Durante la última semana, los gobernantes estadounidenses han lanzado una peligrosa escalada de amenazas contra Cuba. John Ratcliffe, director de la CIA, viajó a la isla “para entregar un mensaje” al gobierno cubano; según se informa, aviones espías estadounidenses han incrementado sus vuelos cerca de Cuba; y el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha anunciado que está considerando imputar al dirigente cubano Raúl Castro. Todo esto ocurre mientras la Casa Blanca amplía las sanciones y continua estrangulando al pueblo cubano con un bloqueo petrolero.
A solicitud de Washington, Ratcliffe se reunió el 14 de mayo en La Habana con el ministro del interior de Cuba y otros funcionarios y les comunicó que la administración de Donald Trump solo “participaría seriamente” en conversaciones si La Habana “hace cambios fundamentales”, según oficiales de la CIA citados “anónimamente” en la prensa estadounidense. Pero los gobernantes estadounidenses no están buscando “cambios”, sino derrocar la revolución socialista de Cuba.
Acto seguido, el 17 de mayo Washington intensificó aún más sus amenazas militares filtrando una historia “exclusiva” a Axios afirmando que Cuba ha adquirido unos 300 drones militares de Irán y Rusia, y se está preparando a usarlos para atacar “la base estadounidense en la Bahía de Guantánamo, buques militares estadounidenses y, posiblemente, Cayo Hueso, Florida”.
“Sin excusa legítima alguna, el gobierno de Estados Unidos construye, día tras día, un expediente fraudulento para justificar la guerra económica despiadada contra el pueblo cubano y la eventual agresión militar”, respondió Bruno Rodríguez, ministro de relaciones exteriores de Cuba.
El gobierno cubano emitió un comunicado tras la reunión con Ratcliffe, afirmando que Cuba “no constituye una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, ni existen razones legítimas para incluirla en la lista de países que, supuestamente, patrocinan el terrorismo”.
Cuba “no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio”, afirmó el comunicado. “Nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra Estados Unidos ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación”.
“Nadie en Cuba ha amenazado con ubicar un portaviones, una fragata o buque de combate frente a las costas estadounidenses”, dijo Carlos Fernández de Cossío, vice ministro de relaciones exteriores, el 13 de mayo. “No existe acto o medida alguna del gobierno cubano dirigida a dañar el nivel de vida, el bienestar y los ingresos del pueblo estadounidense . . . lo que contrasta con la guerra económica despiadada que, como castigo colectivo, desata el gobierno estadounidense contra la nación cubana y todo su pueblo”.
Al mismo tiempo, el Departamento de Justicia resucitó una vieja calumnia, acusando al gobierno cubano de derribar en aguas internacionales en 1996 dos avionetas piloteadas por Hermanos al Rescate, el grupo contrarrevolucionario radicado en Miami. De hecho, tras numerosas previas advertencias, las avionetas fueron derribadas por aviones cubanos después de reiteradas violaciones del espacio aéreo de la isla. Washington acusa a Raúl Castro —ministro de defensa en aquel entonces— de haber dado la orden.
Reservas de petróleo agotadas
El mismo día de la visita de Ratcliffe, Vicente de la O Levy, ministro de energía de Cuba, informó que no quedaban reservas de fueloil ni de diésel para operar el sistema eléctrico del país.
Excepto un petrolero ruso que entregó combustible a Cuba en marzo, la amenaza de Washington de imponer punitivos aranceles a todo país que suministre petróleo a Cuba ha conseguido impedir otras entregas. A pesar del pedido de Cuba de estar dispuesta a “comprar petróleo a cualquier país que lo venda”, ningún gobierno ha dado un paso al frente en desafío a esta violación de Washington de la soberanía de Cuba.
El objetivo de los gobernantes norteamericanos es crear condiciones desesperantes para el pueblo cubano, con la esperanza de provocar un estallido social contra el gobierno; lo que les ha resultado un rotundo fracaso. Si bien se han producido pequeñas protestas nocturnas contra los prolongados apagones eléctricos, la mayoría de los cubanos considera el bloqueo petrolero estadounidense como principal causa de la crisis.
El 13 de mayo, Marco Rubio, secretario de estado, acusó al gobierno cubano de rechazar una oferta de Washington de 100 millones de dólares en “asistencia humanitaria directa” al pueblo cubano, a ser distribuida en coordinación con la iglesia católica.
“De todas maneras, aun tomando en cuenta la incongruencia de la aparente generosidad de parte de quien somete al pueblo cubano a un castigo colectivo por medio de la guerra económica”, respondió al día siguiente la embajada de Cuba en Washington, “el gobierno cubano no tiene como práctica rechazar ayuda extranjera que se ofrece de buena fe y con fines genuinos de cooperación”.
La mejor ayuda “que en este y en cualquier momento podría dar el gobierno de los EE.UU. al noble pueblo cubano es desescalar las medidas del bloqueo energético, económico, comercial y financiero”.
