El 26 de abril se conmemora el 40 aniversario del peor desastre nuclear del mundo: la explosión y el incendio que en 1986 destruyeron el reactor nuclear número 4 en Chernóbil, Ucrania. Pero la guerra con que Moscú intenta apoderarse de Ucrania desde hace más de 4 años, amenaza con provocar una nueva catástrofe en la zona.
En 2019, un consorcio capitalista internacional erigió una cúpula protectora para confinar las ruinas radioactivas de Chernóbil durante un siglo. Pero un ataque de drones rusos en febrero del año pasado abrió un gran agujero en la cúpula.
Esta gigantesca estructura de acero fue construida para contener el deteriorado “sarcófago” de hormigón erigido de forma apresurada en 1986 alrededor de las ruinas de la fusión nuclear. El ataque con misiles lanzado por Moscú el año pasado provocó un incendio que se propagó en ese interior radioactivo. Tomó más de dos semanas para que los bomberos ucranianos extinguieran las llamas. Para lograrlo, tuvieron que perforar 300 bocas adicionales.
Equipos ucranianos han cubierto el boquete principal con una lámina metálica protectora, que es solo poco más que una lona sobrevalorada.
Persiste el peligro radiactivo
“Si la cubierta [de hormigón] cede, una nube radioactiva podría elevarse”, dijo Serhii Tarakanov, director general de la central de Chernóbil, en la edición del 26 de marzo del Financial Times. “Como comprobamos en 1986, la radiación no reconoce fronteras. El viento desplegará nuevamente estos elementos [radioactivos] transuránicos por toda Europa”.
“Esto no es un ‘problema ucraniano’”, añadió, “es una amenaza continental que está siendo ignorada”.
La catastrófica fusión nuclear y el incendio radioactivo ocurridos en el reactor de Chernóbil en 1986 fueron exacerbados por la criminal negligencia de los gobernantes estalinistas en Moscú, que construyeron el reactor nuclear sin una vasija de contención, que pudo haber atrapado la mayor parte de la radiación. Las autoridades soviéticas intentaron encubrir el desastre hasta que se detectaron nubes radioactivas extendiéndose ya sobre parte de Europa.
La catástrofe de Chernóbil reveló el desdén de la burocracia estalinista hacia el pueblo trabajador. El gobierno soviético actuó cruelmente indiferente cuando miles de trabajadores de la planta y bomberos, con escasa o nula protección, luchaban abnegadamente para contener el incendio.
Todo el cuerpo de bomberos de Chernóbil murió tras combatir el fuego por exposición a la radioactividad. Otras decenas de miles de trabajadores ucranianos —en su mayoría voluntarios, conocidos como “liquidadores”— acudieron para intentar sepultar los restos radioactivos. Miles han muerto y muchos más han sufrido de contaminación radioactiva
La catástrofe aceleró el desmoronamiento de la Unión Soviética, que se desintegró en 1991 cuando Ucrania y otras repúblicas soviéticas declararon su independencia.
Respuesta internacionalista de Cuba
En profundo contraste con la actuación de la burocracia estalinista, el gobierno revolucionario de Cuba respondió al desastre enviando médicos para establecer clínicas en las zonas afectadas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Posteriormente, Cuba estableció un centro especializado en Tarará — cerca de La Habana — para brindar atención médica intensiva y otros cuidados a las víctimas de Chernóbil más graves y más jóvenes, principalmente de Ucrania. Más de 25 mil personas recibieron tratamiento totalmente gratuito en Cuba.
Este fue un poderoso ejemplo de internacionalismo proletario de la revolución socialista cubana. El programa concluyó en 2011, cuando el gobierno ucraniano, aliado de Moscú en aquel entonces, dejó de enviar pacientes a Cuba.
En 2014, un equipo de reporteros del Militante, encabezado por John Studer, su actual director, visitó la zona de exclusión de Chernóbil por invitación del sindicato de trabajadores del lugar. Los reporteros del Militante describieron los heroicos esfuerzos de los trabajadores ucranianos para evitar un desastre aun mayor, así como las devastadoras consecuencias sociales, médicas y ambientales a largo plazo. Y el apoyo a la independencia de Ucrania expresado por los cientos de trabajadores de Chernóbil con quienes se reunieron; incluso entre los que manejan las instalaciones en la actualidad.
Como parte de su invasión en febrero de 2022, las fuerzas de Moscú ocuparon brevemente el central nuclear, manteniendo a su personal como rehenes. Las tropas rusas cavaron trincheras y acamparon en el altamente contaminado “Bosque Rojo” que rodea las instalaciones, con consecuencias fatales para muchos de ellos.
Ese año, fuerzas invasoras rusas tomaron también control del central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa, situada en el sureste de Ucrania. El equipo de reporteros del Militante también había visitado ese lugar en 2014, reuniéndose con dirigentes sindicales.
Hoy, los ocupantes rusos utilizan como base militar ese central inactivo manteniendo un mínimo personal de trabajadores ucranianos —sujetos a abusos físicos y cosas peores— para evitar que los reactores se sobrecalienten y exploten.
