NUEVA YORK — “Ante todo, Dave Prince fue un marxista, un revolucionario de la clase trabajadora”, dijo Jack Barnes, secretario nacional del Partido Socialista de los Trabajadores a los participantes en un acto realizado aquí el 22 de marzo en celebración de la vida y las contribuciones políticas de Prince a la construcción de un partido proletario en Estados Unidos. En la tribuna estaban Mary-Alice Waters y Paul Mailhot, dirigentes del PST y moderadores del evento, más otros seis oradores.
La celebración, a la que asistieron 160 personas, fue auspiciada por las ramas del partido en Nueva Jersey y Nueva York.

Prince, quien se integró al PST en Cleveland en 1965, falleció el 25 de enero a los 82 años de edad, tras una larga batalla contra el cáncer. Miembro del Comité Nacional del partido desde 1977, asumió muchas responsabilidades centrales de dirección en las actividades de construcción del PST y en su trabajo internacional. Ayudó a organizar y dirigir la financiación del partido a nivel nacional, y también la preparación editorial, impresión y distribución de libros sobre la política y programa obreros.
A lo largo de sus más de 60 años en el partido, fue cuadro y dirigente de ocho ramas del PST en seis estados, y también miembro del Sindicato Unido de Obreros Automotrices (UAW), del Sindicato Internacional de Trabajadores de la Electrónica (IUE) y del Sindicato de Mecanometalúrgicos. Fue corresponsal-obrero del Militante, este semanario.
“Al desempeñar cualquier tarea de liderazgo que asumía”, dijo Barnes, “nadie era más aplicado. Dave nunca recurrió a la excusa de una ‘división del trabajo’ cuando veía una oportunidad política que no estaba siendo atendida, o algún otro desafío que debía ser abordado. Yo recibía una nota escueta sobre lo que estaba en juego para el partido y algunas ideas de qué hacer al respecto”.
Casi todas las mañanas, dijo Barnes, encontraba un email de Prince en su buzón. Según Vivian Sahner, compañera de Dave durante décadas, no era inusual que hubiera enviado una o dos notas antes de preparar el café matutino.
Esos memorandos, dijo Barnes, frecuentemente se basaban en vastas lecturas de Prince tanto de los clásicos del marxismo —Carlos Marx, Federico Engels, V.I. Lenin, León Trotsky— como de Farrell Dobbs y otros dirigentes del PST. Los fragmentos citados nunca carecían de un propósito bien pensado. “Con Dave, era política pura”, dijo Barnes. “Pura política práctica”.
“Dave siempre se orientaba hacia el momento siguiente en la lucha de clases”. Y con mayor frecuencia en la actualidad, añadió Barnes, lo siguiente son movidas bélicas y amenazas militares de los gobernantes imperialistas norteamericanos, tanto demócratas como republicanos. Esto es producto de la profundización de la crisis capitalista a nivel mundial y de la intensificación de la competencia entre potencias imperialistas y otros regímenes de explotadores, desde Beijing y Moscú hasta Teherán. “Es producto de su competencia por explotar y controlar las fuentes de petróleo y otros recursos, de mercados lucrativos y de mano de obra barata”, dijo.
Barnes describió en el evento que cuando despertó el 28 de febrero con la noticia de que Washington había lanzado una guerra contra Irán, en el acto supo que el Comité Nacional del PST debía emitir de inmediato una declaración exigiendo: “¡Washington fuera del Medio Oriente!”. Pero por uno o dos minutos, estuvo a la espera de una nota de Dave en su email.
“‘No habrá ni una nota ni una llamada telefónica esta vez’, me recordó un compañero”.
“Para Dave, la pregunta nunca fue simplemente qué es lo que viene después”, dijo Barnes. “Era cuál debe ser nuestro próximo paso. Era un enemigo acérrimo de la procrastinación”.
“La obra del dirigente bolchevique V.I. Lenin, ¿Qué hacer?, no era solo uno de los libros favoritos de Dave. Tanto en título como en contenido, aquella obra de 1902 era la guía para trabajar juntos como miembros de un partido revolucionario centralista; un partido cuyos miembros, en palabras de Lenin, son revolucionarios profesionales, independientemente de cómo se ganan la vida. Era allí donde Lenin explicó el tipo de partido que los trabajadores con conciencia revolucionaria necesitaban y las responsabilidades de sus miembros”.
“Dave procuraba ser objetivo con cada miembro del partido, cada partidario, o cualquier otra persona con la que trabajara”, dijo Barnes. “No había en él ni una inclinación al rencor o al chisme”.
Un movimiento, no una doctrina
Prince era un lector voraz. “Tenía algunas obras favoritas a las que solía hacer referencia en sus notas”, dijo Barnes. Una de ellas, de los primeros años de colaboración entre Marx y Engels, era un artículo de Engels de octubre de 1847 titulado “Los comunistas y Carlos Heinzen”. Fue redactado mientras los dos jóvenes revolucionarios elaboraban el programa para una nueva organización obrera, la Liga Comunista, a la que habían sido reclutados por un grupo de veteranos trabajadores revolucionarios procedentes de Alemania, Francia y otros lugares de Europa. “Jamás olvidaré la profunda impresión que aquellos tres hombres de verdad me causaron cuando yo, en aquel entonces, apenas estaba tratando aún de convertirme en hombre”, escribió Engels unos cuarenta años más tarde.

Un radical burgués llamado Carlos Heinzen estaba calumniando públicamente a los comunistas, diciendo que pretendían imponer principios sectarios a la lucha más amplia por libertad política, en lugar de sumarse a ella. Barnes señaló que Prince estaba inquebrantablemente comprometido con la respuesta de Engels: “El comunismo no es una doctrina, sino un movimiento; no procede de principios, sino de hechos… [Es] la síntesis teórica de las condiciones para la liberación del proletariado”.
Dos meses después, en diciembre de 1847, esa línea de marcha fue adoptada formalmente como piedra angular del nuevo programa de la organización: lo que hoy se conoce como el Manifiesto Comunista.
Prince también volvía una y otra vez a la obra de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrita en 1916 en medio de la primera matanza mundial imperialista. Como Prince se apresuraba a recordarnos, esta sigue siendo una guía fundamental para los trabajadores con conciencia de clase al responder a los acontecimientos del mundo actual, ya sea la agresión de Washington contra Venezuela, su brutal bloqueo energético a Cuba o su guerra contra Irán por petróleo y saqueo de recursos y mano de obra en el Medio Oriente.
Ya sea durante la Primera Guerra Mundial o en la actualidad, con la clase dominante arrastrándonos hacia una Tercera Guerra Mundial, el imperialismo no es ni será jamás —en palabras de Lenin— una “política preferida por el capital financiero”. No es una política. No es algo que pueda ser “reformado” por alguna facción “progresista” de los capitalistas, tal como los “socialistas” colaboracionistas de clase de aquel entonces y de hoy tratan de hacerles creer a los trabajadores.
A pesar de lo que Lenin denominó “el ingenuo cuento” sobre un capitalismo más “pacífico”, sus guerras son el resultado de “las luchas rabiosas entre los estados imperialistas” por la partición y repartición del mundo. Un nuevo reparto: de ahí es de donde surgen las guerras, dijo Barnes. “Ese ciclo solo puede romperse mediante la construcción de partidos revolucionarios obreros, capaces de dirigir la conquista exitosa del poder obrero en un país tras otro. Es decir, mediante los avances de la revolución socialista mundial”.
Durante el pasado año, dijo Barnes, Prince tuvo una participación decisiva, junto con otros dirigentes del partido, en la preparación de una nueva edición de En defensa del marxismo —una recopilación de artículos y cartas escritas por León Trotsky entre 1939 y 1940, mientras dirigía una decisiva lucha política en el PST al principio de la Segunda Guerra Mundial imperialista. Trotsky aborda la cuestión de cómo construir una dirección marxista en Estados Unidos; un partido proletario revolucionario —proletario tanto en su programa como en su composición de clase, su actividad y sus normas organizativas.
Trotsky explicaba por qué el PST y los comunistas alrededor del mundo debían pronunciarse a favor de la defensa incondicional de la Unión Soviética frente a la agresión imperialista, y a la misma vez dirigir una intransigente batalla política contra el curso contrarrevolucionario del movimiento estalinista mundial.
“En muchos sentidos, En defensa del marxismo fue el documento fundacional del Partido Socialista de los Trabajadores”, dijo Barnes. Las ramas del PST en todo el país están en estos momentos organizando clases, estudiándolo de principio a fin. Prince fue un fuerte partidario, en su rama del norte de Nueva Jersey de poner en marcha esas clases, como ejemplo político para todo el partido.
Prince era también un materialista convencido, dijo Barnes. “Sabía que todos somos ‘polvo de estrellas’”, como lo expresaba un popular programa científico de televisión en los años 80. “Dave consideraba a Mary-Alice Waters —una de nuestras moderadoras hoy— como su colaboradora en la defensa de la ciencia frente a los ataques de fuerzas antiobreras, tanto de la derecha como de la “izquierda ‘woke’”, dijo Barnes. “Mary-Alice escribe mucho sobre esto para el movimiento comunista, a menudo como parte de explicar e impulsar la lucha por la emancipación de la mujer”.
Integridad y carácter
Muchos de los puntos destacados por Barnes en sus palabras de clausura del evento habían sido abordados por otros oradores, fruto de sus propias experiencias con Prince.
“Cualquiera que conoció y trabajó con Dave reconoció su integridad y su carácter”, dijo Waters. “Dondequiera que el partido enfrentara un desafío o una oportunidad especial”, añadió, “Dave era el primero en llamar y preguntar: ‘¿Necesitan ayuda?’”.
“Fue un revolucionario con una gran amplitud de intereses: en las artes, la ciencia, la literatura y diferentes habilidades industriales”, señaló. “Estos intereses enriquecieron su vida y consolidaron su confianza en la capacidad revolucionaria de la clase trabajadora para estar a la altura de su responsabilidad histórica: tomar el poder político y abrir el camino hacia un mundo socialista de solidaridad humana”.

Waters leyó un mensaje enviado por la hermana de Prince, Judith Beyer, y por su hermano, Daniel Prince. Desde sus primeros años, escribieron, su “amor por el arte y su creación estuvieron vinculados a su visión de la historia y del mundo. Ya durante la escuela secundaria era un lector voraz de los clásicos de la política revolucionaria”. David, dijeron, “fue muchas cosas en la vida, y diestro en todas ellas: artista, fabricante de herramientas y moldes, escritor, organizador y dirigente político”.
Norton Sandler, dirigente del PST, dijo que Prince miraba al mundo actual como parte de la historia, sabiendo que “la historia nunca es estática. El mundo siempre está cambiando”. Sandler dijo que había trabajado estrechamente con Prince “cuando Dave era director financiero nacional del partido y cuando dirigía la imprenta y el centro de distribución de libros del partido en el West Side de la ciudad de Nueva York. Prince organizaba este trabajo con el profesionalismo proletario que caracterizaba cada aspecto de la actividad emprendida por los dirigentes del PST”, señaló Sandler. “Se preocupaba por la vida, la salud y el bienestar de cada cuadro con el que trabajaba”.
Con el advenimiento de la impresión digital, explicó Sandler, Prince estuvo centralmente involucrado en dirigir la transformación de la producción y distribución de los libros escritos por dirigentes comunistas y otros revolucionarios. El objetivo era aprovechar al máximo los cuadros del partido y los recursos económicos, manteniendo al mismo tiempo el elevado estándar político y de impresión por el que la editorial Pathfinder ha sido reconocida durante mucho tiempo. Entre otras cosas, esto implicó trasladar el centro de distribución internacional a instalaciones en Atlanta, cuyas tareas diarias son organizadas y realizadas por un equipo compuesto enteramente de partidarios voluntarios.
Guerra, odio antijudío, revolución
Una exposición fotográfica que ilustraba las experiencias de Prince y sus contribuciones al partido y al movimiento obrero fue un centro de conversación durante la recepción y la deliciosa comida preparada por miembros y partidarios del partido en Nueva York y Nueva Jersey. Después del programa de oradores, se sirvió el postre.
Los varios paneles de la exposición abarcaban desde la participación de Prince en una delegación de la Alianza de la Juventud Socialista a Cuba en 1969 durante los primeros años de la revolución socialista en ese país, hasta su actividad en el partido durante el último año. Entre otros aspectos, destacaban el liderazgo político contribuido por Prince a la actividad del PST en la lucha contra el odio antijudío en todo el mundo y en defensa del derecho de Israel a existir como refugio para los judíos.
Esta labor ha adquirido una especial urgencia a raíz del pogromo perpetrado el 7 de octubre de 2023 en Israel por Hamás y otros escuadrones de la muerte, con el respaldo total del régimen capitalista de Teherán.

Unos meses después de esa acción reaccionaria, cuyo fin era desatar una guerra para destruir a Israel e iniciar un nuevo Holocausto, el PST ya estaba en las calles, llamando a las puertas en barrios obreros y en eventos políticos con el libro La lucha contra el odio antijudío y los pogromos en la época imperialista: Lo que está en juego para la clase trabajadora internacional, editado por Prince, y con un capítulo introductorio escrito por él. El libro recopila escritos de dirigentes comunistas como Lenin, Trotsky, James P. Cannon, Dobbs y Barnes. Hasta la fecha, ya se han vendido unos 5 mil ejemplares.
En uno de más de 30 mensajes escritos para el homenaje a Prince, Rachele Fruit, candidata presidencial del PST en 2024, subrayó lo importante que había sido para ella su guía política en esa y otras muchas cuestiones. “Lo supiera o no”, escribió Fruit, “Dave marchó a mi lado a lo largo de toda la campaña presidencial de 2024”.
En términos claros e inquebrantables, dijo Fruit, Prince explicó que en la época imperialista, “el odio antijudío es una cuestión mundial, no solo una cuestión del Medio Oriente”. Y que el odio antijudío “no es eterno, sino que es una cuestión de clase”, una cuestión de la clase trabajadora. Ocupa un lugar permanente en cómo las familias gobernantes de Estados Unidos y de otras potencias imperialistas mundiales, defienden las despiadadas relaciones sociales propias del capitalismo ante los desafíos que les plantea la clase trabajadora y otros productores explotados.
Fruit señaló la explicación de Prince sobre por qué el mensaje de Trotsky a los judíos en 1938 sigue siendo tan vigente hoy como cuando fue escrito. “Ahora más que nunca”, dijo Trotsky, “el destino del pueblo judío —no solo su destino político, sino también su destino físico— está indisolublemente ligado a la lucha emancipadora del proletariado internacional”.
Estos puntos fueron enfatizados en las intervenciones de Lea Sherman, que trabajó con Prince en los últimos años como miembro de la rama del PST en Union City, Nueva Jersey. Él no solo ayudó a dirigir los debates de la rama sobre cuestiones políticas de todo tipo para orientar las campañas y la actividad de la misma dentro del movimiento de masas, señaló. Además, en presentaciones realizadas en las conferencias internacionales anuales organizadas por el PST, incluida una clase impartida en 2021 con Sherman, Prince enfatizó “el lugar clave que ocupa la lucha contra el odio antijudío en la construcción de partidos revolucionarios capaces de conducir a la clase trabajadora y a nuestros aliados hacia la conquista del poder político”.
Liderando el trabajo internacional
Las presentaciones y los mensajes enviados a la celebración de la vida política de Prince destacaron su colaboración con compañeros en organizaciones comunistas en otros países.
Philippe Tessier, dirigente de la Liga Comunista en Canadá, recordó que Prince y Mary Martin, directora del trabajo sindical del PST, viajaron a Montreal “para trabajar con nosotros durante la huelga ferroviaria de noviembre de 2019, protagonizada por 3 mil conductores de la empresa Canadian National Railway en todo el país”. Su colaboración, afirmó, ayudó al partido a “movilizar a todos sus militantes para sumarse a esa lucha”.

“Siempre que Dave venía para asistir a una reunión”, comentó Tessier, “se aseguraba de pasar tiempo conmigo y con mis compañeros de trabajo, así como con otras personas interesadas en el movimiento comunista. Siempre con la mira puesta en el reclutamiento. Ese intercambio de experiencias nos ayudó —tanto a mí como a otros compañeros de mi generación— a actuar en continuidad con la política marxista de más de un siglo de antigüedad de la que somos parte”.
En un mensaje enviado en nombre de la Liga Comunista en Australia, Linda Harris describió la ayuda que Prince brindó a los esfuerzos realizados en esa región del Pacífico en 2022 para fusionarse con los comunistas de Nueva Zelanda y constituir un partido único con sede en Australia. Su objetivo era aprovechar las oportunidades políticas en la región del Indo-Pacífico, en medio de la agudización de rivalidades económicas y la profundización del conflicto entre Washington y Beijing. Junto con Steve Penner, de la Liga Comunista en Canadá, Prince formó parte de un par de delegaciones de dirigentes que colaboraron con los compañeros de la región para apuntalar sobre base sólida la nueva organización fusionada.
Jonathan Silberman habló en el evento en representación de la Liga Comunista en el Reino Unido. La dirección del Partido Socialista de los Trabajadores había contribuido a la fundación de la Liga en 1988, dijo Silberman. El enfoque de Prince, siempre que trabajaba con nosotros, “consistía en aplicar la continuidad viva del marxismo a la construcción del partido”, dijo Silberman. El ejemplo que sentó en cuanto a “la relación entre programa, organización partidaria, funcionamiento disciplinado y valores humanos fue decisivo”.
Lecciones de liderazgo obrero
Entre las tareas políticas en las que Prince participó durante los últimos meses de su vida se encontraban los preparativos para una campaña del PST de lanzamiento y promoción del libro más reciente de Pathfinder: Cuba y la guerra de independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde: La caída del último imperio colonial en África, de Víctor Dreke, dirigente revolucionario cubano. El libro describe la lucha para liberarse del dominio colonial portugués encabezada por Amílcar Cabral, cuyas cualidades de liderazgo —muy valoradas por el dirigente cubano Fidel Castro— ofrecen valiosas lecciones para las luchas de los trabajadores y los oprimidos en todo el mundo. El libro también relata la solidaridad de los combatientes voluntarios cubanos que se unieron a su lucha.
Sam Manuel, miembro de la rama del PST en Atlanta y candidato del partido al Senado de Estados Unidos por Georgia, habló en el evento en Nueva York sobre su reciente labor junto a Prince para poner en marcha este proyecto durante la conferencia anual de la Asociación de Estudios Africanos, celebrada el pasado mes de noviembre. Manuel organizó el equipo que atendió el puesto de la Editorial Pathfinder en dicho evento. Prince era responsable a nivel nacional de la participación en este tipo de conferencias. Prestando especial atención a la promoción del libro, miembros y partidarios lograron vender nueve ejemplares, ¡a pesar de que el libro ni siquiera había salido aún de la imprenta!
Desde 1989 hasta principios de los años 90, Manuel estuvo a cargo de dirigir el proyecto para un mural que representaba a dirigentes revolucionarios de todo el mundo; muchos de ellos autores de obras publicadas por la editorial Pathfinder. El gigantesco mural fue pintado en la fachada del edificio Pathfinder de seis pisos, situado a escasos metros de la West Side Highway de Manhattan y el río Hudson. Ochenta artistas procedentes de 20 países se ofrecieron como voluntarios para hacer realidad el mural. Entre los retratos estaban el de Amílcar Cabral, realizado por el artista neozelandés John Walsh, y del líder independentista congolés Patrice Lumumba, obra del propio Manuel.
“Dave mostró un gran interés en el mural”, dijo Manuel. Y también en llegar al mayor público posible con el nuevo libro de Dreke. Prince y Manuel habían conversado sobre la preparación de un artículo de fondo para el Militante acerca del Mural de Pathfinder y el retrato de Cabral; un artículo que ya está en marcha para un próximo número. Este artículo promocionará también el póster a todo color del mural, disponible en el sitio web de Pathfinder.
Otra oradora fue Holly Harkness, coordinadora del centro de distribución de Pathfinder en Atlanta. “En 1998 participé cuando el PST puso en marcha una organización auxiliar de partidarios para ayudar a producir y promover libros y otros materiales necesarios”, dijo, “y para contribuir a financiar la expansión del trabajo del partido”. Prince fue clave para ayudar a los partidarios a “establecer y mantener las normas y estándares para dicha labor”, dijo Harkness. “Él situó esos estándares en la perspectiva política que hizo que nuestro trabajo fuera tan importante”.
En un mensaje escrito, Susan LaMont, organizadora de la rama del PST en Atlanta, señaló un valioso resultado secundario de los frecuentes viajes de Prince para trabajar con el Centro de Distribución de Atlanta. “Con frecuencia se ofrecía para hablar en el Militant Labor Forum” cuando se encontraba en la ciudad. Y, al igual que con otras ramas, “Dave trabajó con nosotros para aclarar muchas cuestiones políticas y de construcción del partido”, afirmó LaMont.
“Nos considerábamos una rama bastante afortunada.”
‘La niña de sus ojos’
Al concluir sus comentarios, Barnes describió brevemente una visita suya a Dave y Vivian en el hospital donde estaba recibiendo cuidado médico.
Como era de esperar, dijo Barnes, antes que nada, Dave quiso hablar sobre un pasaje de El imperialismo de Lenin que, acertadamente, consideraba que arrojaba luz sobre el desplazamiento militar norteamericano en el Medio Oriente. Eso fue varias semanas antes de que Washington lanzara su guerra aérea totalizadora contra Irán.
“Hablamos de la importancia de la lucha de Israel para impedir que los gobernantes de Irán adquieran armas nucleares y amplíen su arsenal de misiles balísticos y drones. Y la exigencia incondicional del partido: ‘¡Fuera el imperialismo estadounidense del Medio Oriente!’”
Prince también seguía con gran interés las huelgas de unas 15 mil enfermeras en tres grandes corporaciones de hospitales de la ciudad de Nueva York.
Y, por supuesto, dijo Barnes, Prince quería saber cómo iban el trabajo y las campañas del partido y del movimiento mundial.
“Dave era un paciente peculiar en muchos sentidos”, dijo Barnes. Los médicos y las enfermeras nunca habían conocido a personas como Dave y Vivian. “Los dos habían organizado la habitación de Dave creando espacio para una pequeña pero creciente biblioteca. Y también para los pasteles y otros materiales de dibujo de Dave. Menos inusual fue la instalación del televisor en la habitación para ver fútbol americano universitario. Vivian es una ferviente seguidora de la Universidad de Alabama. ¡Roll Tide! ¡Viva Vivian!”
Prince estaba interesado en la exposición del artista cubano Wifredo Lam en el Museo de Arte Moderno en aquel momento. “Tenía que ver con un trabajo que él estaba realizando”, dijo Barnes, “así que le conseguimos un ejemplar del catálogo. Este se sumó a los escritos sobre arte y literatura de Marx y Engels, de Lenin y de Trotsky”.
Barnes concluyó recordando la introducción que Prince escribió en 2020 para una nueva edición de La cuestión judía: Una interpretación marxista, de Abram Leon, un relato sobre el surgimiento y la transformación del odio antijudío desde la antigüedad hasta el triunfo del nazismo en Alemania. El autor era un joven dirigente del Partido Comunista Revolucionario en Bélgica que fue capturado por la Gestapo en 1944 y asesinado en las cámaras de gas de Auschwitz.
Desde que el libro de Leon se publicó por primera vez en francés en 1946, y posteriormente en inglés en 1950 por el predecesor de Pathfinder, ha incluido una “reseña biográfica” del autor escrita por Ernest Mandel. Mandel era el único dirigente sobreviviente del PCR que había conocido a Leon y trabajado estrechamente con él durante los años 40. Por esa razón, señaló Barnes, “Pathfinder decidió mantener ese texto como apéndice de la nueva edición”.
Barnes dijo que planteaba esto porque le había llamado la atención el contraste entre los valores y rasgos de carácter que Ernest Mandel presentaba como modelo para los revolucionarios, y aquellos reconocidos y admirados por cualquiera que hubiera conocido y trabajado con Dave Prince.
En los párrafos finales de la reseña biográfica, Mandel escribió que muchos lectores podrían preguntarse por qué Leon y otros como él —“entre los intelectuales europeos más capaces”, en palabras de Mandel— “eligieron un movimiento que no les podía prometer ni éxito, ni gloria, ni honores, ni siquiera un mínimo de confort material, sino que por el contrario les exigía todos los sacrificios, incluso su vida, en una labor larga e ingrata, frecuentemente aislados del proletariado al que querían dar todo”.
“Eso es justo lo contrario de cómo Dave se veía a sí mismo”, dijo Barnes.
Para Dave, el partido les brindó a él y a sus compañeros la más magnífica oportunidad imaginable de ser revolucionarios que luchan por los intereses de la clase trabajadora internacional. El Partido Socialista de los Trabajadores era la niña de sus ojos, el instrumento vivo que lo conectaba con esa continuidad revolucionaria, con esa trayectoria marxista del pasado, el presente y el futuro.
“Lejos de ser una ‘labor ingrata’”, dijo Barnes, “Dave la consideraba esencial para construir el partido proletario que decenas y cientos de millones de trabajadores necesitan para librar la lucha revolucionaria por el poder político y un mundo socialista”.
El programa concluyó con un llamado que Dave Prince habría considerado esencial para cualquier evento de este tipo: Contribuya lo más generosamente posible al trabajo continuo del PST. Más de 23 mil dólares fueron recaudados.
