los trabajadores, así como nuestra confianza y dependencia mutua entre trabajadores. Abanderan las luchas contra el racismo y la opresión de la mujer, y participan en debates sobre los próximos pasos en la marcha hacia la toma del poder.
Los miembros del PST están colaborando con otros para promover el libro recientemente publicado Cuba y la guerra de independencia en Guinea-Bissau y Cabo Verde: La caída del último imperio colonial en África, del revolucionario cubano Víctor Dreke. Es su relato de primera mano sobre la ayuda decisiva de Cuba a esta lucha que contribuyó a cambiar el curso de la historia de Africa. El valor incalculable de este libro está en mostrar lo que hace posible una revolución socialista, y cómo un liderazgo revolucionario del más alto calibre surgirá de las filas de los trabajadores a medida que luchamos para cambiar el mundo.
Para sumarse a la rica experiencia de forjar tal liderazgo, únase al Partido Socialista de los Trabajadores.